LOREDO / Capilla Jerónimo de Carrión, palabras mayores

LOREDO / Capilla Jerónimo de Carrión, palabras mayores

Loredo. Santuario de Nuestra Señora de Latas. 70° Festival Internacional de Santander. 19-VIII-2021. Pepe Viyuela, recitados. Capilla Jerónimo de Carrión. Delia Agúndez, soprano. María Alejandra Saturno, viola de gamba. Alicia Lázaro, laúd. La gracia de la palabra.

Entre las localidades costeras de Somo y Loredo, convertidas los veranos en paraísos de surfistas atraídos por sus olas y sus espectaculares vistas, se levantó en el siglo XVI el Santuario de Nuestra Señora de Latas, uno de los Marcos Históricos del Festival de Santander y un lugar incomparable para escuchar unidas la palabra de los místicos y la música de esa misma época. La idea, tan sencilla como extraordinariamente atractiva, consistía en establecer un itinerario por la vida y obra de San Juan de la Cruz en el cual su poesía dialogaba con la de Garcilaso y Santa Teresa de Ávila al tiempo que se veía envuelta en música, en una música tan elevada como los versos, cuidadosamente elegida por las intérpretes entre distintos cancioneros, madrigales instrumentales, variaciones y otras piezas coetáneas.

No hace falta insistir en la necesidad de leer a los clásicos a lo largo de toda la vida, pues sus palabras no se vacían con el tiempo, siguen estremeciendo en lo íntimo e identificándose con lo más hondo de nuestra cultura. Además de constancia y reposo para contemplarlos, requieren una atmósfera que sea lo más suya posible, de serenidad, de pura contemplación artística, que viene dada por el silencio o, como en esta velada, por músicas que merecen ser escuchadas en idéntica medida: las de Diego Ortiz como uno de los protagonistas del boom de la música instrumental en el Renacimiento, las de Francisco Guerrero por su intensa espiritualidad, las de Juan Vásquez o las de John Dowland, todos ellos también palabras mayores.

Alicia Lázaro, alma y vida de la Capilla Jerónimo de Carrión, conoce ese repertorio como la palma de su mano y su manera de tocar junto a María Alejandra Saturno fue una verdadera delicia, haciendo del sonido la belleza misma, como lo fue la purísima manera de cantar de Delia Agúndez. A ellas se unió un Pepe Viyuela muy alejado del registro cómico que le da fama, encarnando a San Juan con una sensibilidad muy propia, de persona profunda, y emocionando con sus versos (Canciones entre el alma y el esposo, Tras de un amoroso lance, Coplas del alma que pena por ver a Dios, Noche oscura del alma…) acabó emocionándose él también, conmoviéndose por el especial ambiente que se respiraba en la iglesia.