Kapustin y Schnittke, dos compositores que volverán

Kapustin y Schnittke, dos compositores que volverán

NIKOLAI KAPUSTIN, ALFRED SCHNITTKE: Conciertos para violonchelo / Eckart Runge, chelo. Rundfunk Sinfonieorchester Berlin. Dir.: Frank Strobel / Capriccio

(*****)

En los últimos años de la Unión Soviética, un compositor podía ser proscrito y al mismo tiempo mantenido por el sistema. Cuando las sinfonías de Alfred Schnittke fueron eliminadas de los programas de concierto, el compositor recibió encargos para escribir música para la industria cinematográfica por parte del jefe de la Unión de Compositores, Tikhon Krennikov, el mismo apparatchik que había ordenado la prohibición de sus sinfonías.

Nikolai Kapustin, que escribía partituras de jazz que eran sitemáticamente censuradas, fue durante gran parte de su carrera el pianista residente de la principal orquesta sinfónica de la Radio de Moscú, un conjunto que ocasionalmente accedía a interpretar algunas de sus obras no socialistas (solo para rechazarlas en el último momento). Ese Estado bifronte generó un extraordinario sentido de adaptación y una gran versatilidad entre los compositores.

Kapustin, que murió el mes pasado a la edad de 82 años, escribió jazz en el estilo boogie de los años 50, rítmicamente contagioso y, al mismo tiempo, muy alejado de su propia realidad social. Su primer concierto para violonchelo, escrito cuando ya había cumplido los sesenta, es una visión de lo que Moscú podría haber sido si cambiara de lugar con Manhattan. El movimiento central (Largo) se funde positivamente con un soleado blues y la obra, de veinticuatro minutos de duración, transcurre tan rápido que uno quiere escucharla de nuevo tan pronto como ha terminado.

El primer concierto para violonchelo de Schnittke, escrito en 1986 y estrenado en Munich por Natalia Gutman, fue compuesto mientras se recuperaba de un derrame cerebral (‘Tuve en tres ocasiones una nítida visión del más allá’). Reflexivo a veces, fuertemente influenciado por Alban Berg, el concierto es cualquier cosa menos sombrío, y la parte del violonchelo es claramente la voz del propio compositor, con la orquesta funcionando como telón de fondo de la sociedad de masas. O no: a Schnittke le gustaba engañar a la oficialidad y jugar con sus oyentes. En el siglo XXI su música ha desaparecido prácticamente del repertorio mundial. Volverá.

El violonchelista alemán Eckart Runge, que formó parte del Cuarteto Artemis, realiza impresionantes lecturas de ambos conciertos, llenas de pasión y lirismo. Frank Strobel dirige la excelente orquesta de la radio de Berlín. Me imagino a Kapustin en el fondo, sonriendo desde el piano.