LA CORUÑA / OSG: la galantería va por dentro

LA CORUÑA / OSG: la galantería va por dentro

La Coruña. Palacio de la Ópera. 28-V-2021. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director y violín: David Grimal. Mozart: Conciertos para violín y orquesta nº 1-3.

David Grimal y la Orquesta Sinfónica de Galicia recalaban en La Coruña con los tres primeros conciertos para violín y orquesta de Mozart tras haberlos interpretados en Lugo y Vigo. El solista francés y la orquesta gallega se entienden maravillosamente. Se percibe una admiración mutua que colabora sin duda a que en los ensayos queden claros los conceptos y, ya en el escenario, unos cuantos gestos sean suficientes para que la labor directoral consiga que el concepto previamente planteado funcione adecuadamente. Sigo sin entender por qué Grimal se anuncia como “director artístico” cuando su labor corresponde a la de un director invitado con ideas propias, por lo demás magníficamente expuestas a lo largo del concierto.

Grimal se sirve de un orgánico reducido en la cuerda —5, 4, 3, 2, 1—al que aplica las características de la interpretación con instrumentos originales, tal la ausencia de vibrato. Y, sobre todo, revisa en la medida de lo posible lo que de indudable presencia del estilo galante hay en estas piezas. No lo niega, desde luego, pero sí lo pone en conversación dialéctica con lo que esa música propone respecto a su autor y a su modo de vivir el momento, es decir eso que ya revelaron hace cincuenta años los Massin y que sigue dando que pensar mientras hace que los tres conciertos se escuchen casi como un continuo, a la búsqueda de alguna clave que nos ayude a encontrar la salida a esa cierta paradoja.

La propuesta se plantea a partir y a través de una extraordinaria competencia técnica por parte del gran violinista que es Grimal. No sólo poderoso sino mucho más que eso, imaginativo —el uso de las brillantes y hasta a veces hondas cadencias de Brice Pauset es un logro— y sutil, dispuesto a que cada detalle tenga su peso en el discurso. Y siempre dando la sensación de fusión total —y no solamente porque a veces se una al tutti— con una OSG que estuvo a la altura de su director, atenta a un sonido conjunto que revelaba el compromiso de cada atril. Fue una lástima, aunque no empañe el sobresaliente resultado del concierto, que Grimal tuviera un problema técnico con su Stradivarius antes de empezar el Adagio del Concierto nº 3. La interrupción fue larga y la avería no debió arreglarse a satisfacción pues a partir de ahí y hasta el fin de la obra se notaron las precauciones propias del caso y faltó la fluidez y la naturalidad que, junto a lo dicho, marcaron el resto de una velada llena de interés.