MADRID / ‘Benamor’, divertido cuento oriental

MADRID / ‘Benamor’, divertido cuento oriental

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 14-IV-2021. P. Luna, Benamor. Vanesa Goicoetxea. Carol García. Irene Palazón. Amelia Font. Enrique Viana. Damián del Castillo. Gerardo Bullón. Gerardo López. Francisco Javier Sánchez. Emilio Sánchez. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección escénica: Enrique Viana.

Dícese que el sábado 12 de mayo de 1923 llegó el gran acontecimiento de esa época con el estreno de Benamor, opereta en tres actos basada en un cuento oriental, Kisme, originalmente compuesto por los libretistas Antonio Paso y Ricardo González del Toro, que contó con artistas míticos de la escena como eran las tiples mexicanas Esperanza Iris, Mimi Derba o el barítono Enrique Ramos. Benamor fue uno de los mayores éxitos de la vida artística del maestro aragonés Pablo Luna, así como del Teatro de la Zarzuela, donde tuvo lugar el estreno. Alguna crónica de entonces, como la de ABC, señala la repetición de casi todos los números musicales, algunos hasta tres veces, lo que supuso que el día de la première la representación terminase a altas horas de la madrugada y que, durante el resto de la temporada, la obra se ofreciese en sesión doble, tarde y noche, haciéndose merecedora incluso de ser representada en Londres en 1924.

Inexplicablemente, semejante éxito acabó en un completo oblivion que ha durado casi un siglo, hasta que la actual dirección del Teatro de la Zarzuela, en su política de exhumación de partituras de nuestro género lírico que lleva poniendo en práctica, ha decidido recuperarla, al igual que hizo hace un mes con otro título del mismo autor, Las Calatravas, y al principio de esta temporada con Marianela, del maestro catalán Jaime Pahissa.

Benamor es una página musical ecléctica en la conviven el folclore español estandarizado, los aires de la opereta vienesa y el culto a los paisajes exóticos de Asia y el próximo oriente que en Europa causaron furor y a cuyas influencias Pablo Luna fue sensible. El compositor buscó con esta composición repetir el éxito musical obtenido con el Asombro de Damasco (1916) y El niño judío (1918).

La acción, situada en Ispahán, capital de la antigua Persia, en el siglo XVI, nos cuenta una alocada historia de doble engaño de dos hermanos que tiene los sexos cambiados; un cuento al que acompaña una hermosa partitura con catorce números, bien armonizada y orquestada, con una serie de estupendos momentos melódicos que han quedado en el recuerdo colectivo, tales como la canción del pajarillo, “Junto al mirador de tu camarín” de aire orientalizante, famosa por contraponer el canto con el silbo (núm. 5), a cargo de la soprano Vanesa Goicoetxea (Benamor), la romanzas para barítono, “País del sol” (núm. 5 bis), o “Por una mujer el hombre desprecia” (núm. 10), que canta Damián del Castillo (Juan de León), o los dos dúos  finales del tercer acto entre dos sopranos, Benamor y Nitetis (Irene Palazón) y entre Darío (Carol García) y Juan de León, soprano y barítono, respectivamente. Un elenco vocal que abordó la obra con suficiencia y con sus más y sus menos. No podemos olvidarnos de una de las páginas orquestales más sobresalientes, la Danza del fuego (núm. 11), magníficamente coreografiada por Nuria Castejón.

Danza, iluminación (Albert Faura), y vestuario (Gabriela Salaverri), tienen un papel relevante que refuerzan la lujosa escenografía oriental de Daniel Bianco.  La adaptación y dirección escénica de esta producción la asume Enrique Viana, que introduce numerosas licencias y morcillas que, eso sí, provocan la hilaridad y carcajada del público con sus monólogos.

Cumple bien el coro titular del teatro, y José Miguel Pérez-Sierra al frente de los veintitrés miembros de la Orquesta de la Comunidad de Madrid expone la partitura con eficacia, si bien, en algún momento, entre cuerda y viento hubo algún desequilibrio.

Prolongadas ovaciones para esta desenfadada zarzuela, opereta-revista o como se quiera calificar, que logra seducir al público por sus elementos tanto visuales como musicales.

(Foto: Javier del Real)