‘Les Voyages de l’Amour’: monumento discográfico

‘Les Voyages de l’Amour’: monumento discográfico

BOISMORTIER: Les Voyages de l’Amour / Chantal Santon-Jeffery, Katherine Watson, Judith van Wanroij, Thomas Dolié / Purcell Choir / Orfeo Orchestra / Director: György Vashegyi / GLOSSA 924009 (2 CD)

La primera incursión de Boismortier en la Ópera de París ha permanecido inédita en disco hasta hoy y lo hace de la mano de György Vashegyi. Frente a Daphnis & Chloé (una pastoral) y Don Quichotte chez la Duchesse (una comedia), Les voyages de l’Amour es una ópera ballet, pero de naturaleza muy especial, lo que Benoît Dratwicki —autor de las notas— llama ballet à intrigue suivie, ya que las entrées —cuatro en nuestro caso— no están unidas solamente por la temática general fijada en el prólogo, sino por la continuidad que le proporciona la presencia del personaje epónimo a lo largo de las mismas.

Parece que el estreno (1736) no tuvo éxito, pues solo se mantuvo en cartel 18 representaciones —algo mínimo para el escenario parisino—; una de las razones pudo ser que Boismortier elaboró una partitura de altos vuelos que no renuncia a los recursos de la tragedia, como los monólogos llenos de gravedad, los dúos contrapuntísticos o las solemnes peroraciones. En cualquier caso, la música es uniformemente soberbia, con momentos en verdad excepcionales como el Caprice pour les Génies Élémentaires, un auténtico ballet sans paroles alla Rebel. Boismortier aporta continuos toques de color, que revelan su genio tímbrico, como el fagot obligado en Dieu séducteur, las tres partes de traverso en el exquisito sommeil de la cuarta entrée o la trompeta y timbales en De l’Amour chantons la gloire —algo rarísimo en el Barroco francés—.

La grabación, en conjunto, es un monumento discográfico en el que nada se ha descuidado: se incluyen las dos versiones de la segunda entrée, ambas bellísimas, aunque completamente diferentes, y se restauran las tesituras vocales originales concebidas por Boismortier, nunca llevadas a escena por diversas vicisitudes.

El reparto es sensacional; se sitúa a una altura hoy insuperable, desde la brillantísima Chantal Santon-Jeffery, que asume uno de los roles más extensos de todo el Barroco, hasta las comprimarias Katia Velletaz y Éléonore Pancrazi, que están estupendas, pasando por la temperamental Judith van Wanroij, la delicada Katherine Watson y el siempre excelente Thomas Dolié.

La orquesta, en uno de sus quehaceres más lucidos —muchas son las oportunidades que brinda Boismortier— suena espléndida, como también el coro. Vashegyi está muy refinado, exquisito por momentos, vivo y colorista, aunque un punto más de arrojo e incisividad no habría estado de más. Ello no obstante, nos encontramos ante un triunfo rotundo en todos los sentidos de escucha imprescindible.