Josep Lluís Galiana: “En el proceso creativo que pone en marcha la libre improvisación no hay límites”

Además de saxofonista, compositor e improvisador, Josep Lluís Galiana (Valencia, 1961) es crítico musical, escritor y director de sendas productoras por él mismo fundadas: el sello discográfico Liquen Records y la editorial EdictOràlia Llibres i Publicacions, ambas con sede en Valencia. En 2024, Galiana ha publicado en EdictOràlia La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional, un libro con el que sigue profundizando en una improvisación libre a la que lleva dedicados cuatro libros y un gran número de ensayos, artículos periodísticos y grabaciones discográficas. A este libro se suma el lanzamiento en Liquen Records del disco Entartete Improvisationen, convirtiéndose libro y disco en los ejes de esta entrevista.
Tras haber publicado más de treinta discos y ocho libros de su autoría, ¿supone La libre improvisación musical un momento de recapitulación?
No es tanto una recapitulación, como, quiero pensar, un punto y aparte en esa insistente búsqueda de palabras con las que poder describir mi praxis musical cotidiana. Creo que después de todos estos años he alcanzado algunos de mis objetivos primigenios y, aunque voy a seguir improvisando cada día, tal vez, no tenga la urgencia que he tenido hasta ahora de seguir escribiendo sobre esta práctica musical. Una praxis que, a lo largo de tres décadas, me ha llevado a desarrollar no solo todo mi potencial artístico y a activar con lucidez mis procesos creativos, sino que me ha ayudado a tomar plena consciencia de mí mismo, lo que ha desencadenado una intensa labor de autoconocimiento y de introspección, de interaccionar mucho mejor con los demás improvisadores, a identificarme en esa otredad y a conocer en profundidad lo que nos diferencia y lo que nos convierte en cómplices. La práctica de la libre improvisación musical es una actividad eminentemente social, empática, comprometida, responsable, asertiva, plenamente autónoma, verdadera y honesta, crítica, tolerante, exigente y muy disciplinada, a la vez que esencialmente lúdica, que no solo te hace mejor músico y artista, sino también mejor persona.
Esa dimensión social se manifiesta en su último disco, Entartete Improvisationen, en el que forma trío con Joan Gómez Alemany y Jesús Gallardo. ¿Qué pautas se acuerdan, como conjunto, antes de una improvisación libre?
No acordamos ninguna pauta, ni estructura, ni estrategia. Solo nos ponemos a improvisar y a escuchar atentamente, y en ese momento todo comienza a fluir con absoluta naturalidad. Joan y Jesús son dos grandes músicos y artistas con los que colaboro desde hace algunos años y hemos grabado discos y compartido escenario en muchas ocasiones. Juntarlos, por primera vez, en este disco ha sido un gran acierto. Estaba convencido de que se iban a entender muy bien. Me siento muy a gusto haciendo música con ellos.
Ha denunciado usted, en diversas ocasiones, la escasa atención que la improvisación recibe por parte de instituciones y auditorios públicos en España, ¿en qué momento nos encontramos?
Conociendo la historia de la libre improvisación y después de tantos años improvisando en medio mundo, me atrevería a afirmar que la libre improvisación musical nunca contará con la atención de las instituciones públicas (y privadas). Ese rechazo es consustancial a los principios estéticos que definen esta práctica artística. No solo porque se trata de una práctica musical que no necesita partituras (ni compositores, ni directores, ni intérpretes) y porque es un proceso y no un producto, sino porque estamos hablando de que el improvisador se sustenta en lo que puede hacer y no tanto en lo que hace, y mucho menos en lo que deja hecho. Asimismo, en el proceso creativo que pone en marcha la libre improvisación no hay límites, no existe el error; su horizontalidad (ausencia de jerarquías) y su permeabilidad permiten que el espacio, su configuración, sus condiciones acústicas y su propio latido sonoro, y el público se incorporen al mismo.
Y, por último y no menos importante, el sonido es el único vehículo que guía el proceso, en el que se impone una escucha atenta y absolutamente renovada y diferente. Es obvio que todo ello es incompatible con la gestión de la cultura, en general, y de la música, en particular, que la burguesía realiza desde hace más de dos siglos. Unas directrices culturales que abrazan la jerarquía (el poder) por encima de todas las cosas, el gran negocio del producto acabado y listo para ser consumido hasta el agotamiento físico e intelectual, el permanente ensalzamiento del virtuosismo y la genialidad (viejos conceptos donde los haya), el desprecio hacia un público considerado inculto, con poca predisposición y escaso sentido crítico, y fácil de contentar con los repertorios y los espectáculos de siempre no tienen nada que ver con los principios y características que definen la libre improvisación. Dicho todo esto, se trataría de una incongruencia mayúscula pensar que la gestión cultural pública (y privada) vaya a incluir la libre improvisación musical en sus futuras programaciones.

Intentando construir un espacio propio fuera de ese ostracismo institucional, en 2016 funda usted Liquen Records, un sello que se ha convertido en una referencia en el campo de la improvisación en España. ¿Qué vertientes de la improvisación ha cubierto ya Liquen y cuáles querría incorporar a su catálogo?
Liquen Records surge de la necesidad de editar mi propia música y también la de otros artistas cercanos a mis gustos estéticos y con los que colaboro habitualmente, dada la escasez de sellos dedicados a las músicas contemporáneas o de nueva creación, experimentales, improvisadas, etc. Entre la treintena de referencias que Liquen Records tiene actualmente, podemos encontrar propuestas diversas como son la música contemporánea y la creación electroacústica, pero, sobre todo, la libre improvisación y la música experimental. Liquen Records es un sello muy pequeño y no cuenta con demasiados recursos económicos, ni demasiados apoyos externos, así que su producción lógicamente es pequeña.
¿Qué planes de futuro tiene Liquen Records?
Mis planes consisten en poder continuar editando mis propios trabajos a solo y en colaboración con otros improvisadores, continuar con la colección que dirige Carlos Galán al frente de su grupo Cosmos 21, “Infrecuentes”, en la que rescatamos compositores poco conocidos de nuestro actual panorama musical y, tal vez, alguna que otra propuesta insólita, que siempre surgen, pero siempre que tenga cabida en nuestra línea estética.
En su prólogo para La libre improvisación musical, Bartolomé Ferrando define la improvisación como una “agrupación de fragmentos sonoros de vida”, fragmentariedad por la que usted vuelve a optar en su nuevo libro, con un estilo entre lo ensayístico y lo experimental. ¿Qué lo define, como escritor?
Me considero un escritor poco ortodoxo y eminentemente experiencial. Es el contacto con lo empírico lo que me anima a describir lo que hago, lo que percibo, siento y experimento. Por eso, tal vez, mis libros tienden a ser artefactos literarios armados desde la fragmentariedad y la hibridación de géneros, estilos y maneras de decir. De ahí que mixture el ensayo con la poesía, el texto periodístico con una suerte de escritura automática o cuanto menos liberada de forma e inspirada en lo sonoro y lo visual. Y, efectivamente, como dice Ferrando, la libre improvisación es una actividad absolutamente fragmentaria, porque vive a caballo del instante. Hay una sentencia de Walter Benjamin que lo explica perfectamente: la intención muere por la verdad, mientras que el fragmento es aprovechado por la realidad. La práctica de la libre improvisación no te permite estructurar, solo puedes dejarte conducir por tu propia intuición, estar siempre atento y seguir haciendo sin intención alguna, ni premeditación, sin objetivos concretos y huyendo del canon estético.
Pese a que Internet ha absorbido una parte del periodismo musical, usted está realizando, en algunas publicaciones de EdictOràlia, el camino inverso, con artículos y ensayos que de Internet pasan al libro. ¿Funciona editorial y comercialmente?
La recopilación de escritos es un género literario antiguo, muy cercano al dietarismo. Reunir una serie de textos ya publicados, no importa si en papel o en la Red de Redes, es componer un texto mayor, renovado, diferente, desde la coherencia de un pensamiento, desde una temática concreta, desde una cronología de acontecimientos o desde cualquier otro pretexto o parámetro que justifique o no la elección y disposición de unos escritos. En mi caso, que, durante más de veinte años, trabajé en un periódico (de papel) y luego mis numerosas colaboraciones en libros colectivos y en diversas revistas digitales, tuve la suerte de escribir mucho sobre música, arte y literatura, también sobre otras temáticas. Todo un material de primera mano que se encontraba abandonado en las hemerotecas y repositorios digitales. De ahí que, desde hace una década, haya podido armar diversos libros (de papel) con la recopilación de mis escritos. Seguramente sea un clásico.
Siempre he estado unido al mundo de la imprenta y me gusta el contacto con el papel y la tinta, pero pensemos que el libro es más que un soporte o un formato. El libro es el libro, un concepto, e incluso un ser: el qué y el cómo son inseparables. En música, en cambio, no ha sucedido lo mismo. La música ya existía antes de la invención de los primeros soportes físicos para reproducirla. Las sonatas, las sinfonías, los conciertos, las óperas, la música de cámara, etc. ya existían cuando Edison inventa el primer fonógrafo, que apenas podía grabar y reproducir unos pocos segundos de música. Luego vinieron diversos formatos con los que poder registrar la música. En definitiva, lo que quiero expresar es que el formato de reproducción nunca fue la obra musical, mientras que el libro, desde su creación sí ha sido y sigue siendo la obra literaria.
Paco Yáñez


