La música coral de Tippett: toda una revelación

TIPPETT
Unaccompanied Choral Music. The Carice Singers. Dir.: George Parris. SIGNUM (1 CD)
Michael Tippett tuvo que soportar las constantes comparaciones con su contemporáneo Benjamin Britten, de las que siempre salía malparado. Mientras Britten era preciso, disciplinado y conciso, Tippett tendía a la dispersión, especialmente en sus cinco óperas, tan caprichosas y faltas de sustancia como una bolsa de golosinas sin azúcar. Mientras Britten compartía mesa con la familia real, Tippett vivía en una modesta casa de campo y, por elección propia, andaba descalzo y sin pantalones.
El disco reúne los arreglos de Tippett de cinco espirituales negros y cuatro canciones tradicionales de las islas británicas, junto con media docena de composiciones corales propias. Dada mi escasa simpatía por la música de Tippett, esperaba encontrarme con algo tan poco apetecible como unos huevos ecológicos caducados. Sin embargo, el disco ha sido toda una revelación. Tippett maneja las voces mixtas como Lucian Freud manejaba los colores, con un dominio absoluto de las densidades y los matices que desea obtener. Sus armonías poseen una riqueza y una personalidad inconfundibles. Deep River, la célebre canción con la que Paul Robeson cautivaba a sus públicos, adquiere aquí una profundidad casi psicoanalítica, como si se adentrara en los rincones más primitivos del inconsciente.
Aprendí estas canciones británicas en la escuela primaria, pero descubro ahora en ellas una riqueza que no recordaba. Por su parte, la Lullaby de Tippett, de 1959, para contratenor y coro, nos introduce en un universo onírico absolutamente personal. Los Carice Singers, responsables del redescubrimiento de estas pequeñas maravillas, toman su nombre de la hija de Elgar. La dirección corre a cargo de George Parris. En estos tiempos de conflictos y discordias, ha sido una verdadera suerte encontrarme con un disco que transmite tanta serenidad.
Norman Lebrecht


