Las cinco sinfonías de Galina Ustvolskaya

USTVOLSKAYA
Sinfonías 1-5. London Philharmonic Orchestra. Director: Christian Karlsen. BIS (1 CD)
Lo primero que cualquiera aprende sobre Galina Ustvolskaya es que su profesor de composición, Dmitri Shostakovich, le pidió que se casara con él a principios de la década de 1950. Ella lo rechazó, y en cierta ocasión llegó a decir que «él mató mis mejores sentimientos». Sin embargo, Shosta la recordaría con el suficiente cariño como para citar un trío suyo en su quinto cuarteto de cuerda y, de nuevo, en la tardía Suite sobre sonetos de Miguel Ángel.
Fue lo más cerca que estuvo Galina de una celebridad que nunca buscó. Enseñó música durante treinta años en el Conservatorio de Leningrado, vivió sola y no dejó entrar a nadie en su apartamento. Sus obras eran de carácter religioso, inaceptables para las autoridades soviéticas. Tras la caída del comunismo, asistió a algunas interpretaciones, que la dejaron insatisfecha. Murió a los 87 años, en diciembre de 2006.
Compuso cinco sinfonías. Las numeradas de la dos a la cuatro contienen textos de un monje del siglo XI y se titulan Felicidad verdadera y eterna, Jesús Mesías, sálvanos y Oración. Son sombríamente devocionales y recalcan su fe ortodoxa con intensas ráfagas de percusión. Resultan un poco agotadoras después de un rato. La quinta, titulada Amén, es una adaptación del Padrenuestro en ruso. Dura trece minutos y es su última obra completada, contemplativa pero todavía furiosa.
La mejor es la primera, compuesta entre 1955 y 1956, una obra rabiosamente original de principio a fin. Utilizando los polémicos poemas sobre el trabajo infantil del escritor comunista italiano Gianni Rodari, recorre lentamente el abismo de la miseria humana, elevado a un grado trascendente en el segundo movimiento por las voces ininterrumpidas de dos niños, que describen un mundo opresivo.
Ustvolskaya afirmó que le habían obligado a adaptar esos textos, pero no hay forma de escapar de su furia ni de su compasión. La sinfonía exige ser escuchada en directo en una sala de conciertos. La Orquesta Filarmónica de Londres la ha grabado en una sala de ensayos, dirigida por el sueco Christian Karlsen. El ingeniero de sonido, Dave Rowell, hace un trabajo brillante. Los niños sopranos, Oliver Barlow y Arlo Murray, se merecen una gran bolsa de caramelos. ¿Podrá la LPO permitirse alguna vez una interpretación en directo?
Norman Lebrecht


