LIEJA / El ‘Fausto’ de Gounod en todo su esplendor

Lieja. Teatro de la Ópera Real de Valonia-Lieja. 20-IX-2025. John Osborn (Faust), Nino Machaidze (Marguerite), Erwin Schrott (Méphistophélès), Markus Werba (Valentin), Elmina Hasan (siebel), Julie Bailly (Marthe Schwertlein), Ivan Thirion (Wagner). Dirección de escena: Thaddeus Strassberger. Maestro de coro: Denis Segon. Dirección musical: Giampaolo Bisanti. Gounod: Faust.
El Teatro de la Ópera Real de Valonia-Lieja acaba de ofrecer una producción magistral de Fausto de Charles Gounod, que quedará grabada en la memoria del público valón. Bajo la dirección superlativa de Giampaolo Bisanti, director musical de la institución belga, y con una puesta en escena espectacular del estadounidense Thaddeus Strassberger, el montaje trascendió el estadio de la mera representación para convertirse en una experiencia sensorial total.
La visión de Thaddeus Strassberger es simplemente asombrosa. Lejos del enfoque convencional, el regista estadounidense sumerge al espectador en un universo visual rico en símbolos y contrastes, donde cada detalle escénico participa en la narración del mito fáustico, con una estética inspirada en la historia del arte: las referencias a Lucas Cranach el Viejo y sus Evas tentadoras, al imaginario fantástico de Gustave Doré, o incluso a la sensualidad ornamental de Gustav Klimt, crean un trasfondo cultural profundo y fascinante. La escena del jardín, bañada por una luz casi divina, y los infiernos tenebrosos de Mefistófeles están tratados con una paleta de colores y un uso de la sombra y la luz que son guiños a esta tradición artística.
Strassberger, que firma también la escenografía y la iluminación, utiliza estos elementos no para simplemente reproducir la realidad, sino para expresar las tensiones metafísicas y morales de la obra. El estudio opresivo de Fausto se opone a la vitalidad de la feria del pueblo, mientras que la decadencia de Margarita es magnificada por una atmósfera de desolación conmovedora. La luz no ilumina, revela; la sombra no oculta, sugiere. Este juego permanente hace del escenario un verdadero espejo del alma de los personajes. La puesta en paralelo con el relato bíblico de Adán y Eva es una idea genial. Fausto, en busca de conocimiento ilimitado, se convierte en un nuevo Adán, mientras que Margarita encarna una Eva moderna, cuya inocencia es sacrificada en el altar de la tentación. Este enfoque universaliza el drama y le confiere una poderosa resonancia espiritual.
La reciente decisión de prolongar el contrato de Giampaolo Bisanti al frente de la institución liejana (hasta 2031) se comprende desde los primeros compases de la obertura. El maestro italiano insufla a la partitura de Gounod una energía juvenil y una claridad notables. Bisanti dirige con un rigor y una pasión contagiosos. Su sentido del teatro y su generosidad musical están aquí al servicio de una interpretación que aúna a la perfección la grandeza dramática y la delicadeza de los momentos más íntimos. La orquesta y los coros (dirigidos por Denis Segond) responden con una precisión y un fervor impresionantes, formando un bloque homogéneo y potente que sostiene y magnifica la acción en escena sin llegar a aplastarla. La complicidad entre el foso y el escenario, esencial en el repertorio francés, es aquí absolutamente perfecta.

Llevar a escena el mito de Fausto exige un reparto sin fisuras, que reúna a cantantes de técnica probada y fuerte temperamento dramático. Exactamente el cuarteto vocal de alto nivel que el público liejense pudo escuchar, donde cada intérprete aporta la quintaesencia de su arte. Y es el tenor estadounidense John Osborn quien encarna el rol titular con la autoridad vocal que se le conoce. Especialista reconocido del bel canto y de la gran ópera francesa, Osborn no es un cantante que busque impresionar solo por la potencia. Su enfoque es más matizado pero igual de formidable: apuesta por la belleza del timbre, la riqueza de colores y una agilidad técnica que le permite navegar con elegancia de los momentos de duda a los arranques apasionados. Su encarnación sin duda se benefició de su filosofía según la cual cantar el repertorio francés requiere sensibilidad, matices, dulzura pero también potencia para las partes heroicas. Su experiencia en roles tan exigentes como Arnold en Guillaume Tell o Eleazar en La Juive le ha proporcionado la resistencia y la paleta expresiva para traducir la completa metamorfosis del doctor.
Frente a él, la soprano georgiana Nino Machaidze presta su voz a Margarita. Su magnífico timbre, a la vez robusto y con reflejos sedosos, aporta una presencia inmediata y una homogeneidad notable en toda la tesitura. Posee una flexibilidad técnica y un registro sobreagudo notables, activos muy valiosos para el rol de Margarita, que exige tanta pureza lírica en la escena de las joyas («Ah! je ris de me voir si belle en ce miroir! ») como dramatismo en la escena final. Su afinidad por el repertorio francés (a pesar de algunos defectos de pronunciación recurrentes…) y belcantista le permitió ofrecer una interpretación estilísticamente correcta y emocionalmente conmovedora.
Por su parte, en el rol de Mefistófeles, el barítono-bajo uruguayo Erwin Schrott despliega toda la seducción diabólica que es su seña de identidad. Artista de un magnetismo dramático incuestionable, Schrott sigue deslumbrando por su capacidad para jugar con los registros, combinando una dicción hedonista y sanguínea (aunque a veces también “exótica”…), con una gravedad de timbre oscura cuando es necesario. Esta versatilidad es perfecta para representar a un Mefistófeles burlón, seductor y aterrador por turnos. Su potente voz y su soltura escénica le permitieron ofrecer una encarnación vibrante, llena de matices y perfectamente lograda.
Como Valentín, el barítono austríaco Markus Werba aporta la nobleza y el compromiso vocal que lo caracterizan. Artista experimentado, laureado de numerosos concursos y habituado de los mayores escenarios mundiales, Werba caracteriza el rol de Valentín, el hermano sincero y valiente, con gran rigor musical y una profundidad de expresión particularmente impactante. Su aria «Avant de quitter ces lieux» logra resonar con la solemnidad y emoción requeridas, impulsada por una voz de legato seguro. En los roles “secundarios”, la joven mezzosoprano azerbaiyana Elmina Hasan aporta una frescura conmovedora y un canto lleno de ternura juvenil al personaje de Siebel, marcando una notable asunción del rol, mientras que la valona Julie Bailly (Marthe Schwertlein) ofrece una actuación tan vocal como cómica de lo más eficaz. Por último, su compatriota Ivan Thirion resuelve con facilidad el rol de Wagner.
En definitiva, el Teatro de la Ópera Real de Valonia-Lieja, bajo el beneficioso impulso de Stefano Pace, confirma con esta apertura de temporada su rango entre las grandes casas de ópera internacionales, capaces de mantener en alto tanto la exigencia artística como la emoción compartida.
Emmanuel Andrieu
(fotos: Jonathan Berger)


