MADRID / Jaroussky y Garcia, dos músicos inmensos

MADRID / Jaroussky y Garcia, dos músicos inmensos

 

Madrid. Teatros del Canal. 18-XII-2021. Philippe Jaroussky, contratenor. Thibaut Garcia, guitarra. Obras de Poulenc, Fauré, Dowland, Granados, Rossini et al.

Quienes el pasado sábado asistimos al concierto que ofrecieron el contratenor Philippe Jaroussky y el guitarrista Thibaut Garcia en Teatros del Canal hemos de ser conscientes del privilegio que supuso, tanto por razones meramente musicales como por otras que atañen al contexto en el que nos hallamos sumidos. En un momento de gran incertidumbre respecto a esta interminable pandemia (cinco años dicen que dura una epidemia de peste y esto va camino de engrosar la lista de las grandes pestes de la historia), en que esa sensación de ir levantando cabeza parece evaporarse de nuevo y en el que tememos que haya nuevas restricciones dado el aumento exponencial de contagios, disfrutamos de un recital que fue un auténtico gozo para los oídos y un bálsamo para el espíritu. En una entrevista de hace tan sólo unos días, Jaroussky relataba su experiencia durante el confinamiento y meses posteriores y decía que tener la posibilidad de escuchar y hacer música te hace sentir mucho menos solo. Y desde luego, Garcia y él crearon un ambiente muy especial en el que cada asistente pudo sentirse arropado por esa intimidad que ellos consiguen en una sala con cientos de personas.

El programa consistió en la presentación del primer CD en colaboración de ambos artistas, À sa guitare, título tomado de la mélodie de Poulenc que encabeza la grabación y cuya crítica podremos leer próximamente en las páginas de Scherzo. Sólo hubo ligeras variaciones de orden respecto al disco, perfectamente lógicas por otra parte teniendo en cuenta el formato de recital. Hay que decir que se trata de un recorrido por cuatro siglos de música, seis idiomas diferentes y mezcla de música clásica y música popular, con las dificultades que eso comporta. Tuvieron el acierto de ir presentando los bloques y explicar algunos aspectos de las partituras, todo ello con muchos toques de humor y un salero muy elegante en un correctísimo español.

El trabajo que han llevado a cabo Jaroussky y Garcia con cada una de las obras es magistral. El acercamiento a las partituras es extremadamente riguroso y honesto, sin olvidar nunca cuál es el origen de cada una de ellas, para qué instrumento y tipo de voz están escritas y sobre todo, qué es lo que ellos debían hacer para mantener la esencia al trasladarlas a su terreno. El ejemplo quizá más representativo para los melómanos sea su versión de Erlkönig. ¡Quién podría imaginárselo en versión de guitarra y contratenor! Pues ellos dos bordan esta ‘traducción’ nada traicionera, con un Jaroussky en estado de gracia interpretando a todos los personajes con dramatismo y contención y un Garcia que saca a relucir ese extraordinario virtuosismo y consigue hacernos olvidar al piano.

A quien suscribe le emocionaron particularmente las dos melodías de Fauré, Au bord de l´eau y Nocturne. Jaroussky ha dado cuenta hace tiempo de su dominio del estilo en la melodía francesa, pero escucharle con ese acompañamiento de Garcia, lleno de colores, timbres, esa delicadeza y esa elegancia, que a veces evoca un arpa, a veces realmente un piano, a veces un elemento de la naturaleza citado en el poema… resulta realmente prodigioso. Hubo repertorio más habitual para quienes hemos escuchado mucho al contratenor —como Dowland— y acercamientos sorprendentes de esos a los que sólo se atreve él, porque puede y porque, repetimos, los hace con una honestidad absoluta, como por ejemplo ese Mirar de la maja de Granados que fue realmente estremecedor, o el Anda jaleo de Garcia Lorca. Y ese salto al otro lado del charco con Manhã de Carnaval, la inolvidable canción de la película Orfeu negro o Alfonsina y el mar, cuya interpretación en España preocupaba mucho al contratenor y arrancó los aplausos más merecidamente encendidos.

Quien quería escuchar al Jaroussky más conocido, pudo hacerlo también tanto en el repertorio renacentista citado, como en la auténtica lección de coloratura que fue Di tanti palpiti del Tancredi de Rossini. Pudimos disfrutar de nuevo de ese control del fiato, de esos pianissimi y de esa utilización del vibrato que son seña de la casa y comprobar que sigue siendo uno de los mejores músicos del panorama internacional, porque no hay estilo que se le resista.

Y permítanme que dedique unas líneas a Thibaut Garcia, por ser el más desconocido del dúo y porque ha constituido un descubrimiento de primera magnitud. El joven guitarrista francés de veintisiete años está avalado por los numerosos concursos que ha ganado, como podrán leer todos ustedes en muchas páginas web, pero, como bien sabemos, la calidad se demuestra en el escenario, y Garcia es de esos músicos que, con una frase, dejan patente su talento, su técnica, su elegancia y su conocimiento. Desde luego, se reveló como un instrumentista de virtuosismo excepcional y de una facilidad (al menos aparente) pasmosa. Su dominio del instrumento le permite adaptarse perfectamente a las necesidades de cada obra en cuanto a timbre y color, desplegando una gama inaudita. ¿Se pueden conseguir más tipos de armónicos y hacerlo siempre con una razón musical? No sólo es un solista de primer orden, sino que es difícil imaginar un acompañante más atento, más sólido y a la vez más dúctil que él. Sorprende que alguien tan joven respire tanto en la música y consiga esos fraseos exquisitos con esa naturalidad y esa gracia. No se ha equivocado Philippe Jaroussky al hacer de él ‘su guitarra”. Ahora sólo podemos esperar disfrutar de más actuaciones suyas lo antes posible en España (llamada a programadores).

En definitiva, desde estas líneas les aconsejamos vivamente que se hagan con la grabación de estos dos grandísimos músicos o que lo regalen aprovechando las próximas fiestas y en vista de que es muy probable que pasemos muchas horas en nuestras casas como esto siga así. Les aseguro que no se sentirán tan solos y que incluso estarán extraordinariamente acompañados.