MADRID / Escuela Reina Sofía: Brillante inauguración de curso con la Orquesta Freixenet, Aracama y Pons

Madrid. Auditorio Nacional. 1-X-2026. Luis Aracama, violonchelo, Orquesta Freixenet, diretor: Josep Pons. Obras de Dvorák y Brahms.
En sus más de treinta años de ejercicio, la Escuela Superior de Música Reina Sofía ha formado a centenares de estupendos profesionales de la interpretación y se ha convertido en un centro modélico internacionalmente. Ahora ha realizado su concierto de apertura de curso en el Auditorio Nacional con su Orquesta Sinfónica, hoy Orquesta Freixenet, una formación que tiene el entusiasmo y la calidad que en este momento muestran en España las orquestas jóvenes. Tocaron con entusiasmo y altura técnica y solventaron con gran categoría un concierto exigente para el que seguramente no sobraron ensayos. En el podio estaba Josep Pons, un gran maestro español en el cenit de su madurez, que supo conducirlos y sacar de ellos lo mucho que tienen que decir como artistas.
El programa lo constituían dos obras maestras del repertorio tradicional. En primer lugar, se ofrecía el Concierto para violonchelo y orquesta en Si menor, opus 104 de Antonin Dvorák, piedra angular de ese género, que tuvo como gran solista a Luis Aracama, un jovencísimo virtuoso surgido de la propia Escuela y ya con numerosos premios internacionales en su haber. Posee un sonido amplio y hermoso, capaz de grandes sonoridades y de detalladas sutilezas, así como un sentido interpretativo singularmente maduro a pesar de su edad. Realizó un primer movimiento de amplitud expresiva y un segundo de extraordinaria ligereza tímbrica, terminando en un tercero vigoroso a la vez que sugerente; muy bellos los dos diálogos finales con la concertino Cecilia Novella, también excelente. Y como Josep Pons cuidó la orquesta de manera magistral, el resultado fue magnífico y el éxito rotundo. Como bis, ofreció una versión acompañada de cuatro chelos de El cant dels ocells. Un nuevo chelista de primerísimo orden.
En la segunda parte, Pons proponía una muy bien estructurada versión de la Sinfonia nº 4 en Mi menor, opus 98 de Brahms. Las pequeñas vacilaciones iniciales de la orquesta fueron solventadas inmediatamente por el director con una lección de madurez extraordinaria, en una versión que asombraba por su precisión, flexibilidad y conocimiento. La orquesta le respondió muy bien en el rápido tempo que adoptó en el tercer movimiento y supo articular impecablememnte la inmensa chacona que conforma el último. Forma pura, forma abstracta pero enormemente expresiva y reveladora de un arte inexpresable con palabras.
Pons mostró su madura maestría, y la orquesta su gran y juvenil capacidad técnica y musical. El éxito no pudo se mas merecido en un concierto en el que nos quedó una gran expectativa de futuro, la del violonchelista Luis Aracama. Puede estar la Escuela Reina Sofía orgullosa de él y de la orquesta. Y recordemos con agradecimiento todo lo que en esta aventura se debe a la figura de Paloma O’Shea que sigue firme al pie del cañón.
Tomás Marco


