MADRID / Alberto Posadas y las inspiraciones que vienen y van

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 07-IV-2025. Geneviève Strosser, viola. Dimitrios Polisoidis, viola. Dario Calderone, contrabajo. Johanna Vargas, soprano. Obras de Posadas y Furrer.
Las grabaciones, casi siempre tan aliadas, pueden tornarse grandes enemigas. Circula por la red un registro de Palabras deshabitadas, de Alberto Posadas (1967). A tenor de la escucha previa, una sofisticada y correctamente trazada composición del vallisoletano, bien resuelta pero sin mayor resonancia. Tras su escucha en este concierto de la temporada del CNDM, en la voz de la soprano Johanna Vargas y el contrabajista Dario Calderone; su impacto se acrecentó inesperadamente. Una música en la que los registros de ambos se conjuntan y se protestan (extremo agudo de la primera frente al grave del segundo) y en la que voz y contrabajo parecen reaccionar contractivamente ante determinadas texturas.
Vargas, integrante de los Neue Vocalsolisten y con una carrera disparada en el ámbito de la música actual, se sumó a última hora al concierto para, como ejemplo, exprimir hasta el agotamiento una partitura como esta de Posadas; en la que alcanzó un raro equilibrio entre la organicidad del material y su férrea estructura. Otro grande de este repertorio, Dario Calderone, escarbó en el clavijero y en el registro del contrabajo también en Lotófagos, obra de Beat Furrer (1954) que ya es un pequeño clásico de la música contemporánea de cámara. Inspirado en el poema homónimo de Ángel Valente, el músico suizo descompone en sílabas el texto y se arrima (en algunos pasajes) al más conciso Luigi Nono. Vargas (de deslumbrante, reconocible voz) y Calderone se reunieron alrededor de los armónicos de la cuerda y ambos mantuvieron una afinación tan cuidada que se alcanzó momentos estremecedores.

En la esperanza de que, alguna vez, el CNDM vuelva a contar con un conjunto como el Klangforum Wien (se ha perdido en esta residencia del compositor la oportunidad de presentar una de las piezas más sobresalientes del catálogo posadiano, Poética del espacio, para ensemble espacializado) estuvieron en el escenario del Auditorio 400 dos habituales de la formación vienesa, los violas Geneviève Strosser y Dimitrios Polisoidis. La primera, con Doryphóros, dictó una lección virtuosa plena de aceleraciones; pero poca cosa más. Más interesante la otra pieza para viola sola de Posadas oída: L’origine du monde, que arranca violentamente retrotrayéndonos al ciclo Zayin, de su maestro Francisco Guerrero; y que luego parece evocar sonidos tenidos enroscados de Scelsi; Polisoidis halló también vibraciones extrañas; materiales todos ellos de gran interés sonoro que, sin embargo, se aparcan en aras de un contexto discursivo excesivamente encorsetado y algo previsible. De los dos dúos para viola (que eran encargo y estreno), mucho mejor el primero, The Young violinist reflected in mirrors, donde ambas violas se expresaron en plenitud, rastreando su espectro, propiciando oleadas hipercontroladas en volumen, meciéndose entre rugosidades que hacían desear que el tiempo se dilatara. El segundo, Nu descendant un escalier, resultó más esquemático; desde luego opacado por la enorme pieza que la precede en una serie a la que quizá –no sabemos– se añadan nuevos capítulos.
Ismael G. Cabral
(fotos: Rafa Martín)


