MADRID / Cuarteto Attacca, sin novedades desde Nueva York

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 17-III-2025. Cuarteto Attacca. Juan Carlos Fernández-Nieto, piano. Obras de Ortiz, Colomer, Glass y Shaw.
La compositora Gabriela Ortiz (1964) acumula logros importantes, como el haber sido galardonada este año en la 67ª edición de los Premios Grammy o el haber sido la primera mujer compositora en ingresar en el Colegio Nacional de México. Sin embargo, entre estos no está el de escribir una música que vaya más allá de lo vistoso, de lo profesional. Porque el estreno absoluto escuchado en este concierto –participado, además de por el Centro Nacional de Difusión Musical, por el Palau de la Música Catalana, el Carnegie Hall, la Phillips Collection y el King Place, nada menos– Mujer ángel dejó en evidencia todas las costuras del lenguaje de la autora mexicana. Una música, solventada con enorme profesionalidad (y se diría, hasta entrega) por el Cuarteto Attacca, hecha de golpes de arco, ritmos atravesados, crescendos vertiginosos, reiteraciones cinematográficas y adornos de guardarropía contemporánea como el tañido de un pequeño triángulo y vociferaciones de los intérpretes.
De resultas, Mujer ángel es una obra excelentemente escrita pero que ni siquiera reacciona en contra de nada; Gabriela Ortiz va a lo suyo, y hace bien en ello; sus movimientos tienen contornos pop (Mujer arena, La velocidad de la óptica), propicia una aceleración constante y epidérmica y, por su efectismo, gusta en los Grammy y hasta podría hacerlo en la MTV. El hecho de que hasta cinco instituciones colaborasen en este encargo resaltan que su música no es precisamente barata. Los integrantes del Cuarteto Attacca son unos excelentes músicos que tienen lo que debe tener todo cuarteto: empaste, entendimiento y una fluidez y desinhibición heredadas (en sonoridad y en su puesta en escena) del Kronos Quartet. Lo que no poseen es un repertorio a la altura.
Por más Nueva York al que representen, no aportaron ninguna novedad con las dos páginas de Caroline Shaw (1982). Entr’acte es una oda a la vacuidad; una clase de conservatorio de técnica instrumental. Hubo en su escucha de todo: golpes de arco con rebote, notas arpegiadas, acordes sin vibrato, caídas de tono, detención armónica, prístinos pizzicatos y toda una gama dinámica y tímbrica abrumadora. Los Attacca se la saben al dedillo porque, al presentarla, se creen con ella estar resumiendo la historia de la música para cuarteto del siglo XX. Más de lo mismo puede decirse de los Three essays, en la que quedó claro que a Shaw le encanta remarcar las ideas con ostinatos y quiere asombrar por la vía fácil; su música se adhiere a una tonalidad en la que emplea ruidos y técnicas extendidas como gracejos sin utilidad.

Mucho más honesto resultó el otro estreno absoluto, Comfortably familiar, de Juan José Colomer (1966), un quinteto con piano de lenguaje romántico basado en un tema de Pink Floyd del que toma sus progresiones armónicas, pero al que no se le cita reconociblemente. La propuesta era la que era, pero no se agazapaba entre pirotecnia alguna; la música fluía en medio de un cromatismo encendido con momentos de sencilla belleza expresada en los acordes reposados que aportó el pianista Juan Carlos Fernández-Nieto. Mereció la pena también oír la versión del Cuarteto nº3 ‘Mishima’, de Philip Glass (1937), una bellísima y clásica partitura de un lenguaje extremadamente pulido con la que los Attacca acentuaron los característicos patrones oscilantes de dos y tres notas; lograron un sonar atmosférico y los cambios de ritmos y compas fueron expuestos con sutileza; sabedores de que este Glass empezaba a estar lejos de sus primeras e imbatibles obras.
Ismael G. Cabral
(fotos: Rafa Martín)


