MADRID / Continumm XXI, a la misteriosa sombra de Scelsi

MADRID / Continumm XXI, a la misteriosa sombra de Scelsi

Madrid. Espacio Ronda. 10-IV-2021. Continumm XXI. Dirección: Alberto Arroyo. Obras de Scelsi, Perotin, Sandra Lanuza y Sergio Blardony.

Hay que festejar como se debe la convocatoria de actos de este tipo, marcados por el sello de la originalidad y embarcados en la senda de la aventura, dignos de todo elogio, aunque no tengan entre nosotros demasiada difusión y se desarrollen en ámbitos poco frecuentados como lo es en este caso el Espacio Ronda, una sala de exposiciones que acoge en su reducido ámbito eventos curiosos, quizá minoritarios, pero de evidente interés. Como el que sin duda ha revestido este concierto auspiciado por el Deutscher Musikrat (Consejo Musical Alemán).

Continuum XXI, que se hace presente tanto en España como en Alemania, plantea habitualmente retos en los que se combinan la música antigua, renacentista y barroca y la más moderna y rompedora, con la particularidad de que  combina hábilmente, a partir de la unión de instrumentos antiguos y modernos y, en su caso, la incorporación de elementos electrónicos, diversos estilos, estéticas y técnicas, fusionando timbres, acentuaciones y marcando sorprendentes síntesis ubicadas en territorios desconocidos y promisorios. Ha estrenado en Alemania obras modernas destinadas a instrumentos históricos de Peter Ablinger, José María Sánchez Verdú, Alberto Bernal o Sergio Blardony.

En el caso que comentamos ha planteado un curioso y excitante puzzle dominado por la impar figura de Giacinto Scelsi (1905-1908), un compositor raro, minoritario, descubridor de nuevos horizontes y creador de partituras sorprendentes, aéreas, inconsútiles, frecuentemente desarrolladas sobre una sola nota, alterada por el sutil tratamiento de sus armónicos, inflexiones microtonales, modificaciones del timbre, de las dinámicas, del volumen, de las densidades, del tempo y de la octava. Como se ha señalado muchas veces es uno de los precursores del llamado espectralismo al que se abonarían más tarde un Tristan Murail o un Gérard Grisey.

No hay duda de que otro de los aspectos esenciales del arte de Scelsi es el ritualismo, lo que conduce aún más a situar su figura en una zona inquietante y misteriosa, no despejada del todo por completo por mucho que escuchemos sus estilizadas composiciones. En el concierto que comentamos pudimos seguir dos de sus Improvisaciones sobre una sola nota, la 1 y la 2, la primera, en esta interpretación, para flauta de pico, violín barroco y viola de gamba; la segunda para los tres instrumentos citados más electrónica, manejada, con medios muy sintéticos, por Sandra Lanuza, asimismo compositora, que ofreció una primicia de su cosecha: Cada 30 seg., para violín barroco, viola de gamba y electrónica, surtida de bellos efectos y envuelta en una agradable atmósfera sonora con estratégicos pianísimos.

La electrónica fue también el vehículo empleado por Sergio Blardony para su Ese es el interior, composición bien elaborada, minuciosa, contrastada, de irisaciones atractivas, de curso bien medido y de refinada elaboración. Como refinadas fueron las recreaciones de Viderunt omnes I (curioso arreglo para flauta de pico sopranino, violín barroco, viola de gamba y electrónica) y II (para flauta de pico soprano) de Perotin Le Grand; obras que siguen el curso de airosas variaciones temáticas.

Casi todas las músicas estuvieron presididas por la atente guía de Alberto Arroyo, madrileño afincado en Dresde, discípulo de Sánchez Verdú y buen agitador del cotarro de la música de nuestros días, a la par que investigador y recuperador de la del pasado. Tiene en el telar una ópera, Oniros, sobre densa trama mitológica, con libreto de la profesora y novelista Carmen Guaita, que se estrenará en la culta ciudad alemana en el próximo otoño. Tras el concierto, el público, que llenaba la pequeña sala del Espacio Ronda, mostró su complacencia.