MADRID / Conciertos de Brandemburgo: a la cuarta fue la vencida

Madrid. Palacio del Marqués de Salamanca. 9/10-II-2024. Fundación BBVA. Contrapunto. Vespres d’Arnadí. Director y clave: Dani Espasa. J.S. Bach: Integral de los Conciertos de Brandemburgo.
No han tenido hasta la fecha mucha suerte en Madrid los archiconocidos Conciertos de Brandemburgo que Bach compuso –y recopiló– durante su época de maestro de capilla del duque Leopoldo de Anhalt-Cöthen, una época fructífera y muy feliz en la vida del futuro cantor de Leipzig. Un servidor ha tenido la oportunidad de escuchar tres integrales en los últimos años, todas ellas en la sala sinfónica –empezamos mal– del Auditorio Nacional. La primera oportunidad fue un completo desastre: Ton Koopman dirigió a su Orquesta Barroca de Ámsterdam en una aburridísima lectura plagada de espantosos errores técnicos (el propio clavecinista holandés se perdió en la cadencia del quinto y todavía hoy se recuerda –para mal– al innombrable trompetista del segundo). Las expectativas que John Butt y el Dunedin Consort habían suscitado gracias a sus excelentes grabaciones bachianas se vieron completamente frustradas por una versión correcta, pero sin garra: el reino de la sosería. Más frustrante todavía fue el regusto agridulce que dejó Café Zimmermann, muy irregular y lejísimos de su mítica grabación para Alpha. Con esos antecedentes, nos encontramos con que el mejor resultado, sin discusión alguna, lo han obtenido los españoles de Vespres d’Arnadí, lo que dice mucho del nivel que el historicismo patrio está alcanzando.
El patio de la Fundación BBVA es una sala magnífica, bellísima; otra cosa es la acústica, con unas columnas que lo complican todo y una enorme pantalla que impide que el sonido de los instrumentos que se sitúan más al fondo se proyecte adecuadamente. Al margen de ello, es una auténtica gozada poder escuchar una orquesta nutrida haciendo esta música en una sala equiparable a la que en su época habría presenciado la interpretación de estos conciertos. El riesgo, claro está, es que los músicos quedan muy expuestos y cualquier desajuste o desafinación es muy palpable. La ventaja: se oye todo, el sonido es equilibrado, los tutti tienen impacto… hay una auténtica comunicación física entre el intérprete y el oyente.
El concierto del viernes fue muy breve, ya que por una lesión del viola Natan Paruzel no se pudo hacer el Sexto concierto. Se inició con gran acierto con el allegro inicial del Concierto en fa mayor para clave y dos flautas dulces, BWV 1057, un guiño al cuarto de los brandemburgos que se interpretaría al día siguiente, del que es transcripción, con la parte de violín encomendada al clave. En la energética versión, con las excelentes flautas de Sara Parés y Tiam Goudarzi y el soberbio clave de Dani Espasa, solo fue de lamentar que, por los indicados problemas de acústica y espacio (era imposible colocar adecuadamente el teclado) el clave resultó engullido por las flautas de pico.
En el Tercero se pudo apreciar a pedir de boca la lujuria contrapuntística con que Bach regó generosamente esta colección, al tiempo que se impuso un vigor rítmico contagioso (algo presente en todas las partituras), con un tempo animado, pero sin prisas. La contundencia del conjunto no estuvo reñida con las sutilezas, en una lectura en la que pudo apreciarse cada detalle.
El Segundo tiene un hándicap por todos conocido y casi irresoluble: la trompeta. Yo llevo tiempo sospechando que Bach tenía cierta inquina a los trompetistas, porque no es explicable crear una composición para una trompeta natural en fa que, además, contiene pasajes de una dificultad indescriptible. Todo trompetista que se enfrenta a esta partitura las pasa canutas y nadie sale indemne del reto. Fue el caso de Bruno Fernandes, excelente músico a quien pudieron los nervios –sé de buena tinta que en los ensayos las cosas discurrieron por cauces infinitamente mejores–. Para sorpresa de todos, en una mezcla de prurito profesional, reivindicación, segunda oportunidad y propina acto seguido de terminar este concierto se volvió a hacer el tercer movimiento íntegro, con un resultado palpablemente mejor. El concepto musical de Dani Espasa fue excelente, de nuevo con gran vigor rítmico y un tempo perfecto. El resto de los solistas estuvo fenomenal: Sara Parés de nuevo en la flauta de pico y Luca Giardini en el violín, con una mención especial al gran Pere Saragossa con su delicioso oboe.
El sábado 10 nos deparó una velada magnífica, sin que los desajustes del primer día hicieran acto de presencia. Es indudable que lograron dominar la complejidad logística die la sala y sacar el mejor partido de sus limitaciones. Se inició con una estupenda lectura de la sinfonía de apertura de la cantata BWV 174, que no es sino el primer movimiento del Tercer concierto de Brandemburgo, pero con introducción de una pareja de trompas y un oboe, donde Gerard Serrano y Renske Wijma nos anticiparon su estupenda técnica con la trompa natural barroca.
El Concierto nº 6, que no pudo hacerse la víspera, se interpretó a continuación gracias a Lola Fernández, violista madrileña que hacía por primera vez la parte de la viola primera, lo que no deja de ser sorprendente, dada la maestría que demostró. La vivacidad de los movimientos extremos, con una giga particularmente saltarina, rodearon un adagio bellísimo, casi rapsódico.
Retomando el comienzo de la víspera, en una muestra más de las idas y venidas de la música, con sus sucesivos revestimientos, tan propia del barroco, se hizo el Concierto nº 4, germen del Concierto en fa mayor para clave y dos flautas dulces, BWV 1057. De nuevo, hay que mencionar la estupenda labor de Sara Parés y Tiam Goudarzi y, en este caso, también de Farran James, quien navegó sobre la virtuosa parte solista con gran solvencia.
El Quinto concierto es una de las partes del león de esta colección, con tres solistas en permanente diálogo. La lectura fue sobresaliente, por concepto general y por la calidad de los solistas. Aunque se redujeron los efectivos (cuatro violines en el tutti) tal vez un instrumento por parte habría resultado más adecuado para lograr el mejor equilibrio. Al igual que pasó al inicio del concierto del viernes, la posición del clave y la acústica de la sala hicieron que, en muchas ocasiones, el clave quedase tapado por la cuerda. Solo cuando dialogaba con los otros dos solistas o en los momentos a solo era audible, aunque sin grandes alegrías –se escuchaba con lejanía de forma permanente–. Dani Espasa se hizo cargo de la parte de clave y exhibió un gran dominio técnico, con una cadencia del primer movimiento, ejecutada con gran agilidad, formidable. Marina Durany (traverso) estuvo delicada y expresiva, con una seguridad pasmosa, y Farran James mostró un sonido bellísimo, redondo y con gran volumen. El movimiento central, de nuevo, fue exquisito y los solistas hicieron gala de un camerismo de primera.
Para concluir, con explicable criterio, se hizo el Concierto nº 1, que congregó a una verdadera multitud en el reducido escenario. Magníficas las trompas en sus delicadas intervenciones, el violino piccolo, que Luca Giardini manejó con excelencia y soltura, y los tres oboes, encabezados por Pere Saragossa, que tuvo unas intervenciones deliciosas. La orquesta sonó exultante y vibró bajo la inspiradísima dirección de Espasa. Fue un remate espléndido de una integral que, a salvo de los reseñados defectos de la primera sesión, ha resultado ejemplar.
Javier Sarría Pueyo


