LAS PALMAS / Don Quijote cabalga a los pies del Atlántico

Las Palmas. Auditorio Alfredo Kraus. 7-III-2025. Krassimira Stoyanova, soprano. Iván Siso, violonchelo. Adriana Ilieva, viola. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Karl Mark Chichon, director. Obras de Elisa Cancio y Richard Strauss.
Gran tarde sinfónica en Las Palmas. El ambiente delataba la significación del homenaje fraternal que la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria ha querido tributar a la Sociedad Filarmónica de Las Palmas con motivo del 180 aniversario de esta institución pionera en el mundo vital de las sociedades de conciertos en España. El Auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria se abarrotó el viernes de público y de las “fuerzas vivas” musicales de la isla para no perderse un programa exigente y cargado de sustancia, que aglutinaba dos páginas straussianas tan “grandiosas obras maestras” (García del Busto en el virtual programa de mano) como los Cuatro últimos Lieder y el poema sinfónico Don Quijote. Antes, como aperitivo ameno y grato, a caballo entre el melodismo rodriguero y el cinematográfico de Morricone, el estreno absoluto de La danza oculta, apenas ocho minutos de armonía y consonancia con los que la joven compositora grancanaria Elisa Cancio (1997) ganó el tercer Concurso para Compositoras de las Islas Canarias, instituido por la propia OFGC.

Fue una velada importante por su contenido artístico, pero también por la forma en la que fue resuelta por una orquesta que toda la noche hizo gala del brillante momento artístico que disfruta, y que la ubica entre los conjuntos punteros del actual sinfonismo español. El empaste, la vivacidad de su respuesta sonora, la ductilidad de las distintas secciones, con individualidades de alta cualificación solista -concertino invitado, oboe, corno inglés, trompa, timbal, arpa…- y la capacidad de generar pianísimos redondos y compactos que no por ello pierden presencia son atributos de esta orquesta crecida bajo el gobierno titular de Karel Mark Chichon, quien planteó un Strauss de palpitante opulencia sonora y sentido narrativo que supo transitar de la añoranza crepuscular de los Cuatro últimos Lieder al latir narrativo de un Don Quijote de finas hechuras y palpitante sentido descriptivo: desde el viento en los molinos manchegos a la ensoñación de Dulcinea, en una lectura en la que se presintió y sintió la locura maravillosa del caballero de la triste figura y las ensoñaciones del fiel Sancho. Batallas, travesías, sueños y desgracias; amores y desamores…
La vida misma sintetizada en un poema sinfónico revivido por el oficio y palpitar straussiano de Chichon, y por la lealtad de una orquesta que responde como un todo unitario pero diverso al gesto preciso de su titular. Como solistas, y estandartes de la alta calidad del conjunto grancanario, dos miembros de la propia orquesta: el violonchelista Iván Siso (Don Quijote), y la violista Adriana Ilieva (Sancho Panza). Uno y otra mostraron elocuencia, empaque y virtuosismo. Como también el concertino invitado (el violinista húngaro Ernő Kállai), cómplice y colega ideal del caballero coruñés Siso y la escudera búlgara Ilieva.

Antes, en la primera parte, la gran Krassimira Stoyanova cantó y cargó de resonancias y sentires el prodigio de los Cuatro últimos Lieder, dichos con fraseo y sutilezas extremas; también teñidos de nostalgias y evocaciones de lo que fue y nunca será más. Fascina el canto bien admirado de la diva búlgara tanto como su expresión profunda y genuina, natural y distante de afectación. Desde el alma del sonido, desde el verso de Hesse y Joseph von Eichendorf. El silencio largo y congelado que siguió la conclusión de “Im Abendrot”, el último de los Cuatro últimos…, cerró como un nudo en la garganta una interpretación que se adentró en los confines más secretos e íntimos de la emoción. Fuera, el Atlántico y el sonido eterno de sus olas runruneaban la realidad. “¡Oh, paz inmensa y silenciosa, tan profunda en el atardecer! ¡Qué cansados estamos de peregrinar! ¿Será esto, acaso, la muerte?”.
Justo Romero
Foto: Sabrina Ceballos OFGC


