MADRID / Lina Tur Bonet y Alba Ventura: España, Espagne

MADRID / Lina Tur Bonet y Alba Ventura: España, Espagne

Madrid. Auditorio Nacional (Sala de Cámara). 26-XI-2021. Ciclo Liceo de Cámara XXI. Lina Tur Bonet, violín. Alba Ventura, piano. Obras de Turina, Granados, Kreisler, Toldrá, Falla y Ravel.

Este programa reunió una nutrida y heterogénea lista de compositores entre españoles y no españoles pero que habían aludido de aquella manera a España en algunas de sus obras. De tal modo, se produjo una suerte de intercambio. Kreisler y Ravel propusieron música zíngara, pensando acaso en la España de los románticos europeos que la imaginaban gitana. Entre tanto, la sonata de Granados y el soneto de Toldrá son obras hispanas que admiten modelos franceses. De tal guisa se encuentran España y Espagne.

Sostener este menú fue tarea de una gran violinista como Tur Bonet. Su sonido de una suntuosa generosidad que va desde un áureo extremo agudo a un grave acariciante, magmático y telúrico, se une a una destreza técnica sólida en cuanto a velocidades, dobles cuerdas, flageolés, pellizcos y guitarreados. El fraseo es de una señorial seguridad, una infalible resolución y una variedad tupida. El resultado fue encontrar un cierto aire de familia entre el exquisito casticismo sevillano de Turina en su memorable Sonata del op. 51, con su canto hecho caricia y abrazo en la vibración del aire nocturno, y la endiablada trama agitanada de la Tzigane de Ravel, al Kreisler del Zigeuner Capriccio y el señero ejemplo de Falla en sus Siete canciones populares españolas en oportuna transcripción de Kochanskil. Por si faltase algo, como generosa propina, estas damas propusieron los blues del segundo movimiento de la sonata raveliana. Hubo marcación rítmica, sandunga jazzística y virtuosismo a raudales.

El recital resultó un dechado y con el violín colaboró esencialmente el piano, sin el cual se habría malogrado la entrega. Ventura lució como su compañera por la brillantez de su timbre, la fluidez de su fraseo y el equilibrio, no siempre fácil de conseguir, entre la gran caja del teclado y la diminuta del arco. Se comprobó, una vez más, la hora dorada de la ejecución musical española que felizmente compartimos los aficionados y los profesionales desde la platea.

(Foto: Elvira Megías)