MADRID / El Cuarteto Cosmos y su doble tango mortal

Madrid. Auditorio Nacional de Música. 08-IV-2025. Cuarteto Cosmos. Obras de Haydn, Adès, Purcell y Britten.
Con cantabilidad y la dosis justa de hondura, así abordó el Cuarteto Cosmos, en su nueva comparecencia en el Liceo de Cámara XXI que programa el CNDM, el Cuarteto en Re mayor, op 7º, nº 2 HOB III:70 de Haydn. Hubo lugar para cada voz, para su lucimiento, sin que se perdiera la visión de conjunto y, sobre todo, calibraron la potencia; no fue una lectura liviana pero tampoco de una espesura fuera de lugar. En ese sentido, lo entendieron desde una óptica clásica, tan ajena a colindancias románticas como a excesivas ligerezas palaciegas; lo que sí incentivaron fueron las articulaciones, muy bien trabajadas, barnizando la escucha de un dramatismo auténticamente haydniano.
En sus siete movimientos Arcadiana, op. 12, de Thomas Adès, sintetiza la estética basculante del británico. Es una obra que, guste más o menos, ha quedado ahí, los grupos la disfrutan por sus dificultades y vistosidad y el público la acoge con facilidad. Parece que, en su recorrido, el compositor buscara llegar al meollo del cuarteto, O Albion, una suerte de Adagio para cuerdas de Barber en pequeñito que juega un papel efectista y, sí, hermoso, después de los extremos dinámicos y retumbantes pizzicatis que pueblan los movimientos prcedentes. Tanto que, en el cuarto, Et… (tango mortale), a Oriol Prat se le quebró una cuerda del violonchelo y, tras solucionarlo, volvieron a partir desde él. El Cosmos se merendó la obra con extraversión y una variación dinámica que se movió entre extremos; también con vitalidad, no aminorada por el percance. Por cierto, qué destacadas aportaciones las de la violista Lara Fernández.
La casi hímnica Fantasía VII en Do menor, Z 738, de Purcell, fue ligada con el Allegro que abre el Cuarteto nº 2 Op. 36, de Benjamin Britten; obra compleja y densa interpretada desde una vía expresionista muy personal; con rigor pero acentuando las muchas violencias internas que agitan una pieza que mira, pese a lo que se creyó en la época, a la vanguardia, también y, de qué manera, a la del Op. 133 de Beethoven. Cámbiese fuga por chacona; todas las macizas oscuridades de Britten fueron resueltas por el Cuarteto Cosmos con gran atención al color, introspección y fluidez.
Ismael G. Cabral
(foto: Rafa Martín)


