MADRID / Christoph Prégardien vuelve a mostrar su excelencia gracias a ‘La bella molinera’

MADRID / Christoph Prégardien vuelve a mostrar su excelencia gracias a ‘La bella molinera’

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 12-IV-2021. XXVII Ciclo de Lied. Christoph Prégardien, tenor. Roger Vignoles, piano. Schubert, La bella molinera.

Los mejores ciclos de canciones son los que narran una historia y mantienen a un personaje que la protagoniza. Es el caso de La bella molinera. Narra en primera persona la larga anécdota de un ocioso que pasea sin rumbo y una trabajadora que atiende un molino de agua. El primero se enamora apasionadamente y ella ni se entera. Más aún: se lía con un cazador –otro laborioso– que le regala una cinta verde.

El cuento tiene etapas. La errancia de quien canta es solitaria y confiada: entrega su fe al arroyo, otro personaje con el cual la deriva empieza y termina, que lo guiará hacia felices paisajes. Luego hay algo central: la visión de la molinera y el agitado enamoramiento del vagabundo. Prescinde del arroyo y se hipnotiza con la hermosa muchacha de las ruedas y las muelas. Todo acaba mal cuando aparece el cazador, de modo que de la amabilidad nemorosa del comienzo y el delirio amoroso que lo sigue se pasa al drama, el patetismo, el rencor, el despecho y la recuperación de la soledad inicial, pero convertida en melancolía con una suerte de nana para el dormido arroyo nocturno.

Christoph Prégardien volvió a mostrar su excelencia. Su voz de tenor lírico ligero se presta a un retrato juvenil del errabundo, de modo que la lectura se volcó a lo lírico y acentuó la índole cancioneril de cada página. Una emisión depurada, un seductor dominio de las medias voces, los reguladores, los pianísimos y las notas tenidas, se pusieron en equilibrio con una declamación atenta y variada, nítida de prosodia y enjoyada en el fraseo. Las transiciones del personaje fueron diseñadas con sabiduría histriónica y musicalidad esmerilada. De propina hubo dos Schubert, El tilo y Noche santa, como prueba añadida del dominio que el tenor tiene del vocabulario del músico.

Roger Vignoles insistió en mostrar su maestría. Un sonido esmaltado y cálido sirvió de clima y acompañamiento plenos para la voz. Hasta pudo oírse el fluir del arroyo como, según queda dicho, si fuera un personaje más del cuento.

(Foto: Rafa Martín)