MADRID / La música contemporánea española homenajea a Gustavo Torner en su centenario

Madrid. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 24-VI-2025. Regalo para un centenario. Homenaje a Gustavo Torner. Obras de Sánchez-Verdú, Encinar, José Luis Turina y Marco.
Próximo a cumplir sus primeros cien años, el pintor y escultor conquense Gustavo Torner ha recibido un justo y merecido homenaje en la sede de la Real Academia de Bellas Artes de Madrid, en donde precisamente por estos días se ha abierto una exposición con varias de sus obras. Para la ocasión tres de nuestros mejores compositores han afilado sus plumas y enhebrado tres nuevas partituras-homenaje.
José María Sánchez Verdú presentó dos, una ya conocida, Geometrías del fuego I, para flauta Prónomo, una suerte de flauta polifónica creada por el magnífico y dominador Julián Elvira. Sobre esbeltos y estilizados trazos el instrumento dibuja una especie de aérea geometría, ampliada y trabajada en Geometrías del fuego II, en donde el solista aparece acompañado de un trío de cuerda (Trío Andrés Segovia: Víctor Ambroa, violín, Rocío Gómez, viola, y Carlos Sánchez, chelo), que interfiere sobre la línea principal del instrumento de viento que dibuja el mismo paisaje contemplado en Geometrías I.
El violín esboza una especie de lamento, que siguen las otras dos cuerdas en un continuo vaivén. Tejido delicado e inconsútil sobre el que planean las agilidades de la flauta en un discurso de rango atonal. Como en toda composición del compositor algecireño, hay un substrato significativo y problemático: metáforas, contradicciones entre la creación de Torner y la música. Previamente escuchamos el trío de cuerda Los complementarios de José Luis Turina, una obra de rasgos melancólicos animada por ágiles pizzicati que se extingue poco a poco. Es un juego sutil entre la realidad y la imaginación, de una rara esbeltez conformada por dos secciones diferentes.
José Ramón Encinar propone en su Tres ocurrencias sobre “Rojo partido aplasta a plomo” de Torner, para clave y trío de cuerda, una construcción con ramalazos minimalistas con numerosas frases evocativas y referencias a las famosas Turbas de las procesiones conquenses; todo ello sobre un fondo que recoge estilizados fragmentos de Bach, Webern y, curiosamente, Stravinsky: se reconoce la frase inicial del fagot de la Consagración de la primavera. Todo ello en el curso de un continuo sonoro incesantemente cambiante.
El concierto lo cerraba una obra muy antigua (1977) de Tomás Marco, titulada justamente Torner, para la misma formación de clave y trío de cuerda, homenaje en su día al amigo y al artista, la más extensa de la reunión (13’), que establece una atractiva polifonía de los cuatro instrumentos con trinos y ágiles dibujos. Las cuerdas sientan sus reales sobre trinos del teclado. Hay continuos cambios dinámicos, crescendi, decrescendi sobre un juego pasajeramente repetitivo en torno a cuatro notas. El chelo dibuja una frase grave y al final el clave pone el broche de oro con tres grupos de tres notas. Aquí Marco establece lo que considera ciertas similitudes estéticas con el pintor-escultor. La composición a la postre vendría a ser una serie de momentos musicales sobre un magma; conexión con una superficie rugosa.
La interpretación de esa variedad de evocativos pentagramas fue en todo momento estupenda, tanto en lo que respecta al Trío de cuerda y al flautista cuanto en lo que se refiere a la dotada clavecinista Silvia Márquez: agilidad, afinación, concentración y tensión. La presentación general y el comentario a cada obra estuvo a cargo del siempre sereno, pausado y preciso académico José Luis García del Busto.
Arturo Reverter


