LA CORUÑA / La maestría de un contemporáneo

LA CORUÑA / La maestría de un contemporáneo

La Coruña. Palacio de la Ópera. 15-XI-2019. Marianna Prjevalskaya, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Clemens Schuldt. Obras de Torres, Saint-Saëns y Schumann.

A veces los conciertos debían ordenarse al revés de lo establecido, que suele ser obertura u obra de estreno primero, obra con solista en el centro y sinfonía al final. Y esa es la sensación que este crítico tuvo en el de la Sinfónica de Galicia que abría en los de abono un paréntesis hasta el 13 de diciembre —lo que no significa que pare su actividad pues ofrece unos cuantos extraordinarios y acompaña los días 22 y 23 de noviembre a la Compañía Nacional de Danza en una Carmen.

El caso es que es tal la facundia de las Tres pinturas velazqueñas de Jesús Torres (Zaragoza, 1965) que su éxito al ser interpretada de inicio seguramente se hubiera duplicado de serlo al final. Y de no ser así del todo, al menos el respetable hubiera comprobado que hay música española y contemporánea capaz de cerrar un concierto con todas las de la ley. Porque la partitura de Torres, ya bien rodada por muchas orquestas españolas pues fue Premio AEOS- Fundación BBVA, rebosa sabiduría compositiva, capacidad para emocionar desde la evocación de la plástica en la que halla su pretexto y una brillantez sonora susceptible de impresionar a cualquier oyente sin prejuicios. Un oyente que quizá permanezca expectante a lo largo de La Venus del espejo y su cierta disquisición pero que probablemente quedará sumergido en el drama que propone —con unos medios de una admirable pertinencia sonora y expresiva— en Cristo crucificado y en la fiesta a que se le invita en El triunfo de Baco, esa exaltación que Teresa Cascudo, en sus estupendas notas al programa, nos recordaba a raíz de cómo el propio compositor apela al carácter narrativo de su obra y a que “una cierta idea del estado de alteración de la conciencia o de exaltación que provocan la sensualidad, el misticismo y el alcohol debería formar parte de su interpretación”. Ni que decir tiene que Clemens Schuldt [en la foto] y los profesores de la Sinfónica de Galicia estaban perfectamente sobrios pero también decididos a que tan buena música exhibiera sin cortapisas todas sus cualidades reflexivas y comunicadoras. Fue una interpretación memorable de una obra maestra. No cabe más atención a la rítmica, al color, al detalle, a la claridad en los planos —tan importante en su tercera parte— que la ofrecida por Schuldt, quien demostró su familiaridad con la música de nuestro tiempo, a la que trata con mimo en su Orquesta de Cámara de Múnich.

La soltura del todavía treintañero director alemán, que luce una eficaz gestualidad en el podio, se mostró igualmente en partitura tan conocida como la Sinfonía “Primavera” de Robert Schumann, en una versión intensa y apasionada a la que no le faltó alguna reflexión interesante. Lo mejor fue, sin duda, el cuarto movimiento, excelentemente desarrollado y, sobre todo, sus muy bien planteadas transiciones a lo que unió una coda magnífica.

La pianista ruso-española Marianna Prjevalskaya, alumna de Toradze y Berman, fue solista en el curioso, si se me permite la expresión, pero al mismo tiempo muy de su tiempo por la parte más excéntrica que le toca, Concierto nº 2 de Saint-Saëns. Ni una sola de sus notas pareció escaparse a su control atentísimo, férreo, casi se diría que demasiado férreo. Esos mimbres técnicos tan impresionantes y ese poderío sin miedo a nada le debieran procurar algo más de libertad para, en este caso, llegar a alcanzar el vuelo, la coquetería, incluso, que la pieza del autor francés posee. La batuta se plegó adecuadamente a la propuesta —con lo que se quedó un poco de luminosidad por el camino— y el público premió a Prjevalskaya con grandes ovaciones que le animaron a ofrecer como encore un vals compuesto por ella misma sobre el modelo raveliano.