Scherzo | CRÍTICAS / LA CORUÑA / Grupo Instrumental Siglo XX: Cumpleaños feliz, por Luis Suñén

LA CORUÑA / Grupo Instrumental Siglo XX: Cumpleaños feliz

LA CORUÑA / Grupo Instrumental Siglo XX: Cumpleaños feliz

La Coruña. Palacio de la Ópera. 19-XI-2022. Nuria Lorenzo, mezzosoprano. Grupo Instrumental Siglo XX. Director y violín: Florian Vlashi. Obras de Falla, Boulez et al.

Con estimulante frecuencia insiste en estas páginas mi compañero Paco Yáñez acerca del estupendo momento que vive la música de nuestro tiempo en Galicia, desde la creación hasta la interpretación, pasando por las muestras especializadas, la interacción con otras artes, la creciente afección del público, la lucha contra los elementos y esa sensación general bien palpable de que aquí están pasando cosas. Protagonista de todo ello ha sido y es el Grupo Instrumental Siglo XX, nacido de las filas de la Orquesta Sinfónica de Galicia, que ha estrenado 184 obras de compositores españoles y que en el concierto que comentamos celebraba su cuarto de siglo. Es, pues, solo cinco años más joven que la propia OSG, lo que muestra el temprano afán de sus componentes —y muy especialmente de su fundador y director, Florian Vlashi— por dedicarle un espacio a la creación actual, seguramente entonces con más dificultades que ahora —o quizá simplemente distintas—.

Preparó el GISXX para su cumpleaños un interesantísimo programa —introducido con pasión en charla previa por la musicóloga Rosa Fernández—, en el que cada una de sus tres propuestas tenía sentido pleno. Los poco más de cinco minutos de Psyché de Falla abrirían una sesión en cuya segunda parte se daría, por vez primera para el conjunto coruñés, Le marteau sans maître de Pierre Boulez. Entre ambas páginas, fundamentales por razones bien diferentes en el repertorio del pasado siglo, 25 micro-secuencias que son lo que su título indica, es decir, veinticinco piezas muy breves para ser interpretadas por distintos miembros del conjunto: violín, flauta, oboe, viola, clarinete, clarinete bajo, piano, contrabajo arpa, trompa, xilorimba, trompeta, vibráfono, violonchelo, fagot y trombón —alguno, como puede verse al hacer el cálculo, repitiendo intervención—.  Sus autores: Paulino Pereiro, Eligio Vila, Juan Berná, Federico Mosquera, Xavier de Paz, Eduardo Soutullo, Manuel Mosquera, Karolis Bivenis, Juan Vara, Ramón Otero, Helena Palma, Octavio Vázquez, María Mendoza, Miguel Brotóns, Xoán Vázquez Casas, Manuel Alejandre, Margarita Viso Soto, Julio Montero, Fernando Buide, Jacobo Gaspar, Wladimir Rosinskij, Carme Rodríguez, Jesús González, Juan Durán y Julián Rodriguez.

La suma de las invenciones de los elegidos resulta en un conjunto introducido en cada una de sus tres partes por el violín, que es quien, igualmente, lo concluye y que funciona estupendamente. En ello influye, desde el inicio y como sin querer, la propia disposición del oyente que no sabe si lo que va a enfrentar es una sucesión o una suma y que resulta al fin en ambas cosas: todo funciona por sí mismo —aun en su brevedad— y en su conjunto. Permite confrontar procedimientos y resoluciones estéticas que saben definirse en un instante, más allá también del homenaje que suponen. Cada secuencia estuvo magníficamente servida por su correspondiente destinatario hacia el cual se volvían las miradas de sus compañeros en una suerte de leve coreografía, algo tímida pero suficientemente eficaz. No era necesario, pero hizo que la audición se hiciera si cabe más atrayente. Y, desde luego, manifestó aún más las posibilidades de una obra, a la vez individual y colectiva, que podría perfectamente traspasar la frontera del mero cumpleaños feliz.

El resto del programa mostró muy bien los presupuestos del GISXX, su sentido del devenir de la música del tiempo que le da nombre y la indudable calidad de sus componentes. A ella correspondieron las versiones de Falla y Boulez: de la abundantia cordis siempre controlada del gaditano en su exquisita joya a esa apoteosis del análisis que es una de las obras cimeras del maître à penser al que, no por nada, el recientemente desaparecido Ned Rorem definió un día, con certera exactitud, como ‘monarca absoluto’. A seguir cumpliendo y nosotros que lo veamos.

Luis Suñén