MADRID / Leonskaja y Staatskapelle Berlin: Romanticismo bien entendido

Madrid. Auditorio Nacional. 16-I-2025. Elisabeth Leonskaja, Cuarteto de cuerda de la Staatskapelle de Berlín. Obras de Schumann y Mendelssohn.
Ameno, bien ejecutado, bien contrastado y apasionado concierto el escuchado en esta nueva cita del Liceo de Cámara del CNDM, en el que la siempre refinada, colorista, experta y ya muy veterana Elisabeth Leonskaja ha vuelto a poner una pica en Flandes y a mostrar su destilado sonido, su generoso fraseo, su impecable toque romántico. Una nueva oportunidad de recrearse con ella en la exposición de dos de las tres magníficas composiciones, una de Mendelssohn y dos de Schumann.
En la del primero, el lamentoso Cuarteto nº 6 en Fa menor op. 80 (la hermana del compositor había muerto poco antes de escribirlo) los cuatro integrantes de la formación berlinesa nos mostraron sus credenciales: magnífica conjunción, equilibrio general, buen manejo de los claroscuros desde el mismo inicio, un engañoso Allegro vivace assai, en el que ya se advierte el dolor de la pérdida. Las modulaciones, los acentos, los contrastes, la riqueza temática, que se extiende a los otros tres movimientos, sobre todo al Allegro molto de cierre, asimismo en Fa menor, fueron fielmente traducidos por los cuatro ejecutantes.
La sonoridad global de estos músicos, siempre muy bien acoplados, no es bella, acariciadora, acolchada. A veces nos resulta algo áspera y el primer violín (Wolfram Brandt) posee un espectro en extremo delgado. Lo compensan los demás, sobre todo el chelo (Claudius Popp), de oscura tímbrica y ancho aliento. La viola (Yulia Deneyka), de hermosa encarnadura no tiene excesivo volumen. El segundo violín (Krzysztof Specjal) se acopla perfectamente. Algo importante en busca de la conjunción ideal.

Una conjunción que ya se había producido en la obra que abría la sesión, el Cuarteto con piano nº 2 en Mi bemol mayor de Schumann, iniciado, como se pide, en un suavísimo aleteo. Tintes penumbrosos y homogénea planificación, acentos justos. Buen manejo de las dinámicas. Parentescos con los pentagramas mendelssohnianos. En el Andante cantabile habríamos deseado una mayor presencia de la dulce viola de Deneyka. Buen despliegue y claridad de líneas en los fugati del Finale, en el que apreciamos de nuevo su conexión con el Finale de la Sinfonía Júpiter de Mozart. Un Schumann bien entendido que reapareció en la partitura que cerraba la sesión, el inconmensurable Quinteto con piano en Mi bemol mayor op. 44 del propio Schumann.
Leonskaja mostró aquí en todo momento la clase que atesora respirando, acoplándose, tocando con una soberana elocuencia y ajustándose al tempo y evoluciones de sus compañeros. El segundo movimiento, In modo d’una marcia, fue cantado con extraordinaria discreción sin que pese a ello faltara el debido relieve. Agilidad y transparencia apreciamos en el Scherzo. Molto vivace, con un Trío muy danzable. Colorido muy rico salió de las manos de la pianista en el desbordante final, Allegro ma non troppo, en donde el encaje no se perdió en ningún momento y todas las modificaciones del tema principal y sus repeticiones en fuga resultaron modélicas.
Muchos y lógicos aplausos de un público que abarrotaba la sala y que fue obsequiado con un bis de altura: el Andante del Quinteto con piano de Brahms, tocado casi con unción, fraseado con reverencia. Un muy digo final de un concierto en el que casi todo funcionó. Maravillosa música en interpretaciones ad hoc.
Arturo Reverter
(fotos: Elvira Megías)


