MADRID / Los milagros de San Miguel

MADRID / Los milagros de San Miguel

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 30-X-2020. Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid. Carlos Mena, contratenor. Concerto 1700. Director: Daniel Pinteño. Obras de Nebra, Corelli y Bononcini.

Cuando Giacomo Bonavia termino de construir, en 1745, la Basílica de San Miguel, en pleno centro de Madrid, José de Nebra estaba totalmente volcado en la composición de óperas y zarzuelas. Había escrito en los meses anteriores Viento es la dicha mayor; No todo indicio es verdad y Alexandro en Asia; Donde hay violencia, no hay culpa; Vendado es amor, no es ciego; Cautelas contra cautelas y el rapto de Ganímedes; y La corona de Diana, algunas de ellas estrenadas en el Coliseo del Príncipe, que, como la Basílica de San Miguel, se inauguró en ese año de 1745. Pero seguía luchando por una sinecura: tras la muerte de Luis I y el regreso al trono de su padre, Felipe V, había perdido el cargo oficial de segundo organista de la Capilla Real, pasando a ser supernumerario. Tendría que esperar a 1751 para que llegara su nombramiento de vicemaestro de la Capilla Real. ¡Qué paradojas: uno de los mejores músicos de la historia de España siempre estuvo relegado a cargos de segunda línea! No, definitivamente los Borbones nunca tuvieron demasiado buen ojo a la hora de elegir.

Con el nombramiento de vicemaestro de capilla, Nebra comenzaría a componer obras sacras al por mayor, aunque ya antes, en 1747, se le habían hecho algunos encargos para cubrir las necesidades de la Capilla Real, la cual disponía de un coro de ocho partes y de una amplia variedad de instrumentos. Tres de esas obras sacras (Bello Pastor, cantada al Santísimo para contralto con violines y oboe; Dulzura espiritual, cantada al Santísimo para contralto, y Venid, almas creyentes, cantada al Santísimo con violines para contralto) fueron las interpretadas ayer por el contratenor Carlos Mena y Concerto 1700, la formación fundada y dirigida por el violinista Daniel Pinteño. Quién sabe si alguna de ellas llegó a sonar en su momento en esta iglesia: el viejo alcázar de los Austrias había ardido en la Nochebuena de 1734 y el gran Filippo Juvara, paisano y amigo de Bonavia, estaba inmerso en la construcción del nuevo palacio real. Probablemente, las obras sacras de la Capilla Real se interpretarían en algunos de los templos próximos al lugar donde se estaba levantando la residencia de los reyes de España.

La Basílica de San Miguel tiene algo de milagroso. Por lo menos, en cuestiones musicales. Desde que Pepe Mompeán, asesor de música de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, tuvo el buen ojo de escogerla como una de las sedes del Festival de Arte Sacro (FIAS), cada concierto que se ha celebrado en ella a alcanzado la excelencia. O, al menos, se ha acercado a ella. En esta programación de FIAS de otoño, montada para paliar las cancelaciones que tuvieron lugar en primavera por culpa de la plaga china, San Miguel ha acogido prácticamente todos los conciertos de música antigua. El de Mena y Concerto 1700 estuvo en esos niveles de excelencia a los que ya nos han malacostumbrado el santo y Mompeán. Junto a las tres cantadas de Nebra, todas ellas bellísimas, Pinteño incluyó dos sonatas de Arcangelo Corelli (cuyas partituras se conservan en la Catedral de Jaca) y otra de Giovanni Bononcini, compositor que en la primera mitad del XVIII gozó de notable fama en Madrid por la veneración que sentía por él José de Torres, que, además de ser un lúcido compositor, era propietario de la imprenta de música, por lo que no dudó en difundir ampliamente la obra del italiano.

Carlos Mena siempre ha cantado bien, pero es probable que ahora esté en el cénit de su carrera vocal. Lo reúne todo: potencia, proyección, prosodia, técnica y, por supuesto, un increíble buen gusto. La música de Nebra no es fácil para un cantante, pero el contratenor vitoriano resolvió con soltura esa cascada desbordante de notas a la que tan dado era el compositor bilbilitano. Nebra es siempre mucho Nebra, y su única desgracia es que nació en España, donde las luminarias son sistemáticamente ninguneadas, y donde los mediocres son encomiados como mitos. Si Nebra hubiera nacido en Italia, hoy sería, sin duda, uno de los músicos barrocos más conocidos en todo el mundo.

Concerto 1700 (ayer, junto a Pinteño, la violinista Marta Mayoral, la violonchelista Ester Domingo, el contrabajista Ismael Campanero, el tiorbista Pablo Zapico, el oboísta Jacobo Díaz y el clavecinista Ignacio Prego) ha conseguido situarse en ese selecto ramillete de formaciones camerísticas españolas que descuellan hagan lo que hagan. Pero esta música, el Barroco nacional, lo hace mejor que nada, acaso por la debilidad que por ella siente Pinteño, auténtico reivindicador de nuestro patrimonio musical del XVIII. Otra velada gozosa, a la espera de los nuevos milagros que nos depare San Miguel.