MADRID / Cuarteto Seikilos, impactados por Haas… y Beethoven

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 12-I-2026. Cuarteto Seikilos. Obras de Beethoven, Haas y Debussy.
Con un programa más propio del Liceo de Cámara se presentaba en el ciclo Series 20/21 que programa —ambos— el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) el Cuarteto Seikilos emparedando la obra central del concierto —el estreno en España del Cuarteto de cuerda nº 11 de Georg Friedrich Haas (1953), quien es compositor residente en la institución esta temporada— con obras de central importancia en los catálogos respectivos de Beethoven y Debussy.
En los primeros compases de la Gran Fuga, Op. 133, los integrantes del Seikilos plantearon un camino que, sagazmente, en seguida mutaron. Quizás fue un golpe de efecto, una manera de partir desde el ayer, de recordar los cimientos. Comenzaron demasiado asertivamente, en otro tiempo —el siglo XIX— cuando la partitura pertenece al futuro. Pero, como se indica, rápidamente, dieron con el tono. Fue una interpretación más angulosa que quebradiza pero concienzudamente obsesiva. Si Beethoven usó la fuga como campo de guerra, los integrantes del Seikilos —con Ivan Gornemann en el primer violín— la azuzaron con violencia; resultó una ejecución crispada, aunque no lo suficientemente disonante (en los intervalos, en las síncopas); en todo caso funcionó de principio a fin, sin enmarañar la letra, dicha con empuje y asentando el calibre creciente de la formación.

Vino después el Cuarteto nº 11 de Haas, del año 2019. Por indicación de la partitura se ofreció en completa oscuridad, en un juego con la percepción tan del interés del compositor austríaco. Muda además el autor la configuración del cuarteto, aquí violín, viola y dos violonchelos —para lo que se convocó al chelista Fernando Arias— dispuestos en el escenario a considerable distancia un atril de otro. La obra, sin añadir nada nuevo al lenguaje de Haas, continúa profundizando en él y, más importante, señalando un sendero que no parece dar signos de agotamiento. Los músicos del Seikilos interpretaron una primera parte de notas tenidas hurgando en una microtonalidad que, erróneamente, parecía iba a sostener toda la estructura de la pieza. Excavando en interferencias entre frecuencias daban lugar a ligeros batimentos, un fenómeno acústico que se agudizó cuando, repentinamente, con una sequedad frontal, comenzaron a tocar rápida y masivamente trémolos. Esos sonidos temblorosos contrastaron con los (aparentemente) cambios de altura y, con ello, la desorientación de los glissandos.
Difícil superar el impacto de la escucha y regresar a lo museológico con el Cuarteto en Sol menor Op. 10 de Claude Debussy. Aquí sí a los Seikilos les faltó mayor ligereza, ese tono arcaizante, por ejemplo, que hace relucir el primer movimiento. Lo abordaron en cambio —y se podrá aducir que es cuestión de elección— desde un prisma elegiaco, más melancólico que secamente expresivo, con un énfasis muy notable en el gusto por la música de guitarra española que parece saltar a nuestros oídos en el rítmico segundo movimiento.
Ismael G. Cabral
(foto: Rafa Martín)


