MADRID / Don Gil de Alcalá, una brillante producción

MADRID / Don Gil de Alcalá, una brillante producción

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 7-V-2022. Penella. Don Gil de Alcalá. Celso Albelo. Sabina Puértolas. Carlos Cosías. Carol García. Manel Esteve. Pablo López. Simón Orfila. María José Suarez. David Sánchez. Ricardo Muñiz. Miguel Sola. Paula Alonso. Rosa María Gutiérrez. Coro titular del Teatro de la Zarzuela. Dirección musical: Lucas Macías. Dirección escénica: Emilio Sagi.

Quizá el único de nuestros compositores que combinó de manera natural su vena creadora con un espíritu aventurero y empresarial nada común en sus colegas fue el valenciano Manuel Penella (1880-1939), riquísimo en experiencias dentro de la historia de la zarzuela. Desde que a los diecisiete años se embarcara para un largo viaje por Centroamérica, el nuevo continente ejerció siempre una gran atracción sobre él. Penella quiso ser un ciudadano “puente” entre ambas orillas, de ahí sus frecuentes giras americanas. El mayor homenaje que este compositor rindió a la cultura mejicana, en cuanto síntesis de lo indígena y lo español, fue su Don Gil de Alcalá, ejemplo de zarzuela u ópera colonial, de la que elaboró tanto el libreto como la partitura.

Penella, que pasó en Hispanoamérica los años de la guerra civil española, falleció en Cuernavaca (Méjico) en 1939, precisamente tras el rodaje de la versión cinematográfica de esta zarzuela que cambió su título original por el de El capitán aventurero, protagonizada por el famoso tenor mejicano de la época José Mojica, intérprete de ópera, zarzuela y cine musical. Descubierto por Caruso, cantó en el Metropolitan y en la Ópera de Chicago, para ser luego estrella de cine, siendo adorado en Norteamérica y Sudamérica.

Después de su sonado triunfo en el Teatro Principal de Valencia en 1916 con su ópera El gato montés, a Penella le sonrió de nuevo el éxito el 27 de octubre de 1932, cuando presentó, en el Teatro Novedades de Barcelona, Don Gil de Alcalá, su nueva ópera en tres actos para orquesta de cuerda más dos arpas, y el 20 de abril de 1934 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Existe también una versión del propio compositor para orquesta completa, pero hay que reconocer que la versión original es muy bella y por ello preferible. Desde entonces se convirtió en una pieza clave del repertorio de las compañías de zarzuela, a pesar de su clara vocación operística. En 1937 se representaría con enorme éxito en el Teatro Monumental de Buenos Aires, con Luis Sagi Vela como protagonista y un año más tarde en el Teatro Bellas Artes de Ciudad de México.

Pronto se cumplirán noventa años del estreno de esta hermosa partitura de corte clásico y preciosista e inspiradísima música, a la que no le falta su toque folclorista, con una historia fresca y divertida de comedia romántica que se desarrolla en un convento de huérfanas en el Méjico de la época virreinal y en el palacio del gobernador. El argumento es una tierna historia de amor y embrollo humorístico entre el bravo militar español que da título a la obra y una joven huérfana del hospicio, y está cargado de alusiones sociológicas e históricas al Méjico de su tiempo.

Don Gil ha podido verse en varias ocasiones en el Teatro de la Zarzuela; lo hace ahora una vez más después de veintitrés años (1999) en una nueva producción de 2017 del Festival del Teatro Lírico Español de Oviedo firmada por Emilio Sagi, al que acompañan la elegante escenografía de Daniel Bianco (ya presente en las producciones de 1989 y 1999), el vestuario de Pepa Ojanguren, la iluminación graduada de Eduardo Bravo y la coreografía de Nuria Castejón. Entre todos logran un espectáculo muy equilibrado, bien estructurado, brillante, coherente y fiel al espíritu de la obra.

La exigencia vocal de la partitura también está bien satisfecha por un elenco de cantantes de sobresaliente altura en los principales papeles. El tenor Celso Albelo, como Don Gil de Alcalá, astuto militar, enamorado de Niña Estrella, tuvo brillantes intervenciones, exhibió su potente voz, sus límpidos agudos y supo articular a la perfección las frases desde su romanza en el primer acto “No temas, no, confía en mí”. A comparable altura estuvo Sabina Puértolas, soprano lírico-ligera, dando vida a una Niña Estrella (Mitztilán) -bella muchacha mestiza, ahijada del Gobernador español en México- deliciosa, tierna y sensible a la vez que apasionada. Su hermosa y nítida voz alcanzó elevadas cotas de expresividad desde la plegaria del acto primero “Bendita cruz que al morir mi madre”, así como en el dúo del segundo con Albelo y la cadenciosa habanera “Todas las mañanitas” junto a la mezzo lírica Carol García, en el rol de su criada Maya, y el coro. El famoso número se cantó con tan cuidada sensibilidad que los aplausos del público obligaron al elenco a hacer un bis. Carlos Cosías destacó en el papel cómico de Chamaco. Manel Esteve, barítono lírico, se movió con soltura y decisión en el escenario y mostró su bello timbre en su papel de Don Diego, rico hacendado que aspira a la mano de Niña Estrella. El papel para bajo cómico lo asumió Simón Orfila, quien dio vida a un ocurrente sargento Carrasquilla, con intervenciones destacadas y ‘andalucismos’. Se sumaron al éxito colectivo de la representación el resto del reparto y el coro titular.

Por su parte, el director onubense Lucas Macías, que realiza su debut en el Teatro de la Zarzuela, ofreció un competente y acertada lectura de la partitura al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, acompañando admirablemente a los cantantes y ejerciendo un control siempre cuidadoso y atento del escenario.

Con una producción así, quién no disfruta.

Manuel García Franco