MADRID / ‘La edad de Plata’: espectáculo de teatro dentro del teatro

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 25-I-2026. Mónica Conesa, Enrique Ferrer, César San Martin, Mónica Redondo / Gerardo Bullón, Pablo García López, Lidia Vinyes-Curtis. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director de escena: Paco López. Dirección musical: Álvaro Albiach. Granados: Goyescas. Manuel de Falla: El retablo de Maese Pedro.
Acoge el Teatro de la Zarzuela, dentro de su temporada lírica, una nueva producción procedente de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga de 2023. Gira en torno a una generación perdida de grandes intelectuales, desmembrada a causa de las guerras y sus fatales consecuencias. Estamos hablando de ‘La edad de Plata’, nombre con que se conoce al periodo de florecimiento artístico y cultural español del primer tercio del siglo XX, hasta la Guerra Civil, momento en que el impulso artístico y la renovación cultural de esos años dorados desaparecen y se entra en una etapa de corrientes más tradicionales y retrógradas.
El montaje, concebido por el cordobés Paco López que asume dirección de escena, dramaturgia, escenografía e iluminación, integra dos obras maestras de pequeño formato: Goyescas de Enrique Granados y El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, de cuyo nacimiento se celebra este año el 150º aniversario; dos atractivas obras por la convivencia de dos estilos compositivos marcadamente distintos.
El espectáculo especula sobre realidades alternativas, en las que los hechos de la vida real ocurrieron de manera diferente o simplemente no ocurrieron en absoluto. Propone una soirée española ficticia en casa de Ignacio Zuloaga, en el París de los felices años 20, donde la variopinta bohemia de jóvenes artistas y la burguesía culta que los impulsa se reúnen para ser partícipes de la representación de Goyescas y, en el caso de El retablo de Maese Pedro, la recreación de aquella velada. El montaje hace posible añadir a la producción dos breves obras orquestales de Granados: Marcha de los vencidos (1899) y Danza de los ojos verdes (1916), arreglo para piano de Borja Mariño, y el exquisito poema musical de Manuel de Falla, Psyché (1925), obra para voz, arpa, flauta, violín, viola y violonchelo. En definitiva, la dramaturgia pergeñada por Paco López engloba las obras de Granados y Falla en un contexto histórico que anhela volver a los años dorados. Y nos preguntamos si esta dramaturgia tan poliédrica y recargada tiene efectividad, a pesar de su elegancia y estética, acusa sensación de no funcionar del todo. En cualquier caso, el montaje goza de la buena dirección escénica de Paco López y un bonito vestuario a cargo de Jesús Ruiz.

En Goyescas parece haberse concentrado toda la personalidad de Enrique Granados, su amor por la psicología de Goya y de su paleta; su grado de identificación con el pintor y su mundo es notable. Esta postura proporciona una pista vital sobre los motivos que hacen tan atractiva la composición de su suite para piano, unida toda ella por una unidad temática y poética. La fijación de Granados en la riqueza visual y en los detalles de las pinturas de Goya (Cartones para tapices y Caprichos) da como resultado una música de gran sensualidad que se expresa a través de líneas melódicas cargadas de adornos y armonías, que rememoran el estilo rococó que prevaleció durante tanto tiempo en España y que recuerdan, particularmente, a Doménico Scarlatti. Fundamentalmente, el estilo musical de Granados, altamente sofisticado y profundamente ligado a la herencia musical española, emplea un complejo lenguaje armónico característico del romanticismo tardío, con todos sus referentes y símbolos operando a diferentes niveles al mismo tiempo.
Granados utilizó casi toda la suite para piano en su ópera, porque sus piezas ya insinuaban un marco casi programático y aparentemente lo único que faltaba era crear el argumento dramático adecuado. La única excepción fue Epílogo: Serenata del espectro, porque pensó que no era coherente con la trama argumental. También compuso nueva música, incluyendo dos “intermedios” entre los tres cuadros, y tomó prestadas tramas de El pelele, las Tonadillas y de su ópera inacabada Los Ovillejos. La música para piano no siempre es adecuada para la voz. En palabras de Charles Wilson: “El último grito de Rosario es sólo uno de los ejemplos que ilustran los amplios y poco favorables intervalos que se espera que los cantantes interpreten, cuando las melodías originales para piano son transcritas literalmente”. Tal vez porque estaba trabajando a toda prisa, Granados sorprendentemente realizó muy pocos cambios en su música para piano al transcribirla al género operístico. Normalmente transcribía la música del piano para la voz, doblando a la voz con la orquesta, una técnica llamada violinata, muy utilizada por Puccini. De hecho, la parte de piano de la partitura vocal presenta una semejanza asombrosa con la parte de piano original de la suite. La principal diferencia entre la versión pianística y la ópera estriba en numerosas discrepancias en las alteraciones, fruto de las prisas y que por desgracia Granados no pudo revisar por la prontitud de su muerte. La ópera Goyescas estaba programada para ser estrenada en Barcelona durante la temporada de 1914-15, pero varios impedimentos lo hicieron imposible y se pensó hacerlo en París. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial también acabó con esta posibilidad. El azar la llevó a ser estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 28 de enero de 1916.

Una obra para orquesta reducida y con pocos personajes es el encargo que en 1918 la Princesa de Polignac solicita a Manuel de Falla para que sea representada en el concurrido salón de su palacio parisiense. Tras darle muchas vueltas, el compositor gaditano idea una ópera de cámara, una adaptación musical y escénica, para títeres, en seis cuadros basado en un episodio de El Ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha de Cervantes (Capítulo XXVI de la 2ª parte). El retablo de Maese Pedro supone un gran paso en la evolución artística de Falla. Construye la obra entre 1919 y 1922, pieza de inspiración castellana que se acerca a la corriente neoclásica que seguían algunos compositores del momento. Pensada en un principio como un divertimento, hay que decir que es una obra muy original en la que Falla puso mucha ilusión y singularidad en el tratamiento escénico: “con marionetas”, muy en la línea verista del teatro dentro del teatro. Podemos indicar que Falla gesta para la representación del Retablo tres niveles escénicos: uno real (espectadores, entre los que se cuentan Don Quijote y Sancho), el ficticio (guiñoles), que en esta propuesta es sustituido por una proyección al modo de cine mudo en el que acontece la “Historia de la libertad de Melisendra” basada en el antiguo romance de Don Gayferos (al que se unen los personajes de carne y hueso, en pantalla, de Roldán, el moro enamorado, Carlomagno y el rey Marsilio), y el nexo entre ambos niveles lo encarnan Maese Pedro y su ayudante Trujamán. La obra fue estrenada en el Teatro San Fernando de Sevilla los días 23 y 24 de marzo de 1923 en versión de concierto, previo consentimiento de la Princesa de Polignac y el 25 de junio se representó en el salón de dicha Princesa, la versión escénica con marionetas.
A destacar la buena labor del coro titular del Teatro de la Zarzuela bajo la tutela de Antonio Fauró en la obra de Granados, así como el elenco vocal de sus protagonistas: La soprano cubano-estadounidense Mónica Conesa, como Rosario, expuso su buena línea de canto, expresiva, redonda en agudos y graves. Efectivo Enrique Ferrer (tenor), en Fernando, con alguna incomodidad en algún momento, con buen fraseo, hizo buena defensa de su papel. Destacado protagonismo también de Mónica Redondo (mezzosoprano), encarnando a Pepa y buena participación de César San Martín (barítono) como el torero Paquiro. Protagonizaron El retablo un espléndido Gerardo Bullón (barítono), como Don Quijote, al que acompañaron un estupendo Pablo García-López (tenor), como Maese Pedro y una inspirada Lidia Vinyes-Curtis (mezzo) en el rol de narrador, Trujamán, que mostró, buen fraseo, brillante timbre y conocimiento de la música antigua. señalar el protagonismo otorgado al ballet, cuyas coreografías han corrido a cargo de Olga Pericet y la notable dirección de Álvaro Albiach al frente a la Orquesta de la Comunidad de Madrid.
Manuel García Franco


