MADRID / Corselli y Miguélez Rouco: El arte de y para la Cantada

Madrid. Auditorio Nacional. 4-XII-2024. Nuria Rial, soprano. Los Elementos. Director y alto: Alberto Miguélez Rouco. Obras de Corselli, Nebra y Porpora.
Han sonado en este agradable concierto tres Cantadas de Francesco Corselli (1705-1778), italiano de Piacenza afincado en la corte madrileña durante las tres últimas décadas de su vida. Música fácil, bien delineada, de escritura a menudo brillante, con ciertos tintes dramáticos, aunque a veces con excesivas repeticiones e inacabables da capo. Usualmente dos recitativos y dos arias alternados.
Se abrió la sesión con la Cantada al Santísimo Rompa, Señor, mi acento, en la que Miguélez puso de manifiesto sus características como cantor: timbre de mezzo de tintes oscuros, registro modal ‒la parte inferior de la tesitura‒ débil y poco coloreado. Centro con sustancia y atractiva sonoridad, agudo esforzado que, dada la estructura de la pieza, casi no tuvo que emplear. Dicción poco clara. La verdad es que la obra es bastante repetitiva y escasamente variada. Melismas discretos, filados aceptables, silencios bien resaltados. El conjunto instrumental en este caso ‒dos violines, chelo, contrabajo, archilaúd y clave/órgano‒ tardó un poco en ponerse del todo a tono.
La cosa fue mejorando, tras largas pausas para afinar, con el paso de los minutos. A continuación, una pieza de José de Nebra, la Sinfonía nº 8 en Do mayor en la que se incorporó la viola de Sara Gómez Yunta, de agradable espectro; aunque la parte del león la desplegaron los dos violines (Claudio Rado y Mauro Spinazzè), que se defendieron en los contrapuntos, en los aires danzables y en los diálogos, persiguiéndose en ocasiones. Mucha dinamita en el Allegro previo al cierre (Despacio).

Luego escuchamos la siempre agradable voz de soprano lírico-ligera de Nuria Rial, de vibrato siempre justo, de fraseo grácil, de caracoleo siempre fácil, en la Cantada de Navidad de Corselli Hueco, laurel frondoso. Aplaudimos la dulzura desplegada en la primera de las dos arias, Planeta superior. Algo justa en las notas agudas de la segunda, Laurel que amparas. Vocalización no del todo diáfana. En la siguiente composición, Sinfonia da camera en Sol menor, op. 2 nº 3 de Porpora, admiramos el buen juego de los dos violinistas, que se persiguieron graciosamente en el segundo de los cuatro movimientos, un decidido Allegro.
La sesión programada se cerró con el villancico navideño de Corselli Felicísimo Alcino, en el que se conjuntaron las dos voces. Dos colores, dos densidades. Bello juego. El aria a dos fue de lo mejor de la noche. Diálogo entre Alcino y Salustio. Dos líneas complementarias que se reparten los mismos diseños temáticos, que se alternan y se doblan, que se contrapuntean. Muy animada página. Una cadencia a cappella remató la interpretación en la que Los Elementos mostraron su mejor cara y prieta sonoridad; siempre con el acento justo y excitante. Los músicos casi siempre tocaron solos, sin la presencia de Miguélez. Guinda final: una danza ternaria con animadas castañuelas tocadas por el director del conjunto. Muchos y cerrados aplausos de un público que abarrotaba la Sala de Cámara.
Arturo Reverter
(fotos: Elvira Megías)


