KARLSRUHE / Mágica y seductora lectura de ‘Rinaldo’ por Alessandrini y Horstkotte

Karlsruhe. 23-II-2025. Haendel-Festspiele Karlsruhe. Lawrence Zazzo, Valeria Girardello, Suzanne Jerosme, Francesca Ascioti, Jorge Navarro Colorado, Lisandro Abadie, Martha Eason. Deutsche Händel-Solisten. Dirección musical: Rinaldo Alessandrini. Dirección escénica: Hinrich Horstkotte. Georg Friedrich Haendel: Rinaldo.
Una calavera que mira fijamente al auditorio a telón bajado anuncia de forma horripilante la representación de Rinaldo de Haendel, prometiendo horror teatral, espectáculo escénico y magia. Haendel lanzó su brillante carrera en Inglaterra con esta ópera seria en el Queen’s Theatre de Londres en 1711, y desde entonces su ascendente estrella artística nunca se ha apagado.
El Festival Haendel de Karlsruhe, que este año celebra su cuadragésima séptima edición, forma parte de un trío de festivales que honran y celebran cada año el genio musical y dramático del compositor sajón, junto al de Göttingen (activo desde 1921) y al de su ciudad natal, Halle (inaugurado en 1952).
La lectura del director Rinaldo Alessandrini de la segunda versión de ‘Rinaldo’, fechada en 1731, prescinde de formulaciones musicales impactantes. Su estilo es galante, delicado y se apoya poco en acentuaciones enardecedoras. Los Deutsche Händel-Solisten, todos ellos de renombre en el ámbito de la música antigua, no siempre acompañan con esmero, pero son enérgicos y vivaces. El volcán engañosamente tranquilo y suavemente burbujeante sobre el que se mueven los protagonistas se despliega sobre una escena, concebida y diseñada por Hinrich Horstkotte, que representa en toda su plenitud el universo artificioso y repleto de glamurosas maravillas del teatro barroco.

Horstkotte propone también una introspección cargada de ironía, bien pensada, eficaz e imaginativa. Su juego con la artificiosidad del teatro barroco se centra en el amor y sus enredos, errores y confusiones humanas incluidas. La escena está salpicada de todo tipo de criaturas aladas y marinas, pájaros negros de estilo hitchcockiano que caen del cielo, un dragón verde, delfines, monstruos marinos y peces saltarines se mezclan en un espacio que simula el mar del reino insular de Armida. Pero, al mismo tiempo, todo sucede entre filas de butacas, el teatro barroco que es el escenario del mundo ilusorio de Armida. La sofisticada dirección actoral, muy atenta al desarrollo interior de los personajes, confiere a la visión de este Rinaldo una sensual profundidad de foco.

Rinaldo es un héroe triste, cuya angustia espiritual, febril enamoramiento y ansia de batalla, se esfuman al final de la ópera. Lawrence Zazzo interpreta al personaje con lacerante apasionamiento, exhibiendo una coloratura que suena como lágrimas plateadas arrancadas a un torrente amoroso. Zazzo es un contratenor de carácter que sabe representar la profundidad y la verdad con virtuosismo. Su interpretación resulta tan convincente como la de la vivaz y voluble Almirena, cantada con presencia y gran capacidad de seducción por Suzanne Jerosme. Almirena se rinde completamente a la fascinación cortesana y al final desprecia a un agotado Rinaldo, a quien una vez deseó sensual y salvajemente. Por su parte, las fulgurantes apariciones de la hechicera Armida resultan sobrecogedoras; emerge de una cúpula dorada y luce un deslumbrante vestido que evoca la imagen de la mozartiana Reina de la Noche. Su isla mágica es un teatro dentro de un teatro barroco. Flota entre hileras de sillas rojas y atrae a Rinaldo desde una góndola como una sirena. Valeria Girardello canta a esta mujer mágica con bravura no exenta de delicadeza, y en todo momento se muestra como una excelente actriz. El personaje de Argante, adversario de Rinaldo y Goffredo , estuvo muy bien cantado por Francesca Ascioti, caracterizado como un pájaro mágico, negro e iridiscente. Tal vez el punto menos convincente del reparto fue el apagado e incoloro Goffredo del tenor Jorge Navarro, mientras que el bajo Lisandro Abadie cantó con elegancia al Mago y a Araldo.
Al final todos cantan “Felices aquellos que saben llenar de sentido el corazón”. El escenario está vacío, Jerusalén destruida. El “lieto fine” se antoja engañoso. El caballero del semblante afligido, Rinaldo, se sienta al borde del escenario con el sabio mago disfrazado de Haendel. Ambos celebran la magia de la música, el amor y la ilusión barroca.
Barbara Röder


