LAS PALMAS DE GRAN CANARIA / Tres acontecimientos en una velada: McTee, Garanča y Falla

Las Palmas de Gran Canaria. Auditorio Alfredo Kraus. 8-X-2026. Elīna Garanča, mezzosoprano. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Director: Karel Mark Chichon. Obras de McTee, R. Strauss, Falla.
Un estreno en España, un debut de repertorio y una celebración de aniversario fueron los tres acontecimientos, cargados de atractivo, que en un solo programa quisieron ofrecernos la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y su director Karel Mark Chichon en el tercer concierto de la temporada 2026-2027. La actuación se celebró en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, siempre inspirador, con ese gran ventanal tras el escenario, que permite disfrutar de la buena música combinada con la contemplación directa del ocaso sobre el océano Atlántico.
Veintiséis años después de su estreno, en Dallas, la OFGC interpretó por primera vez en nuestro país Timepiece, de la compositora contemporánea estadounidense Cindy McTee. Interesante obra, de corta duración, con ciertas reminiscencias a Bela Bartok o Leonard Bernstein, mezclada por momentos con ritmos jazzísticos, que nos introduce en lo que es el paso del tiempo a través del imprescindible y destacable papel de la percusión, que emula el continuo del mecanismo de un reloj, y que los músicos de esta sección ejecutaron con enorme precisión. La tensión creada por las cuerdas mantuvo el pulso de una creciente atmósfera, a través de una sonoridad densa, radiante y síncopas de gran efecto. Estupenda respuesta de los contundentes metales y de unas eficaces maderas al requerido equilibrio demandado por la batuta. No decayó en ningún momento la enérgica dirección en esta exigente partitura de complejos planos musicales, que involucró al espectador para que avanzara con ese movimiento imparable del tiempo, estimulado por la gran elaboración rítmica de la orquesta.
Entre mayo y septiembre de 1948, el compositor Richard Strauss, terminó la composición de un grupo de cuatro canciones que él mismo asumió que serían sus últimas obras, aunque aún tuvo tiempo de componer alguna cosa más antes de fallecer. El autor nunca escuchó estas canciones sobre un escenario, y tampoco especificó el orden en que debían interpretarse; fue su editor quien posteriormente estableció la distribución, que desde entonces se mantiene en las salas de conciertos y grabaciones discográficas.
No es de extrañar que la extraordinaria mezzosoprano Elīna Garanča se sintiera atraída por esta bellísima despedida musical creada por Strauss sobre poemas de Hermann Hesse y Joseph von Eichendorff, motivo por el que no pudo rechazar la invitación de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria para cantarlas por primera vez en este concierto. Garanča las interpretó sin forzar en ningún momento su prestación, a pesar de lo deslumbrante y arrolladora —en el buen sentido de la palabra— que sonó la OFGC a su alrededor. Su calidad tímbrica de mezzo, de gran belleza, extraordinaria en otros repertorios, no terminó de adecuarse e imponerse frente a la riqueza sonora de Strauss y los delicados matices que el maestro Chichon supo extraer de cada instrumento, todos presentes y con una transparencia sobrecogedora. Pero estamos ante una intérprete de nivel, que empezó la primera canción, Frühling (Primavera) algo titubeante y rígida, pero consiguiendo su mejor aportación en Beim Schlafengehen (Al ir a dormir). Se echó en falta, en algunos momentos, una dicción más clara, unos agudos más luminosos, y unos pianísimos más definidos, así como una interpretación más conmovedora en Im Abdendrot (Al ocaso), pero sí disfrutamos una vez más en Elīna Garanča una voz de notable legato, emisión homogénea y buen aliento en las frases largas. La orquesta sonó opulenta, con gran delicadeza tímbrica y siempre con la pasión que le impregna la dirección del maestro Chinchon, amplia y seductora. En ocasiones e inevitablemente, la densidad instrumental cubrió ligeramente la voz, que se mantuvo siempre con un volumen audible. Líricos e impecables, el destacable solo de violín en Beim Schlafengehen (Al ir a dormir) y de la trompa en September (Septiembre), realmente extraordinarios.
Lo mejor de la velada llegó con Manuel de Falla y la música completa del ballet, El sombrero de tres picos, que estrenara en Londres en 1919 y que se programó en esta ocasión para celebrar el 150º aniversario del nacimiento del compositor. Convenció, desde la introducción, ese carácter teatral de la obra, con una lectura siempre impulsiva del director, de una precisión absoluta y una firmeza que sobrexcita al oyente. Supo entender el maestro, y así lo vivimos, el carácter de cada danza, destacando especialmente la Danza del molinero (farruca), llena de contrastes, tan evocadora y española, con una tensión rítmica de gran nivel y un excelente trabajo de la trompa, el oboe, y fagot. Las uvas en la primera parte, y la Danza de los vecinos (seguidilla) en la segunda, sonaron con un refinamiento asombroso. La construcción orquestal caminó progresivamente hasta llegar a la espectacularidad de la Danza Final (Jota). Inmejorables los metales y la percusión, aportando carácter festivo, así como las cuerdas, con una fuerza expresiva sin límites, que graduaron toda la obra con maestría. El tempo estuvo ágil, gracioso en cada parte y se escucharon sin obstrucciones todas las intervenciones, desde los violoncelos hasta el piano. Una celebración a Falla con carácter y magnitud.
Muy bien cantada la breve parte de la cantaora, encomendada a Elīna Garanča, que la defendió con una tesitura más acorde a sus cualidades, aportando estilo y seguridad, aunque el texto sonara indefinido. Una noche de novedades y aniversario que tuvo, al concluir, una extensa y merecida respuesta del público, puesto en pie, recompensando el trabajo de primer nivel de la OFGC, del director Karel Mark Chichon y de Garanča.
José Juan Robaina Martín
(fotos: Sabrina Ceballos / Orquesta Filarmónica de Gran Canaria)


