MADRID / En el principio fue Haas… y Kebyart su profeta

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 23-III-2026. Kebyart. Obras de Shaw, Haas y Parra.
Puede sonar a imprudencia señalar un concierto como el más importante de la historia de un grupo. Pero, a riesgo de temeridad, diremos que el ofrecido por el cuarteto de saxofones Kebyart el pasado lunes en el Auditorio 400 del Museo Reina Sofía, en el contexto del ciclo Series 20/21 del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), ha sido el más sustancial y trascendental de la historia de la formación que integran los músicos Pere Méndez, Víctor Sierra, Robert Seara y Daniel Miguel.
Aunque no será fácil plantear la obra en muchas cejijuntas programaciones, Georg Friedrich Haas (1953) ha hecho al conjunto depositario de una enorme obra, su Cuarteto para saxofones nº 2. In memory of James Cecil Williams (2026) —padre de la mujer de Haas— es todo lo que cabía esperarse del compositor austríaco. Una partitura de afán escultórico que se clava en los 40 minutos exactos de duración, una temporalidad habitual en las piezas más esenciales de su catálogo. Con disposición espacial en el auditorio, el cuarteto formó dos dúos en el que, cuando los saxos eran idénticos, tocaban juntos. Una sencilla coreografía, sin ningún ánimo dramático, que subraya la única intención del músico durante toda la extensa composición: explorar las vibraciones que se producen en interválicas muy cercanas, proponer una audición estrictamente física, generar un espacio para la liturgia de la escucha en su forma más primitiva; y para habitar en ella.
Tras una primera exposición se puede decir que es una creación esencialmente desnuda incluso para un autor que se prodiga en extensas planicies sónicas. En este Cuarteto nº 2 no hay demasiados acontecimientos, concentrado como está —y estuvieron los intérpretes de Kebyart— en explorar y exponer los batimentos y otras vivencias puramente acústicas, más físicas que compositivas. En su despojamiento, en su austeridad (quizás ligada al hecho de haberse pensado desde el recuerdo al dedicatario, ya desaparecido) Haas, en ciertos pasajes que cultivan el unísono y las frecuencias estáticas más agudas, se encuentra con la influencia de Lucier, de Radigue. El CNDM se ha apuntado un importante tanto como patrono de una composición que precisará, por parte de estos músicos, también por parte de nosotros como auditores, volver a ella, repensarla, escrutarla quizás incluso con un tono más descarnado, trabajar en nuevos recintos que proporcionen acústicas y resonancias diferentes, exprimirla en todo cuanto apenas ahora atisbamos ya a recordar. Como acertadamente indicaron, la experiencia en vivo de esta música es fundamental, difícilmente reproducible a través de una grabación.
Kebyart cerró el concierto con la contraposición del Cuarteto de saxofones de Haas, el número 1, doce años anterior a la nueva obra. Con sus texturas que se expanden y se contraen y con una riqueza armónica mucho más populosa, es una obra de musculatura, hasta cierto punto asequible por su rítmica obsesiva, los patrones que se repiten y las notas que, en cascada, son dadas una y otra vez subrayando la capacidad de los saxos para mostrar un espectro armónico profuso e impactante. La interpretación del grupo rozó lo espectacular y mostró, nuevamente, la habilidad de Haas de impactar sin deshacerse nunca de un lenguaje exigente y tajantemente propio.
En transcripción para cuarteto de saxos, Entr’acte, de Caroline Shaw (1982) se hace más amable y menos “neo” que en su versión original para cuarteto de cuerdas. Kebyart la abordó con un sentido muy pausado y fluido, con transiciones muy suaves que ponían de relieve toda su ligera elegancia. Fragments striés, de Héctor Parra (1976), es una pieza temprana del compositor catalán; una miniatura de fragmentos que rápidamente entran en colapso, deformándose y extinguiéndose.
Ismael G. Cabral
(fotos: Rafa Martín)


