‘La Veglia’ de Cristofaro Caresana: una Natividad musical entre bailes y juegos de cartas

A finales de los años setenta, el grupo de cabaret La Smorfia se hizo popular en la televisión pública italiana por su sabrosa comicidad, cuyas raíces ahondaban en la tradición teatral napolitana. En su sketch acaso más memorable, el arcángel Gabriel (Lello Arena) –representado como una especie de loco con gafas de sol, trompeta de juguete y espada de plástico– irrumpía con estrépito en una casa de humildes pescadores dando golpes en el suelo y gritando: “¡Anunciación! ¡Anunciación! Tú, María, haces el hijo de Salvador; Gabriel te ha dado la buena nueva. ¡Anunciación! ¡Anunciación!” La mujer (Massimo Troisi) intentaba al principio explicarle que se había equivocado de persona y al final, ante la insistencia del arcángel, le espetaba: “Gabriel, tú eres tonto”.
La actitud de La Smorfia no pretendía en modo alguno ser sacrílega u ofensiva. Lo que un extraño podría interpretar como irreverencia era en realidad el producto de una intimidad, una cercanía. El napolitano se dirige a los santos o a los ángeles como lo haría con un familiar, tomándose todas las confianzas y las libertades del caso. Si en Roma el sacristán de Tosca reprendía a Cavaradossi diciéndole: Scherza coi fanti e lascia stare i santi, en Nápoles bromear con los santos es permitido: lo sagrado y lo cotidiano hablaban un mismo idioma.
Este sentimiento de cercanía impregna también muchas de las cantatas “para el nacimiento del Verbo” que el compositor Cristofaro Caresana (c.1640-1709) escribió entre 1670 y 1683 para ser representadas en Nápoles durante la Navidad. Escritas para 5 o 6 voces y conjunto instrumental, eran interpretadas por los alumnos de los conservatorios de la ciudad.
Una de las más curiosas es la cantata a 6 voces con violines La Veglia (1674). Aquí, el tema de la Natividad asume los modos de una verbena de pueblo, un belén viviente en el que los pastores celebran el nacimiento de Jesús entregándose al pulso rítmico del baile [2’50”]. Después de una sublime nana (“Dormi o ninno, dormi core”) [9’33”], los presentes dejan de cantar y bailar para no despertar al Niño dormido. Para entretenerse, deciden entonces… jugar a las cartas. En la página final [11’30”], entre múltiples alusiones al juego de la ombra, la barroca imaginería del texto elabora la atrevida metáfora de Cristo como jugador que apuesta su propia vida y, al morir, gana.
La Veglia es una celebración navideña como solo un napolitano podía concebirla, en la interpretación sabrosa de quienes son sin duda los intérpretes ideales de este repertorio: I Turchini de Antonio Florio.


