MADRID / FIAS: Colin Stetson, la berrea del ciervo en modo industrial

Madrid. Teatros del Canal. 02-IV-2025. Colin Stetson, saxos y electrónica.
El compositor y multi instrumentista norteamericano Colin Stetson (1975) es uno de esos creadores cuya clasificación se escabulle por propia biografía. Digamos –muy sucintamente– que nace desde el pop rock (colaborador de Arcade Fire), viene desarrollando una muy interesante carrera como autor de bandas sonoras (a menudo ligadas al género del horror) y, en sus discos en solitario, se mueve en unos márgenes viscosos entre la música contemporánea, el arte sonoro y un post rock de virulenta abstracción.
Escuchando su solo (esto es relativo, le acompaña una base electroacústica potentísima, con vociferaciones y lamentos incluidos, y unos vídeos que hiperbolizan la música) The love it took to leave you, que ha presentado en el Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid (FIAS), se ha de claudicar ante un hecho inapelable; Colin Stetson trae consigo una proposición que es fieramente suya. Sus piezas, compiladas de varios de sus discos, duelen por su fisicidad y porque, aguerridamente, quieren ser puro tormento; no hay tregua en su sonar; unas y otras se manifiestan casi idénticas; el hombre se fusiona con el acero; el sonido es esculpido en torrente con una escenificación de medido hieratismo.
Stetson ofreció en la Sala Verde de los Teatros del Canal un tratado de respiración circular con el saxo bajo y el tenor; hizo resonar la mecánica del instrumento, todo un catálogo de chasquidos amplificados y agrandados por su respiración y por gemidos fantasmales, que encontraron eco en las voces lúgubres que atronaron por los altavoces.
En los momentos de mayor masividad Stetson parece entroncar su música con el drone de un Phill Niblock, la diferencia es que el primero no mantiene sus composiciones por mucho más de diez o quince minutos. Esto añade una complejidad para él mismo y para su audiencia; si cada pieza es como una escalada donde, a lo lejos, se vislumbra la cumbre, él hace subir y bajar constantemente. Cuando se está en el pico se ha de descender; quizás sea parte del sentido sufriente de su música; en la que, en medio de arpegios repetitivos, serpentean algunas melodías apenas esbozadas en medio del fragor.
Es lógico que el cine de terror reciente lo haya fichado como hijo pródigo (Hereditary, Color out of the space, The menu, Texas chainsaw massacre); su música es lenta y sombría pero posee un músculo propio y, puntualmente, como en la última parte de su concierto, se arropó con una rítmica básica, una pulsación exógena constante que la hizo machacadamente repetitiva lo que acrecentó su capacidad de trance. Es ciertamente extraña su propuesta, algo así como una berrea del ciervo en modo industrial que propicia una rara fascinación.
Ismael G. Cabral


