LA CORUÑA / Florentin Ginot clausura la mejor edición del Festival RESIS

La Coruña. Domus. 31-V-2025. Florentin Ginot, contrabajo y arreglos. Obras de Marais, Scodanibbio, Lachenmann, Iannotta, Aperghis y Nemtsov.
Después de que Galicia se hubiese convertido, el pasado mes de mayo, en el epicentro de la música contemporánea en España, con hasta seis ciclos y festivales discurriendo en paralelo, es tiempo de irnos despidiendo de cada uno de ellos; de forma que, tras las respectivas clausuras de Do Audible, Latexos y las Xornadas de Santiago de Compostela, turno ha sido para que el Festival RESIS bajase su telón en La Coruña, firmando, bajo la dirección artística de su fundador, el compositor Hugo Gómez-Chao, la mejor edición de las ocho que RESIS cumple en 2025, convirtiéndolo en uno de los festivales de música contemporánea más importantes de cuantos de celebran en nuestro país, como les hemos venido dando cuenta en Scherzo.
Entre las claves que justifican no sólo esa posición a nivel nacional, sino el crecimiento que permite a RESIS superar cada año su anterior edición, están la ampliación y la profundización en lo más selecto del repertorio contemporáneo, la diversificación e internacionalización de sus sedes, el haber incorporado por primera vez este año a la Orquesta Sinfónica de Galicia, la presencia cada vez mayor de los mejores especialistas mundiales en dicho repertorio, o un relevo generacional que hace que un buen número de dichos músicos cuenten en la actualidad en torno a los treinta o los cuarenta años de edad: algo muy importante para RESIS, pues abre sus puertas a colaboraciones a largo plazo que no harán más que consolidar la calidad de este festival en el futuro, cimentando unas redes de excelencia internacional que desde 2025 incluyen el apoyo de la Fundación Ernst von Siemens.
Tras lo escuchado en el extraordinario recital con el que clausuró la octava edición de RESIS, no cabe duda de que Florentin Ginot, contrabajista francés de tan sólo treinta y un años que desde 2015 es el miembro más joven del Ensemble Musikfabrik, está llamado a ser uno de esos músicos que deberían establecer una relación estable con este festival, como las que ya tienen los cuartetos Diotima y Gerhard, o el Arxis Ensemble (en su condición de agrupación residente), pues lo que nos ofreció el pasado 31 de mayo en la Domus de La Coruña sólo puede ser calificado de sobrehumano.
Dicha demostración de absoluto dominio del contrabajo comenzó con la que es otra de las señas de identidad de RESIS, así como una más de las claves de su éxito (facilitando el acceso del público a la música de hoy): el diálogo de la gran tradición con la creación contemporánea; algo que, en el caso de Florentin Ginot, se extendió a la música popular, pues una improvisación sobre un alalá proveniente de las Cantigas de Santa María le sirvió no sólo para abrir su concierto, sino para enlazar sin interrupción dicha evocación del siglo XIII gallego con la música de su compatriota Marin Marais y sus Pièces pour viole, teniendo un puente entre la Edad Media y el Barroco que alcanza las dimensiones de un viaducto, pues llegó, en la última partitura del programa, hasta una pieza estrenada en 2025.
Hablar de las Cantigas de Santa María y de Marin Marais es traer a nuestra memoria a quien es la gran referencia en ambos repertorios, Jordi Savall, de quien Ginot bebe parte de su aplomo y musicalidad; especialmente, en articulación y en el refuerzo de un registro grave que, con su contrabajo, se acusa especialmente con respecto a las piezas originales, como lo hizo con Biber y Bach en su grabación para el sello NoMadMusic del año 2021, sumando allí tiorba y sintetizador: una buena muestra de que los arreglos de Florentin Ginot no son meras transcripciones, sino ejercicios de creatividad que muestran su faceta más puramente artística. En RESIS no fue Ginot tan lejos, más allá de la amplificación que utilizó en su contrabajo durante todo el concierto: más liviana, en las piezas sin componente electrónico; más acusada, en las que lo tuvieron.

También el contrabajista y compositor italiano Stefano Scodanibbio miraba con frecuencia al pasado y a la música popular a la hora de escribir sus partituras, algo de lo que son bellísimos ejemplos su Canzoniere Messicano (2004-09) o sus Quattro Pezzi Spagnoli (2009). En el caso de Farewell, último de sus Sei Studi (1981-93), estamos ante un allegro en el que cada mano ataca dos cuerdas del contrabajo constantemente en pizzicato con continuos cambios de compás y un carácter improvisado que se refuerza por la forma en que Scodanibbio escribe la partitura: a modo de frases que, como sugerencias, pueden ser tomadas por el contrabajista para dar forma a cada nueva versión de Farewell. En el caso de Florentin Ginot, priman ese eco de lo popular y la libertad de la improvisación, pero, asimismo, un ataque en el pizzicato que le confiere modernidad e impacto, uniendo, una vez más, tiempos y estilos históricos, así como otorgando lógica y direccionalidad al programa.
Como hemos venido señalando desde la inauguración de RESIS, Helmut Lachenmann ha sido, con motivo de su nonagésimo aniversario, el gran protagonista de la octava edición del festival: un homenaje que se cerró con una partitura que ya había sonado en la primera edición de RESIS, Toccatina (1986), interpretada por Florian Vlashi en mayo de 2018 con el instrumento para el que ésta fue compuesta, el violín. Curiosamente, también ese mes de mayo de 2018 estrenaba Florentin Ginot en Colonia la versión para contrabajo de Toccatina, que preparó con el propio Lachenmann, dando como resultado una partitura que diría más atractiva en su segunda parte, mientras que la primera, con las micropercusiones de las cuerdas y sus filtrados a través de glissandi con el tornillo del arco, suenan más concentradas y brillantes en el violín. Sin embargo, los pasajes en los que Ginot frota con el arco ya sean las clavijas, el puente o el cordal, adquieren en su contrabajo una sonoridad más audible y poderosa (reforzada por la amplificación) que le confiere una presencia mistérica y cavernosa imposible para un violín, aunque no estemos, ni mucho menos, ante la mejor obra de Helmut Lachenmann.
Sí lo estamos, dentro del catálogo de la compositora romana Clara Iannotta, con a blur of fur and bone (ii) (2023-24), partitura para contrabajo amplificado que el propio Florentin Ginot estrenó en octubre de 2024 en los Donaueschinger Musiktage. Ello nos habla de otra de las claves del éxito del festival herculino: el contar cada año con los intérpretes que, mano a mano, crearon las obras con sus respectivos compositores, ofreciendo sus estrenos, siendo ya parte de RESIS una amplia nómina al respecto que va del Arditti Quartet y José Manuel López López a SIGMA Project y Raphaël Cendo, pasando por Florian Hoelscher y Alberto Posadas o Cantando Admont y Beat Furrer, entre muchos otros protagonistas de la mejor música del siglo XXI.
a blur of fur and bone (ii) es una obra colosal que refuerza a Clara Iannotta como una de las mejores compositoras de nuestro tiempo, con rasgos de estilo ya muy afianzados y personales que en esta partitura nos hablan de la ampliación de los espectros armónicos en una tensión poderosísima que se agudiza por el uso de técnicas extendidas derivadas del propio Lachenmann (nueva demostración de la lógica que vertebró un programa que, en sí mismo, era toda una obra de arte musical), mostrando la concatenación del estilo a lo largo de la historia de la música. La amplificación, aquí, sí se antoja necesaria, para revelar así cada matiz microscópico con el que Ginot lanza las estelas de ruidos y armónicos que se abalanzan sobre el contrabajo, cual llegados desde otros tiempos y espacios, emergiendo tras remover las entrañas del instrumento para dejarnos momentos acongojantes en la que me ha parecido la obra más impactante del programa, tanto por su calidad artística como por la soberbia interpretación de Florentin Ginot.
No muy a la zaga le anduvo la partitura que daba título al concierto, Obstinate (2017-18), obra de Georges Aperghis igualmente dedicada a un Florentin Ginot que, cual escultor, en Obstinate lucha contra la terquedad de las cuerdas, con gestos —según Jérémie Szpirglas— repetidos, furiosos e incansables. El ahínco y la energía que despliega aquí Ginot llegan a implicar, para redoblar su energía cual lanzador de peso, al grito en su propia voz, con los recitados (algo tan propio de Aperghis) que acompañan a ese continuo escalar las cuerdas del contrabajo, ya sea en glissandi, sobrepresión o arcos circulares, dejando momentos nuevamente impactantes en los que la voz nos recordará al flamenco, por su atavismo y sus rítmicas energías sincopadas.
Tras un nuevo alalá que, otra vez puesto en directa conexión con Marin Marais, nos volvió a sumergir en las profundidades de la historia, turno fue para la última partitura de un programa que, aquí llegados, ya no dudábamos de que habría de figurar entre los más impresionantes de las ocho ediciones que en 2025 cumple RESIS; una partitura que volvió a tener a Florentin Ginot como intérprete de su estreno, efectuado en el Festival ECLAT de Stuttgart el pasado 2 de febrero, lo que nos habla de la total actualidad de lo escuchado en G’vurah (2024), página para contrabajo amplificado con efectos de pedales de la compositora alemana Sarah Nemtsov.

Con G’vurah ampliamos otra línea estética en RESIS: la que hace dialogar a distintos estilos musicales entre sí, pues es difícil no pensar en el rock progresivo al escuchar esta partitura que nos remite a la quinta sefirá del Árbol de la vida cabalístico, cuyas diez esferas ha ido musicalizando Sarah Nemtsov en las piezas que conforman su ciclo Sephirot. Dentro de dicho ciclo, G’vurah representa la severidad, así como (en la antigüedad) la fuerza, la voluntad y el ocultamiento: propiedades que están presentes en una partitura que genera continuas avalanchas de sonido distorsionadas por los pedales, cual si el contrabajo acumulase una sola catástrofe que soplase desde el paraíso: paráfrasis, evidentemente, de la interpretación del Ángel de la Historia por Walter Benjamin, a la que la propia Nemtsov nos remite para poner en contexto G’vurah dentro del cúmulo de desastres que hoy en día nos rodean por doquier; de ahí, el carácter apocalíptico de una partitura que está directamente conectada con las restantes esferas a las que se une en el Árbol de la vida (aunque en RESIS no lo hayamos visto, al ser interpretada una sola pieza de Sephirot).
Vida, desde luego, es lo que le insufla a la partitura Florentin Ginot, un músico ante el cual llegaremos a dudar de si es el instrumentista quien toca su contrabajo, o si es ese contrabajo el que se ha adueñado del instrumentista, haciendo de su cuerpo una parte más del instrumento. Y es que la fusión de ambos ha sido total en RESIS, como total es el dominio técnico del contrabajista galo, su creatividad a la hora de tocar y un rigor unido con una subjetiva libertad que no son, ni mucho menos, fáciles de contemplar en vivo a semejante nivel: el más alto que en la música contemporánea podamos disfrutar hoy en día.
A esos dos cuerpos del contrabajista y su contrabajo se unió un tercero, al que vimos en la gran pantalla de la Domus: el del bailarín Germain Zambi, cuyos movimientos, así como las imágenes de Florentin Ginot en tiempo real, completaron, unidos a las videocreaciones del propio Ginot (todas ellas, delicatessen de gran belleza), un programa que quedará para el recuerdo por su coherencia e intensidad: una auténtica ola de música, fuerza y luz con la que RESIS, a orillas del Atlántico, ha vuelto a superarse a sí mismo en su octava edición.
Paco Yáñez
(Fotos: Xurxo Gómez-Chao / Festival RESIS)


