MADRID / Caldara y Obregón, qué gran binomio

MADRID / Caldara y Obregón, qué gran binomio

Madrid. Ateneo. 11-X-2020. Festival Encuentro Silva de Sirenas (FESS). La Ritirata. Director y violonchelo: Josetxu Obregón. Obras de Caldara.

En Año Caldara enfila su recta final con la sensación de que este 350º aniversario del compositor veneciano ha transcurrido con más pena que gloria por culpa de la Covid-19 y, en menor medida, del Año Beethoven, que ha capitalizado la programación de los auditorios de medio mundo. Creo no equivocarme si afirmo que ha sido un músico español, Josetxu Obregón, el que más ahínco ha puesto para que esta efeméride no pasara inadvertida. Han sido una docena de conciertos los que su grupo, La Ritirata, ha hecho con música exclusivamente de Caldara, además de dedicarle un CD, en el sello Glossa, titulado Antonio Caldara and the Cello.

En esa grabación discográfica se ha basado el concierto de clausura del primer Festival Encuentro Silva de Sirenas (FESS), que a lo largo de los últimos cuatro días se ha celebrado en el Ateneo de Madrid con notable éxito, pese a toda la anormalidad que rodea la vida de esta ciudad. Anormalidad que, por desgracia, los madrileños empezamos a contemplar ya como normalidad. Algunos dirán que es resiliencia; otros, en cambio, pensarán que es borreguismo social. Al menos, la música llamada clásica sigue siendo un bastión en el que podemos refugiarnos en estos tiempos de interminable congoja.

Volviendo a Caldara, conocida es la relación que mantuvo con dos grandes mecenas de la música, el príncipe-marqués Francesco Maria Ruspoli y en emperador Carlos VI (con este, ya desde los tiempos en los que era pretendiente al trono de España con el nombre de Carlos III). No está, en cambio, tan detallada la relación que pudo tener con otro importante personaje político, el todopoderoso conde Rudolf Franz Erwin von Schönborn. Este no solo fue un gran amante de la música, sino un notable violonchelista, a quien Caldara dedicó diecisiete sonatas y un concierto para violonchelo. Las sonatas están datadas en 1735, el año anterior a la muerte del compositor, y son un paréntesis en su producción musical: Caldara escribió un considerable número de sonatas para violonchelo cuando eran joven, pero luego se centró en la música vocal (óperas, oratorios y composiciones sacras). Sin embargo, en el final de sus días regresó a las sonatas de violonchelo, acaso atendiendo un encargo del conde Von Schönborn. De la calidad de estas obras se deduce que el dedicatario debió de ser un muy cualificado intérprete.

La Ritirata, en este concierto de clausura del FESS, abordó tres cuatro de esas sonatas compuestas para Von Schönborn: la Sonata III a violoncello solo con basso continuo en Si bemol mayor, en sus cuatro movimientos (Largo – Allegro – Aria andante – Allegro assai); los Largo de las Sonatas XVI y IX ambas, en Sol mayor), y el Adagio de la Sonata V para violoncello en Fa mayor. Completaron el programa la Sinfonía a violoncello solo en Re Mayor, dos Lezioni per il violoncello con il suo basso, tres fugas para clave (a cargo de Daniel Oyarzabal) y un arreglo para cuerda pulsada y clave del aria Quella Liria innamorata de la ópera Il piú bel nome, arreglo realizado en la asturiana “Factoría Zapico”.

La música de cámara de Caldara, como el resto de su producción, es de una calidad asombrosa, y por eso el veneciano se ha ganado a pulso el derecho a residir en el Olimpo del Barroco, a pesar de que hoy día siga estando considerado como un compositor de culto. Tampoco creo equivocarme si digo que esa música de Caldara ha encontrado a uno de sus cualificados intérpretes en Obregón, como pudo comprobarse anoche una vez más. Cabalmente acompañado por Oyarzabal y Dani Zapico, rindió un merecido homenaje a Caldara, de quien indiscutiblemente se ha convertido en su fiel paladín.