Laura del Río: “Los cantantes somos un canal de expresión”

Durante un tiempo simultaneó los estudios de arquitectura con los de canto, hasta que la pasión por la música se impuso. Tras despuntar en diversos concursos líricos internacionales, la soprano Laura del Río ha ha actuado en el numerosos escenarios como el Teatro Campoamor, el Palau de la Música Catalana, el Festival Groba, el Teatro Goldoni de Livorno y el Teatro de Bangkok, entre otros. Entre sus compromisos más recientes están Las bodas de Fígaro en el marco de Òpera a Catalunya, al mismo tiempo que prepara Tosca en los Teatros de Terrassa y Sarrià, y un programa navideño de valses y danzas con la Orquestra Simfònica del Vallès bajo la dirección de Xavier Puig por teatros de Cataluña.
En este momento, interpreta la Condesa de Las bodas de Fígaro. Curiosamente, hace unos años debutó en el rol de Susanna. No es tan habitual vivir la misma ópera desde dos papeles igual de importantes y tan distintos.
Es cierto. Uno de los premios que me dieron en el Concurso Viñas en 2019 fue una beca para realizar el máster de ópera en el conservatorio del Liceu. En ese momento se hacía la producción de Las bodas de Fígaro, y me propusieron el rol de Susanna. Ahora interpreto a la Contessa, con la que me encuentro muy cómoda. Poder ver esta obra maestra de Mozart desde las dos vertientes es muy enriquecedor. He podido profundizar en la relación entre la Contessa y Susanna, explorando sus dinámicas, las diferencias de clase y, además, cómo todo ello se refleja en el plano vocal y expresivo.
¿Es el de la Condesa un papel que se adapta bien a las condiciones de su vocalidad actual?
Sí. Me encuentro muy cómoda, refleja muy bien el momento en el que estoy como soprano lírica. Mozart te ayuda muchísimo, porque la línea vocal es diáfana, se ve todo: te exige claridad de voz, sencillez, elegancia, y, al mismo tiempo, pureza. Pienso en Porgi amor: la línea de canto es tan pura que mantenerla requiere mucha concentración.
Entre sus compromisos futuros hay unas cuantas Toscas, un papel con otro tipo de exigencias.
Sí. La temporada pasada hice bastantes Madamas Butterfly, destacando el Teatro de Bangkok, el Auditorio de Tenerife… un rol que vocalmente me va muy bien, aunque es muy exigente porque estás mucho tiempo en el escenario: hay un tema de resistencia vocal, mental y escénica que he ido trabajando. Tosca la he debutado hace poco. Vocalmente me encuentro bien, pero hay que controlar el peso de la voz porque la intensidad dramática y emocional es enorme: es muy fácil irte al grito, a lo desgarrado de la historia.
Estoy trabajando mucho el control de la voz, de la intención, del abanico de colores y matices para no irme por la senda del temperamento, de lo verista. Los cantantes somos un canal de expresión, pero no tenemos que llegar a sentir esa expresión del todo. Pienso en el lloro de Butterfly cuando se despide de su hijo, porque Pinkerton se lo arrebata. Tenemos que cantar con esa emocionalidad, con esa expresividad, con esos colores, sin llegar a sentir nosotras mismas el lloro, porque si no sería imposible cantar. O como cuando Tosca se da cuenta de que han matado a Mario: es un momento muy visceral, pero no hay que ir al grito, sino a la expresión desde el canto.
Usted cultiva la vertiente del yoga. ¿Le ayuda a alcanzar este equilibrio?
Me gusta mucho una frase de Alfredo Kraus que dice: “Para cantar, se necesita hasta la voz”. Muchas veces la voz no es lo más importante, es la cabeza. Y también el cuerpo, porque al final es nuestro instrumento. El cuerpo nos permite cantar, nos sostiene en el escenario y en la vida. La grandeza de esta profesión es que habitamos todos los campos y, para dar el cien por cien de nosotros, hemos de tener un buen equilibrio mental, corporal, emocional y espiritual.
Además, los directores de escena exigen cada vez más a los cantantes.
Vivimos una época en la que el director de escena tiene mucho peso. Tenemos que estar corriendo, subiendo escaleras o colgados del techo mientras cantamos… Una vez un director de escena dijo una fase en una producción que siempre recuerdo: “Puedes cantar muy bien, pero si no eres buena escénicamente, ponte a grabar discos.” Es cierto. Si estás en un teatro de cara al público y solamente eres una voz, se pierde todo el resto, que es muy complementario. Muchos estudios actuales afirman que en la escena la expresión corporal supone más de un sesenta por ciento de lo que recibimos. Es decir, la capacidad para desempeñarte bien en el escenario mejora también la percepción que el espectador tiene de tu canto.
En diciembre protagoniza un programa de valses y danzas con la Simfònica del Vallès y Xavier Puig. Una vertiente más ligera y amable, pero la música también es eso.
Sí, lo bonito de nuestra profesión es que pasas de la profundidad de Tosca a este programa festivo de valses y danzas para cerrar el año e iniciar 2026. Interpretaré piezas como Il bacio di Arditi, Ah! non giunge uman pensiero de La sonnambula y el toque catalán con la sardana “En el Vallespir” de la zarzuela Cançó d’amor i de guerra, de Rafael Martínez Valls, de la que se cumple el año que viene el centenario del estreno. La gira, compuesta por 11 conciertos, dará comienzo en el Palau de la Música Catalana.
Además de cantante ha actuado como actriz.
Sí, hace poco estrenamos en Livorno el film-ópera Dodici anni dopo, de Mario Menicagli, sobre la secuela de Cavalleria rusticana, en el que interpreté el rol de Lola. Previamente grabé las pistas musicales en un estudio y, unos meses más tarde, estuvimos durante diez días grabando en la Fortezza Vecchia de Livorno. Fue una experiencia totalmente nueva, porque al grabar en exteriores estábamos sujetos también a las inclemencias del tiempo. Me gustó mucho vivir la vertiente del cine, que es muy diferente a la ópera, sobre todo en lo que se refiere a los tiempos y ritmos de trabajo. Fue tan enriquecedor que no me importaría grabar otra película de ópera.
¿Hay papeles que está preparando o le gustaría interpretar?
Tengo muchas ganas de volver a cantar Traviata. La canté entre 2018 y 2020, y creo que ahora podría hacerla con mayor madurez, tanto personal como vocal. Me encanta el contraste vocal y la profundidad del personaje entre el primer acto y el tercero. Y luego tengo ganas de volver a hacer La Bohème.
¿Sería Musetta, que ya cantó en el Teatro Campoamor en 2021 con Emilio Sagi?
Precisamente la semana que viene tengo una audición para Musetta, pero paralelamente, estoy estudiando Mimì y me gustaría hacer mi debut en este personaje. Es cierto que he pasado por un repertorio más lírico-ligero y ahora estoy más en el lírico, que es donde actualmente me encuentro muy cómoda, pero hay muchas sopranos que en La Bohème cantan indiferentemente los dos papeles.
¿Puede decirnos algo de sus compromisos futuros?
Volveré a cantar Tosca en abril en el Teatre de Sarrià. Tengo conciertos del proyecto Con voz propia con el maestro Miquel Ortega, un espectáculo de canciones españolas y zarzuela con sexteto de cuerda, donde interpretaremos canciones suyas, que son maravillosas, de Antón García Abril y Granados, entre otras. También volveré al Festival Groba, donde ya canté el pasado verano en María Pita y el Teatro Colón de A Coruña, y luego tengo una producción en el Teatro Auditorio Escorial de Madrid y otra pendiente en Hong Kong, pero aún no están cerradas.
Stefano Russomanno


