MADRID / Gala de Año Nuevo del Teatro de la Zarzuela: voces en su sitio

Madrid, Teatro de la Zarzuela, 4-1-2025. Concierto de Año Nuevo, Festejando el porvenir. Ángeles Blancas, soprano. Alejandro Roy, tenor. Obras de Serrano, Giménez, Chapí, Serra y Miracle, Moreno Torroba, Soutullo y Vert, Guridi, Rodrigo (María), Chueca y Valverde, Bretón y Alonso. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro. Director: Álvaro Albiach.
Entre bravos y vítores se ha cerrado, tras los correspondientes bises, esta Gala zarzuelera en la que, como es lógico, el público, que llenaba la sala, se lo ha pasado en grande. Había una Orquesta cumplidora y profesional -con muchos jóvenes ya en sus filas-, un Coro en buena forma, al que da vida constantemente y desde hace ya alguna que otra década, Antonio Fauró, un director solvente y matizador… y dos buenas voces españolas, ya maduritas: la de Ángeles Blancas y la de Alejandro Roy. Curiosamente ambos empezaron juntos su carrera profesional importante cantando La hija del Regimiento de Donizetti en el mismo Teatro donde hoy se han encontrado. Todo parecía estar en su sitio y en líneas generales así fue.
Eran tiempos en los que los dos poseían voces más ligeras, más livianas, más aéreas. Pero el tiempo pasa y se produce -aunque no siempre- la lógica evolución. Blancas, que ha heredado algunas cosas de su madre, Ángeles Gulín, una soprano spinto/dramática, y de su padre, Antonio Blancas, barítono lírico, es ahora un spinto de raza, pero con una notable sabiduría musical para atemperar cometidos y matizar con mucha inteligencia. Es cierto que el instrumento (tiene ya 60 años) se ha agostado en buena medida, con pérdida de esmalte en toda la tesitura y que la zona grave aparece un tanto desleída. El centro suena a veces nasal y recuerda pasajeramente al de una Callas; y el agudo es en ocasiones destemplado. Pero lo compensa con su facilidad comunicadora, sus dotes de buena actriz y su musicalidad. Siempre recordamos su magnífica Sacristana de Jenufa de Janácek.
Roy, que debe de tener algunos años menos, está aún en muy buena forma: tesitura amplia, emisión bien equilibrada, agudos plenos y fustigantes, vibrantes y demoledores, en la línea de un Del Monaco o de un Corelli; o a menor nivel de un Giacomini. Buen apoyo, afinación muy notable -algo mejor que la de su compañera-, sonidos bruñidos y rotundos. No es tenor refinado, amigo de las medias voces o tintas y de los filados. Su material no facilita esos efectos. Pero se desenvuelve muy bien y alcanza a veces raras plenitudes. Muy honrado, sin trucos ni trampas.
Dos buenos instrumentos, dos buenos cantantes, pues, que se lucieron en romanzas y dúos y nos lo hicieron pasar estupendamente. Abrió el fuego Roy con la conocida Jota de El trust de los tenorios de Serrano. El sonido casi baritonal en ocasiones campaneó a sus anchas, sin problemas arriba. Y la tesitura se las trae. Con un límpido La natural de cierre. A continuación Blancas interpretó con apasionamiento y veracidad Sierras de Granada de La tempranica de Giménez, mostrando cierto destemple en la zona aguda pero fraseando de maravilla y apianando en momentos estratégicos.

Mucho aire le dio Roy -que es de Gijón- a la Canción asturiana de Xuanón, zarzuela poco conocida de Moreno Torroba, con suave coro de fondo. La soprano matizó estupendamente la Canción veneciana de El carro del sol de Serrano, con retenciones bien administradas, filados y conseguida media voz de cierre. Los dos se apasionaron después, como se debe, en el dúo de la Leyenda del beso de Soutullo y Vert Amor, mi raza sabe conquistar, que tiene una parte bastante inclemente en tesitura elevada. No se arrostraron en absoluto. Aquí se notó más el poco peso de los graves de la soprano -que no fuerza y no busca salidas de dudoso gusto-, pero su arrojo fue manifiesto. Como el de él, siempre un poco falto de esa esperada media voz.
Uno de los números fuertes del tenor asturiano -que tuvo que bisar hace años en el mismo Teatro- es la famosa Canción húngara de Alma de Dios de Serrano, Canta, mendigo errante, que interpretó muy ajustadamente, sin vacilaciones y sin subterfugios. Blancas puso su cuarto a espadas en la Petenera Tres horas antes del día de La Marchenera de Moreno Torroba, con hermosas frases ligadas y algunas notas “a lo Callas”, algo veladas. Excelentes contrastes y peajeros destemples. Los agudos siempre con la cabeza muy atrás. Vino enseguida la famosísima jota de La Dolores de Bretón, donde se lució el Coro, bien adiestrado y magníficamente encauzado por Albiach, que echó mucha dinamita al conjunto. Muy bien Roy, que fue el único tenor solista en este caso.
Brilló Blancas, que lució un severo traje negro con abertura lateral, en su recreación del Chotis y el Pasacalle, Alto el carro, señores, de Me llaman la Presumida de Alonso, con la colaboración de cinco solistas del Coro. Demos sus nombres: Sonia Martínez, soprano, Elvira Padrino, mezzo, y Juan Carlos Coronel, Houari López Aldana y David Villegas., tenores Todos en su sitio. Da la misma obra sonó como cierre el dúo de Gracia y Pepe Hace tiempo que he leído. Un bis valenciano cantado por Roy muy afablemente a continuación. Homenaje a las víctimas de la DANA presentado por el valenciano Albiach. Y fin de fiesta con Blancas ataviada de manera revisteril: un número la misma zarzuela de Alonso.
Hay que resaltar la buena composición del programa, con algunos números de zarzuelas poco conocidas y con la recuperación de piezas dormidas en la noche de los tiempos, como el Coro Miserere de La reina Amazona de María Rodrigo (1888.1967), Por el alma de nuestro soberano, y el Nocturno Las enredaderas de Magda Serra y Miracle (¿?-1987). Para cerrar, resaltemos de nuevo el nivel del espectáculo, la profesionalidad y la buena mano de la batuta que quizá, pasajeramente, pudo planificar mejor ciertos pasajes (Intermedio de La venta de los gatos de Serrano, por ejemplo). Peccata minuta. Porque casi todo funcionó casi siempre bien engrasado.
Arturo Reverter
(fotos: Gemma Escribano / Teatro de la Zarzuela)


