Los comienzos de Elliott Carter

Los comienzos de Elliott Carter

ELLIOTT CARTER: Pocahontas. The Minotaur / Boston Modern Orchestra Project. Director: Gil Rose / BMOP 1077.

Todos los modernos, como los antiguos, tienen un pasado. En el caso de los músicos, de los grandes compositores, también. Un pasado que recupera la vieja querella acerca del concepto de progreso en arte. Elliott Carter, quintaesencia de la moderna música estadounidense, tuvo también sus años de aprendizaje que, por cierto, duraron bastante a la vista de las fechas en las que, nacido en 1908, compone estos dos ballets que nos llegan ahora en un mismo disco: Pocahontas —en el que la historia que conocemos se reduce significativamente—, en primera grabación de la partitura completa, y El minotauro —un reflejo de las barbaridades de la guerra.

Pocahontas es de 1939 y fue un encargo de Lincoln Kirchner, es decir de la vía Balanchine. El minotauro, de procedencia semejante, se estrenó en 1947 y, a efectos de estilo, por así decir, está mucho más cerca de su predecesor danzable que de ese Cuarteto nº 1, de 1951, que será el punto de partida de una obra que, en adelante, será considerada como epítome de la modernidad no sólo en su país y con razón, pues nadie duda de la excelencia de la creación del neoyorquino en el contexto de la música de nuestro tiempo.

Estos ballets ofrecen el interés de proponer a su oyente el ejercicio de indagar en las posibles consecuencias futuras de lo que escucha, partiendo, además, de la base de que no aparecen evidencias clarísimas de que ambas músicas sean intrínsecamente bailables y sí más una prueba de resistencia para la capacidad orquestal de su autor en aquel momento. Las influencias están ahí, en una Pocahontas que comparte lenguaje con, por ejemplo, Copland pero con menos gracia y un Minotauro que manifiesta en casi todos sus rasgos que es hijo de un Stravinski envidiable por triunfador y por listo.

Sin embargo, en ellas, y sobre todo en segunda escucha, se aprecia bastante de lo que serán las Variaciones para orquesta, Three Occasions o Instances, es decir, del Carter que admiramos. Es como el momento anterior a dar el paso de quien se arriesga a cumplir consigo mismo y soltar el lastre que le llevaba a hacer una música demasiado convencional. En esa decisión está la diferencia entre haber sido uno más y lo que resultaría un creador sobresaliente en el arte de nuestro tiempo.

Todo ello lo explican acertadamente las buenas versiones de la BMO y su director, Gil Rose. Ambos llevan ya a sus espaldas una buena cantidad de discos de música estadounidense que abren los ojos ante un panorama tan vasto y variado como su lugar de procedencia.