MADRID / ‘El caserio’, una mirada poética

MADRID / ‘El caserio’, una mirada poética

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 3 y 6-X-2019. Guridi, El caserío. Àngel Òdena/José Antonio López; Raquel Lojendio/Carmen Solís; Andeka Gorrotxategui/José Luis Sola; Marifé Nogales/Ana Cristina Marco; Pablo García-López/Jorge Rodríguez-Norton; Itxaro Mentxaka, Eduardo Carranza, José Luis Martínez. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Juanjo Mena; Dirección escénica: Pablo Viar.

Vuelve, cuarenta y dos años después, al escenario del Teatro de la Zarzuela la comedia lírica en tres actos El caserío, con música de Jesús Guridi y libreto original en castellano de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. La obra, estrenada el 11 de noviembre de 1926, supuso para el compositor vasco uno de sus más resonantes éxitos, tras sus experiencias anteriores: Mirentxu (1910), que será interpretada próximamente en versión de concierto en esta misma sala, y Amaya (1920), drama lírico de corte wagneriano.

Acogió el público madrileño de forma positiva esta producción de 2011 nuevamente recuperada del Teatro Arriaga de Bilbao junto con el Teatro Campoamor ovetense, que ya se pudo ver en 2015 en los Teatros del Canal, ahora con nuevo elenco y alguna que otra modificación en orquesta y escena. El auténtico éxito de esta zarzuela se fundamenta en su rica y variada partitura, que alcanza momentos de excepción por su intensidad melódica, heredera de la tradición operística italiana. Guridi puso música a una historia sencilla en torno a la vida del imaginario pueblo de Arrigorri, en Vizcaya, y en ella predomina la intensidad de lo sentimental, que impone un tono general dominado por la melancolía.

El color local vasco recorre la obra de cabo a rabo, sobre todo gracias a la utilización de cantos y ritmos de danza populares, y muy especialmente el ritmo de zortzico que sirve como hilo conductor del discurso musical. También son rasgos definitorios de la partitura la presencia delinstrumento nacional vasco, el txistu, así como del canto coral orfeonístico, de gran tradición en Euskadi. A ello se unen melodías originales moldeadas según las formas de la música popular. Se trata sin duda de una de las obras más apreciadas del repertorio zarzuelístico.

Simple, pero poética y luminosa, es la puesta en escena de Pablo Viar apoyada por la eficaz escenografía de Daniel Bianco, una correcta figuración de Jesús Ruiz y la notable luminotecnia de Juan Gómez-Cornejo. Sobresaliente la intervención de los ocho bailarines de Aukeran Dantza Konpainia con coreografía de Eduardo Muruamendiaraz; Aukeran interpreta en la zarzuela euskal dantza: un fandango, un ariñ ariñ, un banako (ezpata dantza) y una Kalejira. Buena intervención del coro del teatro preparado por Antonio Fauró.

Con dos repartos que se alternan en sus catorce funciones, la obra está servida con excelencia. Ambos defendieron la obra con maestría y entrega. Àngel Òdena y José Antonio López (barítonos), hacen un tío Santi, dueño del caserío Sasibill, con presencia vocal y escénica, López quizá más monótono en la emotiva romanza del acto primero, en la que dos estrofas de zortzico clásico engloban una larga frase lírica.

Raquel Lojendio y Carmen Solís (sopranos) se encargan de dar vida a Ana Mari. Lojendio mostró su plenitud canora de lírico-ligera en los dúos y relato del tercer acto y Solis, delicada y sensible, también mostró sus buenas dotes de soprano lírica.

La interpretación de José Miguel correspondió a Andeka Gorrotxategui y José Luis Sola (tenores). Goza Gorrotxategui de seguridad vocal y se afirma como un gran tenor tirando a spinto, mientras que Sola es más lírico. Ambos abordaron la romanza del segundo acto, de melodía suavemente balanceada en ritmo de americana, Yo no sé…, con eficacia, expuesta por el primero con más sentimiento y dramatismo, claridad tímbrica en el segundo.

Brillante como tenor ligero Pablo García-López con buena dosis actoral y cómica como Txomin, papel que también asumió Jorge Rodríguez-Norton. Marifé Nogales y Ana Cristina Marco (mezzosopranos), dieron vida a Inosensia con suficiencia. Destacable la actuación de Itxaro Mentxaka, que transmite a la perfección algunos giros sintácticos particulares del castellano hablado en las aldeas del País Vasco.

Aunque buena parte del éxito hay que atribuirlao a la soberbia labor de Juanjo Mena, quien realizó una sobresaliente interpretación de la partitura de Guridi, bien concertada, de lectura sensible, extrayendo el lirismo que su música contiene y que la orquesta sirvió a la perfección.