MADRID / 4Sonora, vanguardia y té con pastas

Madrid. Teatros del Canal. 30-IV-2025. 4Sonora (Raúl Suárez, violín; Émilie Langlais, violín; Alfonso Noriega, viola; Sara Chordà, violonchelo). Obras de Sierra, Saariaho, Eötvös y Chin.
Bajo el epígrafe de El legado universal de Ligeti el cuarteto de cuerdas 4Sonora presentó en la Sala Verde de los Teatros del Canal un programa con el se empecinaron en demostrar, pieza tras pieza, cómo no debe abordarse la creación contemporánea. Acaso una salvedad entre las cuatro obras propuestas, sobre Memorias tropicales, de Roberto Sierra (1953), estos músicos sí demostraron poseer un conocimiento aprobado de la partitura. Música cosida de afectos diversos, el puertorriqueño salva el previsible folclorismo que enuncia su título y zurce una página vistosa, bien despachada de energía, de rítmica diversa y atravesada y que busca un final efectista pero resultón mediante el golpeo del cuerpo de los instrumentos.
4Sonora sacó adelante la obra sin rebosar dinamismo pero con pulcra solvencia, antes de abocar el concierto al tedio que sobrevendría. Terra Memoria es un cuarteto que, como tanta otra música de Kaija Saariaho (1952-2023), enarbola una contención característica; es música enfática en el color y de textura terrosa; de acuerdo que puede acometerse desde la serenidad; pero, en todo caso, hay que traerla aprendida. Con ataques débiles, articulación casi inexistente y un mismo tono moroso, el complejo equilibrio de esta música quedó destrozado; las intenciones de la compositora finlandesa se quedaron entonces en el papel. No hubo atmósfera, tampoco matices; la vivencia fue lo más parecido a la de asistir a la primera toma de contacto de los músicos con la obra.
No es Korrespondenz una de las mejores muestras del catálogo de Peter Eötvös (1944-2024), pero, bien defendida, es una obra de mucho peso académico (quizás, demasiado) pero cuyo trazo serio y profesional se percibe y admira. Dramatiza la tensa relación epistolar entre Leopold Mozart y su hijo Wolfgang. Dijo el músico húngaro que “los instrumentos del cuarteto suenan como si estuvieran dirigiendo conversaciones”. El conjunto 4Sonora debió imaginar cómo podría haber sonado ese diálogo en un salón rococó, entre burgueses adormilados y té con pastas. Su capacidad de deshilachar tensiones pareció premeditada; abolieron tozudamente la continuidad y amainaron las texturas más violentas; la música se deshacía por minutos llegando mortecina al largo y complejo glissando de la sección última.
Con tejidos polifónicos que recordaban a Ligeti, el primer cuarteto de Unsuk Chin (1963), ParaMetaString establece un diálogo nada subliminal con otro cuarteto difundido electrónicamente. 4Sonora experimentó apuros en el intento de cuadrar lo acústico y lo digital y reiteraron los mismos errores; el principal, una asimilación muy superficial de lo que tenían delante. Se advirtió ya en los débiles y atemorizados trémolos del primer movimiento, en el escaso remache del violonchelo que, en el segundo tiempo, casi debe actuar como un bajo ostinato. Todo parecía estar cogido con alfileres; así ocurrió que, tampoco con esta creación más directa y desinhibida que las dos inmediatamente precedentes, el programa levantó el vuelo. El cuarto movimiento, con un ritmo violento y una aceleración mayor, fue tocado con una parsimonia discordante que anticipó la acelerada huida del público.
Ismael G. Cabral


