MADRID / ‘Idomeneo’ y Jacobs: buen servicio mozartiano

Madrid. Teatro Real. 23-I-2025. Ian Koziara, Kateryna Kasper, Olivia Vermeulen, Polina Pastirchak, Mark Milhofer, Kresimir Spicer. Freiburger Barockorchester, Zürcher Sing-Akademie. Director: René Jacobs. Mozart: Idomeneo, Re di Creta.
Agrada siempre reencontrarse con esta obra, primera ópera auténticamente maestra de Mozart. Máxime si ese encuentro es con una interpretación de altura, apoyada en una orquesta y un coro magníficos, que dan mucho lustre a un trabajo bien planteado y ya muy rodado en otros Teatros, aunque lejos del ideal. Porque Jacobs, que tiene ya muchos años (78) no está para demasiados trotes. Anda lento y sosteniendo una tripa descomunal. Claro que el que sabe, sabe y el que tiene retiene. Por eso ha prevalecido a lo largo de la interpretación, semiescenificada muy a lo moderno, con atuendos de hoy y paseos entre atriles, su criterio musical.
Todo ha estado en su sitio y seguramente muy ensayado. La música ha manado con extrema naturalidad. Eso sí: han faltado chispa, toque más dramático, rítmica más acentuada y urgente, cambios de expresión y claroscuros, dinámicas más contrastadas. Pero con lo escuchado hemos tenido casi suficiente porque los pentagramas han circulado libremente y hemos podido seguir la dramática y poco creíble peripecia articulada en una narración musical maestra. El genio de Salzburgo consiguió aquí, entre idas y venidas, algo realmente grande, estrenado en Múnich en 1781 y más tarde, con bastantes cambios, llevado a Viena.
Nos han gustado, pese al aire algo cansino de la rectoría los pasajes en los que interviene el Coro, como en el extenso y tenebroso finale del acto I, donde las huestes de Zúrich (una treintena de cantores) han mostrado su calidad, su empaste y su afinación. Muy bien ensayados que estaban de la mano de su director Zoltán Pad. Algunos instrumentistas (45, incluido el fortepiano del continuo) han resplandecido: la conocida y formidable Petra Müllejans, una concertino veterana y sabia (subida en una pequeña plataforma), el trompa Bard Arbeydt, pese a algún que otro roce, el timbalero Charlie Fischer, que arreó de lo lindo con baqueta fina (ahora es la moda).
Hoy en día se emplea no un castrato (evidentemente) para Idamante y casi nunca un tenor (voz utilizada en el reestreno de Viena), sino, con mucha frecuencia, una mezzo, y este es el caso, una mezzo lírica, aquí Olivia Vermeulen, de timbre poco rico y estimulante, pero entregada, apasionada y decidora; creíble. Su Ilia fue Polina Pastirchak, soprano lírico-ligera, más aquello que esto, de buena línea, empaste general y no especial brillantez. Muy gesticulera, pero eficaz. Por encima de ella y de todos la Elettra de Kateryna Kasper, lírica plena, de tinte luminoso, extensa y matizadora, que se exhibió sin problemas en sus dos arias, particularmente en la tan difícil Oreste d’Aiace, con un cierre criminal que obliga a ascender al Do5 (solo apuntado).
Mark Milhofer, tenor ligero, amigo del falsete y falsettone, cumplió como Arbace y dijo sus dos arias discretamente. Vulgarcillo en su breve papel de Gran Sacerdote Kresimir Spicer. Nos queda el protagonista, que fue aquí Ian Koziara, que no nos ha parecido, ni mucho menos, la voz ideal para la parte, que fue estrenada por el añoso tenor Anton Raaff, que, por cierto, trabajó durante unos años junto a Farinelli en Madrid y Aranjuez. Koziara, norteamericano, bastante joven, posee una voz de tinte más bien baritonal, espesa y no específicamente bella. Su timbre nos recuerda un poco al de su antiguo compatriota James McCraken. Musculada, esforzada (aunque, teniendo en cuenta la afinación de los instrumentos de época, la tesitura era algo más grave).
No es mal músico Koziara y salvó con gallardía, con sonoridades poco sanas, eso sí, ese miura que es el aria Fuor del mar. Algo de falsete, continuos empujones. Y gran derroche de facultades. Fuera de sitio. Con todo agradó sobremanera el reencuentro con una ópera que, ¡ojo!, no se estrenó en el Real, según reza el escuálido programita de la sesión (en el que no figuraban los distintos números de la ópera), hasta el 17 de julio de 2008.
Arturo Reverter


