LA CORUÑA / Una ‘Fantástica’ sin fantasía

LA CORUÑA / Una ‘Fantástica’ sin fantasía

La Coruña. Coliseum. 13-XI-2020. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Richard Egarr. Obras de Mozart y Berlioz.

Richard Egarr es una de las figuras más prestigiosas en el momento actual de lo que llamamos la interpretación históricamente informada, titular hasta el año próximo de la Academy of Ancien Music y, a partir del mismo, de la Philarmonia Baroque Orchestra de San Francisco, además de un extraordinario clavecinista. Quiere decirse que su fama le precede y que ella se asienta en un trabajo que conciertos y discos testimonian sobradamente. Es verdad que en un repertorio muy concreto del que, como muchos de sus colegas, sale con frecuencia con la sana intención de alcanzar otros horizontes. Su programa con la OSG era muy atractivo a priori, sobre todo por ver cómo negociaba la Sinfonía Fantástica, teniendo en cuenta, además, que Berlioz ha sido transitado por directores que vienen de su misma escuela, como Gardiner, Norrington o Minkowski, y que le contempla una larga tradición de estupendos maestros británicos que lo amaban especialmente como Thomas Beecham, Colin Davis o Alexander Gibson.

La Sinfonía Haffner se leyó a la vez con la intensidad propia de la tradición interpretativa de Egarr y una cierta falta se transparencia que quizá quepa achacar a lo nutrido del orgánico y a la acústica del Coliseum. La versión de la Fantástica, por su parte, resultó escasa de aliento romántico, falta de intención y de armazón narrativas, poco ensoñadora y menos alucinada. Mucho más pegada a la letra que al espíritu, cinética e implacable en lo sonoro, pero falta de vuelo en lo expresivo. De modo que se llegó al final por la vía de lo agreste habiendo sobrevolado momentos bien sutiles que quedaron sumidos en el conjunto de una concepción como de una pieza, retórica pero no brillante. Nada tiene que ver la energía discursiva ni con la sucesión de pinceladas ni con la potencia sonora y así se perdió por el camino la aquilatada ductilidad de la OSG.

Todo lo escrito puede confrontarse —para rebatirlo, por ejemplo, aunque también para complementarlo— con la imagen de la orquesta —mucho más numerosa que los treinta espectadores que estábamos en el patio de butacas o en las gradas del Coliseum— aplaudiendo a rabiar al maestro a la conclusión del concierto.