MADRID / Biondi hace de ‘Argippo’ un espectáculo memorable

MADRID / Biondi hace de ‘Argippo’ un espectáculo memorable

Madrid. Auditorio Nacional (Sala Sinfónica). 28-III-2021. Vivica Genaux, Marie Lys, Delphine Galou, Giuseppina Bridelli, Luigi De Donato. Europa Galante. Director: Fabio Biondi. Vivaldi, Argippo RV Anh. 137.

Antonio Vivaldi no solo fue un grandioso compositor, sino también un notable empresario teatral que, como le ocurrió a Haendel, acabó pasándolas canutas en el aspecto económico porque el público del norte de Italia le dio la espalda a su música. El estilo belcantista napolitano se había impuesto a la vieja escuela operística veneciana y Vivaldi no estaba por la labor de pasar por las horcas caudinas del aggiornamento, así que optó por probar suerte en Viena, Praga y otras ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico. Este Argippo es un buen ejemplo. Fue su segunda ópera estrenada en Praga, en el Teatro Spork, en el otoño de 1730. En realidad, Argippo no es una ópera vivaldiana, sino un pastiche ensamblado por el cura veneciano, con arias propias y arias de Hasse, Porpora, Vinci, Pescetti, Fioré y Galeazzi.

Fabio Biondi dio con la partitura en Darmstadt en 2011. Sin embargo, Biondi hubo de esperar ocho años (hasta octubre de 2019) para poder meterse en un estudio de grabación y registrarlo. El violinista y director de Europa Galante no tiene la más mínima duda de que el autor de este pastiche es Vivaldi, pero Argippo no figura como obra reconocida en el catálogo oficial RV, ya que la firma de este compositor no aparece en la partitura, y la musicología es un hueso duro de roer, aunque la mayor parte de los musicólogos especializados en Vivaldi sepan bastante menos en esta materia que Biondi, que lleva toda la vida dedicado a la música del prete rosso. Junto a las arias de los compositores antes mencionados, aparecen otras que indudablemente son de Vivaldi y otras más que casi con toda seguridad son del susodicho, si bien a estas últimas por ahora solo se le pueden atribuir de manera oficiosa.

Entonces, si se trata de un pastiche, ¿en dónde radica el mérito de Vivaldi? En primer lugar, en elaborar los recitativos, los ariosi y los coros. En segundo lugar, en seleccionar las arias que mejor se adaptaban a la historia que escribe el libretista Domenico Lalli. Y, en tercer lugar, en conseguir que todo ello resulte coherente, dentro de la incoherencia que tienen la mayor parte de las tramas argumentales de las óperas del periodo barroco.

La música es buena. Muy buena. Puede que ninguna de las arias sea de esas que se consideran ‘inolvidables’, pero no es menos cierto que no hay una sola que desentone. Eso sorprende en Argippo: todas las arias mantienen la misma paridad en cuanto a calidad, algo que no se da en otros trabajos de Vivaldi ni de ningún otro compositor de ese periodo. Y también sorprende que la mayor parte de ellas sean arias rápidas (de bravura, de furor, de tempestad…), porque parece que al ensamblador se le estaba pasando por alto incluir algún aria cantabile o de lamento. Al final, tuvo que meter un par de ellas juntas al principio del acto tercero. Desde luego, las poco más de dos horas que dura Argippo se pasaron en un santiamén, y el público disfrutó de lo lindo con esta función, a tenor de los reiterados aplausos al final de un buen número de arias y, sobre todo, de la formidable ovación final.

El elenco vocal estuvo sobresaliente, si bien el mayor triunfo lo cosechó esa prodigiosa soprano que es Marie Lys (Osira). Es imposible cantar mejor de lo que lo hizo la helvética. Brilló, asimismo, Vivica Genaux, que sabe cómo meterse al público de Madrid en bolsillo cada vez que viene por aquí (un detalle de agradecer: gesticuló bastante menos de lo que en ella es habitual, quizá porque no estuvo tan demandada como otras veces). En la grabación realizada por Biondi (para el sello Naïve), el rol de Argippo lo canta una soprano (Emoke Barath); para que lo pudiera cantar aquí una mezzosoprano como Genaux, Biondi tuvo que utilizar el diapasón 415 hz, si bien en la mencionada grabación había empleado el 440 hz que era el de la Venecia de aquel tiempo. Magnífico el bajo Luigi De Donato (Tisifaro), como magnífica estuvo también Giuseppina Bridelli (Silvero). Delphine Galou cantó con el exquisito gusto que le es característico, si bien su volumen de emisión resultó algo limitado (y cuando se trata de ópera, ya se sabe que para muchos aficionados lo único que importa es el tamaño).

La orquesta (3/3/2/2/1) se mostró obsequiosa con los cantantes y no se extralimitó nunca en sus funciones de acompañamiento. Para mi gusto, los tempi elegidos por Biondi fueron un tanto rápidos en no pocos pasajes. Pero Europa Galante sonó espléndida, como hacía mucho que no sonaba por estos pagos. Al final, los músicos respondieron emocionados a los aplausos recibidos y agradecieron el bendito momento de poder hacer de nuevo lo que mejor saben hacer en sus vidas: música. La mayor parte de ellos llevaba más de un año sin tocar en público, justo desde que el virus chino se introdujo sin permiso en nuestras vidas.

(Fotos: Rafa Martín. CNDM)