MADRID / Christiane Karg y Malcolm Martineau: La canción del final

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 6-X-2026. XXXIII Ciclo de Lied. Christiane Karg, soprano; Malcolm Martineau, piano. Obras de Amy Beach, Debussy, Berg, Schoenberg, Mahler (Gustav y Alma) y Strauss.
Las épocas decadentes pueden no ser de mero decaimiento. La caída puede ser penetrante y descender a las honduras donde late la intensidad de la sombra. Así ha resultado la traza de este programa, inhabitual y exigente, que examina el destino de la canción de cámara en las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, en el orbe germánico y francés. Mahler, el maestro, da paso a sus jóvenes discípulos Berg y Schoenberg. La rescatada Amy Beach y la resignada cónyuge Alma recogen la herencia de Hugo Wolf. Debussy destila la recitación francesa y Richard Strauss traslada las armonías wagnerianas a la intimidad de la cámara. Todos prologan y ultiman al romanticismo: la voz solitaria, el paisaje oportuno y acogedor como un eco, el gozo del lamento amoroso, el canto que disuelve la estrofa en recitación y dialoga de igual a igual con el piano. La solución formal recuerda a Schumann: el Lied es una pieza pianística a la cual se le sobrepone la voz.
Christiane Karg nos es conocida y reconocida. Tiene los medios adecuados a la soprano lírica de cámara, el mínimo vocal propicio a la intimidad y, sobre todo, un inteligente y refinado trabajo del timbre, que permite ser oído en todos los registros. Así recita en francés y alemán, sílaba a sílaba, frase a frase, verso a verso. La variedad de matices es innumerable y sale triunfante de una faena muy comprometida. Nada se habría conseguido sin Malcolm Martineau y el lujo de su timbración, su escucha y diálogo constantes con la cantante y la paralela variedad de climas exigida por cada autor. Si de maestría se trata, he ahí a un par de maestros en la comunión del sonido.
Blas Matamoro
(fotos: Elvira Megías)


