Juanjo Mena: “Esta ‘Juana de Arco’ me llega en un buen momento”

Juanjo Mena: “Esta ‘Juana de Arco’ me llega en un buen momento”

Volvemos a encontrarnos con el maestro, que a partir del 7 de junio dirigirá en el Teatro Real de Madrid un programa doble con La damoiselle élue de Debussy y Juana de Arco en la hoguera de Honegger.

El mes de junio le veremos en el Teatro Real, en Madrid, dirigiendo ópera en un programa nada convencional.

No soy de óperas convencionales. Estas funciones vienen de un proyecto con La peste de Roberto Gerhard que se fue dejando y se canceló. Es música francesa que conozco y me gusta, es buena música y, sobre todo, es un montaje de La Fura dels Baus. Todo tiene una potencia muy importante como para que sea mi presentación en el Teatro Real dirigiendo ópera, si llamamos así a La damoiselle élue y a Juana de Arco en la hoguera. Con un montaje escénico que hace que funcione la unión de dos mundos musicalmente distintos, con La Damoiselle como prólogo de Juana. He hecho mucha música de Honegger en el pasado y, desde luego, de Debussy. Llega en un buen momento.

¿Es usted de los que piensan que una ópera empieza siempre en el foso?

Sin ninguna duda. Y habrá que demostrarlo. Se aprende mucho de las óperas, del caos que representan, de la necesidad de moverse bien en ello. Cuando vuelves a lo sinfónico, es un paseo comparado con un teatro. En este caso, por ejemplo, la parte coral es muy difícil y adaptarse a La Fura también lo es. Sé que el coro del Teatro Real es muy bueno. Lo conocí en la última Novena que hemos hecho y su director es muy profesional, con lo cual partimos de una seguridad cierta. Me atrae muchísimo la propuesta y, de hecho, las fechas se han cambiado dos veces desde 2017 al 2020 y ahora.

Juanjo Mena, Marion Cotillard y Àlex Ollé, en el Teatro Real. (Foto: Javier del Real)

Déjeme que casi terminemos con una frase de otro de sus maestros, Sergiu Celibidache: “El fin de la música no es la belleza sino la verdad”.

Lo tengo muy claro. Yo no perdono la verdad. La verdad es lo que me guía. Tanto que a veces tengo conflictos por ser tan riguroso. De mi tiempo en BBC aprendí que la partitura es dios y que lo que está escrito lo tengo que entender muy bien, respetarlo al máximo. Y desde ahí podremos hacer música. Y si eso te lleva a asumir el riesgo de ensayar por secciones con una orquesta de primerísima clase que nunca lo hace, pues adelante. Habrá quien diga que eres un tarado, pero los resultados te darán la razón. Si no entiendo lo que está escrito… mal asunto, porque no podré proponer las soluciones. No se trata de literalidad sino de que esa es la base sobre la que trabajar para resolver un problema concreto, puntual, yendo más allá. No se trata de pensar solamente en si un ritenuto está escrito forte o piano. No hablo de eso. Hablo de respetar lo que está escrito, no de que todo se centre en el tempo y en una pura formalidad que es totalmente estructural, que no es música. Y cuando intento lo que sé que no voy a conseguir trato de acercarme a ello partir de ahí, de un nivel creativo. Mire, por ejemplo, en la transición de la Tercera de Brahms al final, cuando aparece el coral, todos esos arpegios de los violines en los que hay mucha carne, si utilizas los arcos que están escritos, que son muy gananciales, no consigues quitar la tensión y muchas veces lo que he planteado ha sido decir: señoras y señores, esto no funciona, hay muchísima presión, mucho peso, no llegamos cómodamente al coral. Hagan cinco compases arco abajo. De esa manera el sonido va cayendo y aparece el coral perfectamente. Porque la textura cae lógica y naturalmente. Pero no lo pongan en la partitura, les digo, porque este arco es una locura. Respetemos lo que está escrito, pero intentando hacer el sonido que acaban de tocar ahora mismo. Con el arco marcado. No voy a hacer un acelerando antes de tiempo y, si hay puesto un acento muy claro en ese punto, yo no lo cambio. Tengo que entender qué se pretende con ese acento. Y todo eso a partir de lo que tengo delante. Lo ves muy bien en algunas versiones ya históricas. Lo hablaba con una orquesta que aún tenía los apuntes de Clemens Krauss en el Así habló Zaratustra de Strauss.

¿En qué momento se encuentra?

En un momento bello, de madurez, de una madurez que quiere saber mucho más. Siempre voy a seguir buscando más. Y tratando de ser feliz. Haciendo esto soy muy, muy feliz.

Luis Suñén

[Foto superior: Íñigo Ibáñez / Quincena Musical de San Sebastián]

(Final de la entrevista publicada en el nº 384 de Scherzo, de mayo de 2022)