LEIPZIG / Eficaz y colorida producción de Eugenio Oneguin firmada por Vasily Barkhatov

Leipzig. Ópera de Leipzig. 10-X-2026. Olena Tokar, Franz Xaver Schlecht, Matthias Stier, Maya Gour, Ulrike Schneider, Kathrin Göring, Yorck Felix Speer, Daniel Arnaldos y Randall Jakobsh. Orquesta de la Gewandhaus y Coro de la Ópera de Leipzig. Dirección musical: Ivan Repusic. Dirección escénica: Vasily Barkhatov. Piotr Ilich Chaikovski: Eugenio Oneguin.
Procedente de Bonn, llega a la Ópera de Leipzig la producción de Eugenio Oneguin de Chaikovski firmada por Vasily Barkhatov, que también se ha presentado en Vilna, San Petersburgo y Wiesbaden, y cuya reposición en Leipzig ha corrido a cuenta de Jurate Sodyte. El joven director de escena ruso sigue con fidelidad el planteamiento de estas «escenas líricas», cuyo libreto escribieron el compositor y Konstantín Shilovski, aunque introduce algunas modificaciones.
Para la primera parte, Zinovy Margolin ha diseñado un decorado de ambiente rústico, encerrado entre paredes de un gris austero. A la izquierda, tras una cristalera, se encuentra la cocina; a la derecha hay un piano de cola y varias sillas. La pared del fondo puede abrirse y dejar a la vista una superficie inclinada que sirve tanto de puente con barandilla como de pista para deslizarse en trineo. Así, durante la fiesta por la onomástica de Tatiana asistimos a un animado paseo en trineo con batalla de bolas de nieve incluida. Más adelante, durante el duelo entre Oneguin y Lenski, los vecinos del pueblo, apostados en el puente y con actitud agresiva, intervienen en el enfrentamiento. Lenski muere al caer del puente y los aldeanos se llevan su cuerpo en un trineo. La solución atenúa, desde luego, la culpa de Oneguin y resta credibilidad a su posterior arrepentimiento. Resulta extraña, además, la segunda aparición de Daniel Arnaldos como padrino de Oneguin, en sustitución del previsto monsieur Guillot. Antes, el tenor de carácter había interpretado a un Triquet amanerado y vestido de mujer, que ofrecía una serenata a Tatiana por su santo. Lenski tiene como padrino a Zaretski, al que el bajo Randall Jakobsh presta una voz de acentos rudos y campechanos.

La pared del fondo permite también reducir el espacio para las escenas íntimas. Tatiana escribe su carta de amor nocturna apoyándose sucesivamente en una maleta, en el piano y en la pared. La soprano Olena Tokar, que lleva quince años en el elenco estable del teatro, es una intérprete ideal del personaje, poseedora de una voz que se expande con plenitud. Dispone por igual de sensibilidad para la expresión íntima y de fuerza dramática. En la escena de la carta despliega delicadísimos pianos; ante el rechazo de Oneguin transmite una profunda conmoción, pero también muestra determinación y entereza al quemar la carta. Resuelve con autoridad los exigentes estallidos del dúo final, sin que la belleza de su voz se resienta en ningún momento.
Encuentra un sólido compañero en Franz Xaver Schlecht, cuyo canto baritonal posee resonancia y cuerpo. Su atractivo físico hace comprensible el enamoramiento de Tatiana. También miembro del elenco estable de la Ópera, compone un protagonista que destaca por prescindir tanto de un hastío impostado como de una vanidad demasiado evidente. Matthias Stier encarna a un Lenski de cierta madurez. Su voz de tenor tiene personalidad y vigor, aunque se estrecha algo en los agudos más expuestos. En el aria sabe encontrar acentos sensibles.

Maya Gour interpreta a una Olga resuelta, con ocasionales arrebatos de histeria cuando rompe la vajilla. Su voz de mezzosoprano presenta un timbre interesante y un registro grave con colores de contralto, hasta el punto de sonar más oscuro que el de la anciana Filipievna de Ulrike Schneider. Esta última, sin embargo, vuelve a imponerse por su presencia escénica, al igual que Kathrin Göring como Larina.
Años después, Tatiana se ha convertido en la esposa del príncipe Gremin. También se ha transformado el austero decorado, que ahora muestra el vestíbulo de una estación, con un banco y un gran reloj cuyas agujas avanzan sin descanso. Sorprendentemente, a la derecha, en un recinto delimitado y vigilado por personal de seguridad, se celebra una recepción con bufé y barra para el matrimonio, que llega con maletas y parece dispuesto a emprender un viaje. Barkhatov introduce aquí otra ocurrencia: una banda de aficionados toca el comienzo de la polonesa. Por fortuna, las desafinaciones cesan pronto, pues la Orquesta de la Gewandhaus toma rápidamente el relevo.
Tatiana es ahora una mujer de belleza madura, vestida con elegancia por Olga Shaishmelashvili. Su marido, interpretado por Yorck Felix Speer, ofrece una apariencia más bien rústica y campesina, sin aura aristocrática; también su aria se ha escuchado con mayor nobleza. Durante todo el enfrentamiento entre Oneguin y Tatiana permanece al fondo, lo que resta intimidad a la escena. Al final, el escenario se llena de viajeros con equipaje y permite una última intervención del Coro de la Ópera de Leipzig. Como de costumbre, sus integrantes se entregan a la actuación y, bajo la preparación de Thomas Eitler de Lint, cantan de forma espléndida.
La Orquesta de la Gewandhaus, dirigida por Ivan Repusic, ofreció una interpretación de gran riqueza de matices, explorando con sutileza los pasajes de carácter camerístico y abordando los momentos dramáticos con la energía necesaria. Maravillosas las cuerdas, tanto en la introducción a la escena de la carta, cuya atmósfera recrean admirablemente, como al acompañar el trágico encuentro final de los dos amigos. El estreno del 10 de octubre de 2026 supuso un logrado comienzo de temporada y concluyó entre prolongadas aclamaciones del público.
Bernd Hoppe


