MADRID / Francesco Corti o la elegancia virtuosa personificada al teclado

Madrid. Auditorio Nacional. 21.03.2026. Ciclo Universo Barroco, CNDM. 18-III-2026. Il Pomo d’Oro. Francesco Corti, clave y dirección. ‘Concerti’: conciertos de JS Bach, CPE Bach y JA Benda.
El programa de este concierto ideado por Francesco Corti, director habitual del Pomo d’Oro, giraba alrededor del momento en el cual, a partir de la figura de Johann Sebastian Bach, en unas pocas décadas se produjo el nacimiento de los conciertos para teclado (clave) y orquesta y su imparable desarrollo, desde Köthen y Leipzig hasta Berlín, y también de la conjunción del clave con otros instrumentos solistas, como el traverso o el violín. Nada mejor para ilustrarlo que el primer gran destello en el Quinto Brandemburgués con la famosa cadencia del primer movimiento o ya con el Concierto para clave BWV 1052, ideado para el Café Zimmerman de Leipzig, que seguramente nos remite a uno anterior para violín o para órgano de la época de Köthen, como muestran estudios musicales y su uso en dos cantatas de la década de 1720 a partir de ese concierto hoy perdido. Además de ello, el programa nos trae la sucesión natural del concierto para clave o instrumento alternativo que se desarrolló con sus hijos, en este caso Carl Philipp Emanuel y con músicos de la corte de Federico II en Sanssoucci, como Georg Benda.
Il Pomo d’Oro se presentó por razones presupuestarias con una selecta pero reducida plantilla instrumental, a una voz por parte, lo que en un espacio de tan magnífica acústica con la Sala de Cámara del Auditorio no es tampoco un problema, si bien eso deriva en una versión camerística, con su interés en cuanto a la precisión y claridad en los diálogos instrumentales, mientras se pierde el color y el brillo que adquiere una orquesta más nutrida y los ripienos a tutti.
El programa comenzó con el Concierto para clave n.º 1 en Re menor BWV 1052, de la colección concebida por Bach para Leipzig, una obra maestra de una complejidad rítmica y armónica endiablada, especialmente en su primer movimiento. Como sucede a menudo, quizá a estos excelentes intérpretes les pilló todavía algo fríos, ya que las cuerdas estuvieron algo inconexas y deslavazadas entre sí y con el clave, mientras que la parte algo borrosa del continuo marcó muy débilmente los contrastes rítmicos, tan importantes en esta pieza. Estuvo algo mejor Corti que unas cuerdas deslucidas que no acabaron de empastar. El Adagio fue ya mejor, con una muestra de esa elegancia de la que Corti hace gala, con una ligereza exquisita de las notas en el aire y un refinamiento espléndido en el fraseo, aunque quizá el gran Pablo Valetti no tenía su mejor noche, pues su primer violín no acababa de trazar adecuadamente la continuidad de la música, que marcaba como a pinceladas sueltas. Tampoco en el Allegro final acabó de formarse el sólido tejido bachiano, con unas voces todavía demasiado separadas. Tal vez hubiese sido mejor dejar esa pieza tan compleja para después, pues a partir de aquí estos excelentes intérpretes se entonaron y ofrecieron una magnífica velada.

Aunque eclipsada a menudo por el resplandor de la su padre, la música de Carl Philipp Emanuel Bach tiene una calidad e interés excepcionales. Su Concierto para flauta en Re mayor Wq 13 —del que también hay otra opción con clave solista— es una composición magnífica que muestra esa escritura tan personal e intensa del compositor. Aquí pudimos apreciar plenamente por fin la calidad de estos magníficos intérpretes dirigidos excepcionalmente por Francesco Corti desde el clave. La solista fue la flautista Eleonora Bišćević, que obtiene un sonido muy natural y limpio de su traverso e interpretó de manera pulcra los pasajes rápidos y contrastantes del Allegro. El segundo movimiento fue aún mejor, interpretado con una expresividad impresionante y ese aire melancólico del barroco tardío, preclásico pero aquí casi romántico, de la música de Carl Philipp. La orquesta de cuerda (2 violines y viola) interpretó con gran musicalidad y sentido del tempo esta sustanciosa música junto a un espléndido continuo, con el clave de Corti a la cabeza y la labor magnifica de la violonchelista Kristína Chalmovská y el contrabajista Riccardo Coelati, con gran precisión y una excelente articulación conjunta de todo el ensemble.
Tras la pausa llegó el Concierto para clave en Fa menor de Jiří Antonín Benda, más conocido por su nombre germanizado de Georg, que era sin duda la pieza menos conocida de la velada, pero que es una música de gran calidad y de escucha muy placentera. Georg, junto a su hermano más famoso Franz (František), fue compositor y violinista en la corte de Federico el Grande de Prusia, como después lo fueron sus otros dos hermanos violinistas. Benda mantuvo tras su partida de Potsdam una amistad y contacto de por vida con Carl Philipp Emanuel Bach, también miembro de la orquesta de la corte como clavecinista.
El concierto exhibe una escritura característica del Empfindsamer Stil (Estilo Sentimental) creado por Carl Philipp, con una música para teclado, orquesta de cuerda y continuo melódico que alterna un virtuosismo en sus movimientos rápidos con pasajes expresivos y melancólicos, sin duda influenciados por las corrientes melodramáticas vocales que allí se daban. Corti estuvo sobresaliente en el movimiento inicial con su exquisita fluidez y transparencia, con un manejo sobresaliente de las dinámicas y su naturalidad pasmosa, con una equilibrada y expresiva alternancia entre las cuerdas y el clave. La interpretación del Larghetto fue de una gran carga dramática donde Corti suspendía delicadamente las notas en el aire con un toque mágico. También en la interpretación del último movimiento, Allegro di molto, hubo una exquisita conjunción llena de vitalidad virtuosa tanto del solista como de la orquesta.

La cumbre de la velada vino con el Concierto de Brandemburgo n.º 5 en Re mayor (BWV 1050), con todos los componentes de la orquesta a un nivel de excelencia sosteniendo en todo momento el complejo equilibrio de este concierto y su tensión musical, una cuestión no tan sencilla de lograr. Eleonora Bišćević destacó por su agilidad y delicadeza en los fraseos, aunque su sonido no es muy grande; Corti realizó una cadencia llena de sentido musical, riqueza y virtuosismo salvo quizá una parte final algo acelerada, con una avalancha de semicorcheas que la desdibujó un poco, lo que no resta nada a la maestría de uno de los mejores clavecinistas del mundo. En el Affetuoso vimos al mejor Pablo Valetti de la velada (estaba algo constipado) en diálogo armonioso de su violín con el traverso de Bišćević, que siempre destacó por su sensibilidad y articulación en los movimientos lentos, y un Corti absolutamente exquisito. El Allegro final tuvo cohesión y virtuosismo por parte de toda la orquesta, con atención al detalle y gran calidad individual y conjunta. En el concierto también habría que destacar a la violista Katya Ploin, que extrajo durante gran parte de la velada un sonido muy redondo y lleno de calidez de su instrumento. También cumplió Anna Dmitrieva en el segundo violín.
De propina, Il Pomo d´Oro aprovechó su plantilla instrumental para ofrecernos la hermosa y afamada Badinerie de la Suite orquestal n.º 2 BWV 1067 de Johann Sebastian Bach con una deliciosa interpretación.
En suma, la velada fue preciosa y muy disfrutable, con unos intérpretes excepcionales bajo la siempre sabia dirección de Corti, que volvió a demostrar que es uno de los mejores clavecinistas del mundo, lleno de virtuosismo y naturalidad hasta en los pasajes más veloces, cuyo pulso musical nunca decae, preciso, musical y elegante, con una facilidad pasmosa en sus fraseos y un uso excelente del rubato, una capacidad asombrosa de suspender las notas y una técnica de ornamentación, con sus trinos y apoyaturas, tan depurada y expresiva que parece que no es perceptible. Un clavecinista formidable y lleno de magia.
Manuel de Lara
Foto: Elvira Megías


