Los ICMA frente al futuro de la música grabada

Las cien mil visualizaciones obtenidas en YouTube por la retransmisión por parte del canal alemán Deutsche Welle de la gala ICMA 2025 han representado un hito en la historia de estos premios de los que SCHERZO fuera fundador en su día y en cuyo jurado participa desde su primera edición en 2011. Los ICMA proceden de sus antecesores Cannes Classical Awards y MIDEM Classical Awards y su creación supuso la colaboración de un grupo de medios de comunicación especializados, impresos y digitales, y de emisoras de radio de buena parte de Europa decididos a enfrentar la crisis del mercado discográfico con una imaginación no exenta de riesgo, como sucede cada vez que los cambios de paradigma exigen cambios de posición.
En un momento de crisis muy profunda en el mercado discográfico, los ICMA han procurado equilibrar el reconocimiento a lo que podríamos llamar la tarea histórica de los grandes sellos —devenidos en multinacionales dueñas de un repertorio inabarcable— con la obligación de apoyar a los independientes que resisten y animar a los emergentes a hacer de su trabajo una suma de imaginación e independencia. Y es ahí donde el aficionado y el profesional encuentran un interesante punto de contacto en la lista de los resultados que cada año van consolidando la trayectoria de los premios.
Una trayectoria que es también una suerte de pequeña crónica de lo que ha pasado en el mundo de la clásica en unos cuantos años decisivos. Por ejemplo, esta vez, la presencia de un histórico de la industria discográfica independiente como Robert von Bahr, cuyo sello BIS fue comprado recientemente por Apple, no dejaba de ser una suerte de adiós a todo eso parafraseando el clásico título de Robert Graves.
La realidad es lo que es, qué duda cabe, pero también una parte de esa realidad corresponde a la necesidad de preservar un modo de acercarse al disco como elemento cultural de alcance histórico. Un alcance que hoy parece tocar a su fin en beneficio de las plataformas, pero que no supone el cierre de la escucha, por así decir, privada. El disco será cada vez más un objeto de coleccionistas igualmente menos numerosos, pero ello no implicará que dejemos de escuchar música a través de grabaciones realizadas por firmas que mantendrán el soporte y convivirán con la difusión en línea.
Por eso resulta especialmente relevante la apuesta de los ICMA por el apoyo a los jóvenes intérpretes y la creación de una red de colaboración entre los premios y las orquestas, los ciclos de música de cámara y los festivales en aras a que los ganadores en las categorías correspondientes a los talentos emergentes tengan la posibilidad de acceder a actuaciones en todo el mundo. En cierta manera se trata de un “a modo de certificado de calidad” que un jurado fiable otorga a un intérprete joven sin los inconvenientes inherentes a tantos y tantos concursos en los que variables no siempre deseables aparecen con demasiada frecuencia.
Hay que destacar también la tradicional presencia en los ICMA, a lo largo de todas sus ediciones, de intérpretes o compositores españoles consagrados como Jordi Savall, Pepe Romero, Javier Perianes, Carlos Magraner, Francisco Coll, Josu de Solaun o Pablo Heras-Casado pero también, en la línea de lo dicho anteriormente, el reconocimiento a talentos jóvenes como el que en su día recibiera el violonchelista Pablo Ferrández, hoy en las programaciones más importantes del mundo. Apuestas, unas, ganadoras desde el principio mientras otras supieron imponerse en una competencia nada fácil. La suma de todas resulta fundamental para dar sentido pleno a unos galardones que no pretenden sino ser el mejor reflejo de un momento que es de crisis tanto como de oportunidad.
Por todo lo dicho, los ICMA tienen ante sí la posibilidad de ser más que unos premios que año tras año certifiquen los logros y las carencias de la gran industria tanto como los de las empresas independientes que se dedican al negocio de la música grabada. Su propia itinerancia en las galas de entrega responde a una vocación abarcadora que finalmente favorece a todo aquello que une a cada uno de los eslabones de un proceso artístico que necesita de los medios para llegar a sus destinatarios. Una forma más de apostar por la cultura en tiempos de dificultad.
[Imagen superior: Adam Fischer dirige la gala de entrega de los premios ICMA en Düsseldorf]


