La vida, al límite (Mirga Gražinytė-Tyla graba la ‘Sinfonia da Requiem’ de Britten)

La vida, al límite (Mirga Gražinytė-Tyla graba la ‘Sinfonia da Requiem’ de Britten)

BRITTEN: Sinfonia da Requiem / City of Birmingham Symphony Orchestra. Dir.: Mirga Gražinytė-Tyla / Deutsche Grammophon

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Como sucede con la Misa en Do mayor de Beethoven, que suele quedar eclipsada por la poderosa Missa Solemnis, la Sinfonia da Requiem de Benjamin Britten es a veces confundida con el War Requiem, pese a que las dos obras no tienen nada en común. La sinfonía, una obra puramente instrumental para orquesta sinfónica, dura sólo veinte minutos y está impregnada de una gran ambivalencia personal.

Britten recibió el encargo de escribirla en 1939, poco después de haberse establecido en Nueva York y de haberse habituado al estilo de vida cosmopolita de la gran metrópoli norteamericana, mucho más colorido que los grises colores de Londres. El encargo le llegó del gobierno japonés, y el objeto del mismo era la conmemoración del 2.600 aniversario de su dinastía gobernante. Poco antes Japón había invadido brutalmente China. Britten, quien como se sabe era un pacifista declarado, confesó a un periodista: ‘Estoy escribiendo una obra lo más antibélica posible’. Pero se embolsó los pingües honorarios. Al año siguiente fue convocado al consulado japonés para ser acusado de insultar a la nación (aunque no se le pidió la devolución del dinero).

La obra fue estrenada en el Carnegie Hall el 29 de marzo de 1941 por la Filarmónica de Nueva York y su director principal, John Barbirolli. Su siguiente interpretación, en Boston, resultaría mucho más trascendental. Al director Serge Koussevitsky le gustó tanto la obra que encargó a Britten que escribiera su primera gran ópera, Peter Grimes. Tras la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial y la completa inmersión creativa del compositor en su nueva ópera, la Sinfonia da Requiem fue dejada de lado. Incluso hoy en día la composición rara vez aparece en los programas de concierto, y sigue siendo vista como una obra formativa de un brillante compositor veinteañero.

Dividida en dos sombríos movimientos externos y un agitado movimiento central, todos con títulos católicos en latín, la sinfonía abarca una amplia gama de estados de ánimo, desde la piedad a la pasión. Mahler aparece como una influencia ineludible, en particular la Novena sinfonía, mientras que las erupciones de metales y percusión pertenecen tanto a Stravinsky como a la atmósfera de fragilidad ocasionada por la guerra y al desasosiego moral del compositor, que vivía cómodamente en los EE.UU. mientras su patria era bombardeada por los alemanes.

Estos conflictos se proyectan con fuerza en la nueva e hipertensa versión discográfica que acaban de presentar la City of Birmingham Symphony Orchestra y su directora titular, la lituana Mirga Gražinytė-Tyla. A diferencia de muchas respetuosas interpretaciones británicas que he tenido la oportunidad de escuchar, la que ahora se comenta refleja la vida en el límite, su incierta continuidad, su fe centelleando hasta la extinción final. El oyente jamás está seguro, de un compás a otro, de la dirección que tomará la vida y el mundo. Se trata de la interpretación menos inglesa que he escuchado y, por eso mismo, de la mejor. Mirga estira el rubato hasta el límite de la transparencia, y apunta indicios de atonalidad en la partitura. ¿Comparte los sentimientos encontrados del compositor? Se trata de una narrativa absolutamente absorbente, disponible en descarga instantánea en DG.