MADRID / Antón Alcalde gana el XXXV Premio Jóvenes Compositores SGAE-CNDM

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 18-XI-2024. Ensemble Vigo 430. Lara Diloy, directora. XXXV Premio Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM. Obras de Alcalde, Esteve Gandía, Cucarella Sifre y Pérez Soriano.
Ganó Antón Alcalde (1992) el Premio Jóvenes Compositores Fundación SGAE-CNDM de este año con la obra que abría este concierto, a cargo del Ensemble Vigo 430. Anatomías del abismo (escrita este mismo año, como el resto de las piezas) demostró ser una obra solvente en las que intenciones expresivas quedaron claramente identificadas. Utiliza el músico gallego células repetitivas que se muestran insistentes al inicio y que luego se resquebrajan buscando una violencia rítmica mayor. La partitura adopta un tono mecanicista (apoyada también en una insistente carraca) y resulta ser una pieza vistosa y agradecida en la audición, aún siendo un tanto esquemática en su exposición.
El conjunto, dirigido por Lara Diloy, mostró una excelente competencia e implicación con estas músicas de actualidad; aunque únicamente fue Esther Pérez Soriano (1990) quien otorgó un papel relevante a la guitarra eléctrica inmersa en el ensemble (por lo demás este, con saxos, violín, contrabajo, piano y percusión). El guitarrista Manuel Cebrián abre esta pieza -a nuestro parecer, la más notable de las ofrecidas- con un extenso y constante punteo que posteriormente se abrirá al resto de la formación buscando conjunciones tímbricas y también agrestes disonancias. Además, la obra, still here, muestra una apreciable inquietud por el sonido, no tanto por un idiomatismo más o menos modernista. La partitura mantiene su lógica y se beneficia de sonoridades sin ningún carácter ornamental, con peso específico, como la del piano preparado.
En La ecuación del calor, Bernat Cucarella Sifre (2001), el Ensemble 430 entró en ella como si la música ya llevara sucediendo largo tiempo. Pasado este logrado efecto inicial, la obra pone en buen diálogo a los instrumentos y se permite unos efectivos arrebatos percutivos. Finalmente, la más taciturna Agnosia, de Aarón Esteve Gandía (1997), se emplea no tanto en un dramatismo delicado sino más bien en una agitación interna, menos apreciable, en el que los silencios otorgan razón de ser al discurso. La directora Lara Diloy sacó lo que pudo y había en todas estas jóvenes propuestas cuyos lenguajes tienen todavía todo el terreno del mundo para evolucionar.
Ismael G. Cabral
(foto: Rafa Martín)


